Existe un antigüo y relamido debate en el entorno de arte contemporáneo que viene a planetar algo así: ¿Cuando un fotografo puede ser considerado artista y cuando un artista puede ser considerado un fotografo?.Pues bien incluyo un artícuo de Jenny Fraser en la web Society of 2000 ya que me identifico bastante con lo que ella comenta al respecto.

Me gusta hacer fotos, me encanta hacer fotos. Hace años que vengo haciendo multitud de fotografías, a duras penas recuerdo la cantidad de cámaras que han pasado por mis manos (a pesar de que a algunas de ellas nunca las olvidaré), pero todas han sido relegadas al merecido descanso después de haber hecho un uso intensivo de sus prestaciones. La pregunta de cuantas fotografías he realizado por supuesto es absurda. No obstante no me considero fotógrafa, ni siquiera fotógrafa aficionada. Es cierto que he estudiado y practicado la técnica fotográfica durante años, incluyendo los revelados químicos, el manejo de ópticas o los tratamientos digitales, y por lo general puedo mantener una conversación técnica acerca de fotografía profesional sin demasiados problemas (bueno… con algunos, pero no por motivos de desconocimiento sino por otros algo distintos aunque esto sería otra historia…), entonces ¿por qué no me considero fotografa?, pues porqué me falta lo que para mi es esencial en un fotógrafo profesional o aficionado, la mirada y la mentalidad fotográfica. Me explico, si alguna etiqueta me tuviera que colgar al respecto, esta sería la de “artista” y no porqué lo sea sino porqué mi relación con la fotografía es artística y no fotográfica. Para aclarar este pinto me gustaría exponer mi opinión acerca del asunto.
Un fotógrafo, en general, gira en torno al mundo simbólico de la fotografía, para el artista la fotografía es un medio más, incluso el medio principal pero su actitud simbólica respecto a la disciplina es bien distinta. En primer lugar un fotógrafo, incluso un fotógrafo artístico, se cuidará bastante de refinar su técnica fotográfica tanto en el encuadre como en el posterior ajuste y proceso de plasmación en soporte físico para que se adapte al tipo de discurso que quiere articular con sus fotos ya se trate de un reportaje periodístico o de una fotografía artística. Para un artista la calidad de la fotografía no tiene porqué ser determinante y se dan casos donde se utilizan polaroids, fotos desenfocadas o fotos creadas con el móvil para crear una obra, no obstante tampoco se tiene que relacionar necesariamente fotografía de pobre calidad o nulo cuidado técnico con fotografía de artista, tenemos el ejemplo claro de Jeff Wall cuyas fotografías exhiben un dominio y calidad técnica impecables pero al que la mayoría se resisten a calificar como fotógrafo. Analizar su obra es la forma más rápida de entender el porqué e incluso de entender este artículo al completo. En otras palabras, tenemos fotógrafos artistas como Sebastião Salgado y artistas fotógrafos como Jeff Wall, ambos pueden estar en un museo de arte pero lo harán con roles bien distintos. En este caso el orden de las palabras tiene un significado decisivo. Pienso que la diferencia principal (aunque estoy simplificando y generalizando por necesidad de síntesis, lógicamente) es la mirada. Un fotógrafo tiene conceptos como el encuadre, el motivo, el enfoque, la profundidad de campo ,el color o (sobretodo) la luz en primera línea de pensamiento cuando rastrea la realidad con sus ojos. Puede tener más ideas en la cabeza, incluso ideas mucho más profundas, pero en la mayoría de los casos irán subordinadas a estos primeros parámetros. En mi caso antes de disparar lo que pasan por mi cabeza son conceptos totalmente distintos y tan dispersos que ni siquiera vale la pena citar aquí algún ejemplo, y sólo después aparecen ideas como el color o el enfoque y cuando lo hacen también aparecen bajo actitudes totalmente diferentes, de ahí que a veces retrate colores y combinaciones saturadas o apagadas que serían impresentables bajo criterios puramente fotográficos o que saque imágenes desenfocadas entre otras aberraciones desde el punto de vista de un fotógrafo, en otras ocasiones por supuesto la calidad técnica podría encajar dentro de unos cánones más o menos ortodoxos.
Como era de esperar se dan casos donde esta distinción alcanza niveles de ambigüedad tan altos que cuesta decantarse por una de las dos opciones, este sería, en mi opinión, el caso de Robert Mappelthorpe por ejemplo. Pues bien bajo este contexto yo me considero una artista aficionada.”

Extraidoo de: http://www.societyof2000.org