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Citado de un artículo de Jenny Fraser en Society of 2000.

“Ayer ser realizó la acción de protesta contra el cambio climático (por cierto ¿se habrá enterado el cambio climático de que estamos en contra de él?). Como respiro para el planeta tengo mis dudas que fuera realmente significativo, a pesar de que en España, por ejemplo, cayó el consumo un desorbitante 2,5 %!!, pero como performance colectiva pienso que tuvo cierto interés desde un punto de vista simbólico. Pienso que eventos como éste y como otros similares que se han producido en los tiempos recientes gracias a la pasmosa velocidad de coordinación de masas que proporcionan tecnologías como Internet o SMS, hacen que no sea del todo descabellado plantearse la posibilidad de teorizar acerca de una nueva forma de (incluso) creación artística: la Mega-performance. Acciones, como la de ayer, de alto contenido simbólico, que implican a cantidades masivas de personas anónimas en su realización y que, a diferencia de las acciones de Spencer Tunnick por ejemplo, no tienen una cabeza o un referente de autoría concreto. Aunque los orígenes de la idea de las performances de este tipo se pueden atribuir de forma difusa a algún colectivo o zona geográfica en la casi totalidad de los casos no se pueden señalar a ningún individuo com el “artista” autor de la acción. ¿Pero a que esperan los postestructuralistas para escribir sobre ello?.”

En mi barrio no obstante, tengo que confesar que no pude gozar mucho de esta sensación de acción colectiva. La mayoría de los vecinos, a juzgar por sus ventanas iluminadas, no se habían enterado de nada o les traía al pairo el tema. Por eso los pocos que seguimos esta ¿protesta? en mi barrio no pudimos evitar sentir una cierta sensación de ridiculo. Enfín, todo sea por el cambio climático y el arte del siglo XXI.