Hace muchos años que los expertos en inteligencia artificial invierten numerosas horas de trabajo e investigación en intentar construir un dispositivo cibernético que pueda competir con la inteligencia humana. Sin embargo en sus investigaciones siempre se estrellan contra un muro que no son capaces de superar. Y es que si bien en la parte de inteligencia computacional los ordenadores no tienen ningún problema en igualar o incluso superar con creces la capacidad humana para realizar cálculos complejos,  en lo que se refiere a tomar decisiones intuitivas basadas en información difusa proporcionada por los sentidos o por las propias intuiciones, las computadoras fracasan estrepitosamente. Este fracaso se debe en gran medida a que todavía desconocemos la mayoría de misterios que envuelven al funcionamiento del cerebro que es muy distinto al funcionamiento de una CPU basada en ciclos de reloj.  Se han hecho aproximaciones con experimentos basados en redes neuronales de computación, un sistema más aproximado al que utiliza el cerebro humano, pero aún así los resultados distaban mucho de la eficiencia y complejidad de la conciencia humana. Los estudios sobre la conciencia no hacen más que alimentar las sospechas de que en la conciencia, y en las capacidades que de ella se derivan como la inteligencia, la intuición, los sentimientos o la sensibilidad artística, intervienen muchos más elementos que los puramente computacionales y que implicarían incluso fenómenos cuánticos. Así las cosas parece que la inteligencia artificial se ha encontrado con un obstáculo infranqueable para poder construir un ente que pueda imitar seriamente las capacidades humanas.

No obstante pienso que quizá el problema sea precisamente un enfoque erróneo del problema. ¿Para qué necesitamos un ordenador que tenga intuición, emoción y sentimientos cuando cualquier humano puede manejarse en estos temas mejor que el mejor de los ordenadores?, ¿Por qué en su lugar no aprovechamos lo que los chips electrónicos hacen muchísimo mejor que nosotros para mejorarnos a nosotros mismos?. Un ordenador puede realizar en segundos cálculos matemáticos que a nosotros nos llevarían semanas, pueden encontrar, casi al instante, información dentro de gigantescas bases de datos que nuestro cerebro sería  incapaz de gestionar. Así que parece que la mejor idea sería crear una entidad que aglutine e integre en un solo individuo lo mejor de los dos mundos. En ciencia ficción a este tipo de entidad se le ha llamado organismo cibernético o cyborg.

¿Para qué necesitamos un ordenador que tenga intuición, emoción y sentimientos cuando cualquier humano puede manejarse en estos temas mejor que el mejor de los ordenadores

Para los trabajos peligrosos o repetitivos se pueden utilizar robots con una inteligencia limitada pero adecuada a las tareas asignadas, mientras que para proyectos  que requieran simultáneamente la destreza humana para tomar decisiones y la capacidad de cálculo de un ordenador lo ideal sería un cyborg. Por supuesto la idea no es ni mucho menos nueva, se ha dicho que han existido cyborgs desde tiempos inmemoriales refiriéndose a los individuos que han sustituido partes de su cuerpo orgánico por prótesis mecánicas que van de la pata de palo al marcapasos electrónico. Pero no es a ese tipo de cyborg al que yo me refiero. En ese tipo de cyborg los elementos cibernéticos se utilizan para sustituir una parte del organismo original que fallaba o había sido amputada, y poder recuperar, más o menos, la misma función que esa parte desempeñaba y por lo tanto volver a estado original. El cyborg en el que estoy pensando sería uno al que no se le sustituye ninguna función sino que se le añaden nuevas funciones que van más allá de las capacidades del cuerpo orgánico original a través de nuevos órganos cibernéticos. El resultado sería un ser humano que gracias a sus prótesis electrónicas podría ver y escuchar a grandes distancias, encontrar el mejor camino hacia un destino desconocido o acceder al instante a inmensas bases de conocimiento.

Puede sonar bastante a ciencia ficción, pero en realidad observad como un individuo con un Smartphone en su bolsillo no se distancia tanto de esta conjetura. Claro está que un Smartphone a pesar de ser de dimensiones reducidas sigue siendo un elemento externo a nuestro cuerpo y con una interfaz demasiado tosca aún para realizar estas tareas con la suficiente inmediatez (incluso teniendo en cuenta los avances en multitouch). No obstante el incremento en potencia de procesamiento y micro-miniaturización de componentes que ha seguido la electrónica prácticamente desde sus inicios junto con los avances en medicina nos permiten conjeturar que tal vez no sea descabellado pensar en una integración aún más profunda de estos y otros dispositivos electrónicos en nuestro organismo biológico en un plazo razonable de tiempo. Mi teoría de hecho es que ya nos estamos empezando a convertir en cyborgs aún sin ser conscientes de ello. Paraos a pensar cuantas actividades de las que realizáis en el día a día, tanto personales como profesionales, incluyen un teléfono, un ordenador, una conexión a Internet, un GPS o cualquier otro artilugio electrónico, analizad cuanta parte de vuestra vida social corre a través del ciberespacio, mediante e-mails, SMS, facebooks, flickrs y similares, preguntaos porqué a menudo tenemos más comunicación con personas que están a cientos o miles de kilómetros que con nuestro vecino o porqué me interesa más lo que ocurre en Wall Street, en Hollywood o en Bruselas que lo que ocurre en mi vecindario y preguntaos también porqué cuando pierdo mi móvil, con toda la agenda de teléfonos incluida, parece que me hayan arrancado un trozo de mi mismo, y por último haced la prueba de imaginaros a vosotros mismos un mes entero en vuestro día a día habitual sin conectaros a Internet y sin utilizar ningún cachivache electrónico para temas que no sean estrictamente profesionales (bueno, va.. dejemos al microondas, pero ya está). Lo cierto es que cada vez más cosas que nos afectan y nos preocupan las experimentamos fuera de nuestros cuerpos físicos. Si te sientes identificado/a con alguna de las situaciones expuestas en el párrafo, quizá también tú te estás convirtiendo en un cyborg.

Cómo estamos habituados a vivir inmersos en la tecnología tal vez estas afirmaciones nos parezcan exageradas, pero para un ciudadano medio de hace apenas 50 o 60 años situaciones como las descritas le parecerían totalmente inconcebibles.

A pesar de todos los cambios socio-económicos no parece que la tendencia de la tecno dependencia vaya a cambiar en las sociedades occidentales y occidentalizadas por eso es por lo que postulo que vamos hacia una sociedad cyborg donde los individuos serán cada vez más una simbiosis entre un organismo biológico y múltiples añadidos electrónicos. La parte humana se beneficia de una extensión de sus capacidades y la parte cibernética se beneficia de un organismo creativo que continuamente está mejorando y re-inventando los dispositivos existentes. En cualquier caso, y cómo en toda buena relación simbiótica, ambos se necesitan. Incluso en los países en vía de desarrollo esta tendencia se deja notar muy poco a poco a través de la introducción de teléfonos móviles y comunicaciones vía satélite.

Las ventajas de ser un organismo cyborg disparan la fantasía. Imaginaos  que podamos acceder a toda la información de la wikipedia o a nuestra agenda de contactos con sólo pensarlo o que podamos superponer una capa de realidad aumentada sobre la imagen que captan nuestros ojos y que en dicha capa aparezcan textos que nos informen de acerca de los lugares u objetos que vemos. La computadora nos podría sugerir un restaurante cercano cuanto sintamos hambre o nos podría recomendar un descanso si nuestra presión arterial es demasiado alta. Enfín, las posibilidades son inmensas.

No obstante también existen numerosas desventajas. Al desarrollar la tecnología e integrarnos más con ella nos hacemos más independientes del medio natural original ( no tenemos porqué dormir cuando se pone el sol o pasar frío cuando nieva ) pero a su vez nos hacemos más dependientes del nuevo medio artificial que hemos hecho a nuestra medida. En una sociedad cyborg altamente desarrollada la pérdida de un satélite o la caída de Internet pueden suponer una catástrofe de la misma magnitud que un gran apagón eléctrico en una gran ciudad del mundo actual, sin embargo todas estas situaciones no preocuparían lo más mínimo a una sociedad humana de hace 200 años, por la sencilla razón de que ni siquiera se podían concebir.

De cualquier forma pienso que los primeros pasos hacia una sociedad cyborg ya están dados y ,salvo que ocurra un Armagedón que lo impida, esta tendencia será imparable.