Como en el caso de muchos, yo también tengo un padre que es una persona inmensa a la que amo, respeto y admiro más allá de cualquier límite racional. Pero el buen Diós tuvo a bien obsequiarme con un segundo padre, mi padre 2.0 que, al igual que el primero, fue también un maestro y un guía magnifico y magnificador. Cómo los buenos maestros era breve en palabras y pródigo en ejemplo y cómo los mejores maestros era con su silencio y con su presencia cómo más y mejores lecciones impartía. Tan lleno estaba de virtudes y buenas cualidades que se me olvidó que también era un ser humano y por tanto no inmune a la enfermedad y a la muerte.

La semana pasada nos dejó su cuerpo físico, y no por esperado su fallecimiento ha supuesto menos dolor en mi corazón. La maldita enfermedad venció esta vez la batalla después de haber fracasado otras tantas veces contra este hombre integro que tanta adversidades había superado sin estridencias y con una tranquila sonrisa en los labios.

Fue tanta su generosidad que es imposible mirar a ningún rincón o rememorar ningún hecho sin que esté presente su recuerdo y el de sus enseñanzas de hombre sabio. Por supuesto nos queda su legado, su ejemplo, su cariño y tantísimas cosas buenas que ha dejado que resulta muy dificil hacerse a la idea de no volverlo a ver pasando por la puerta con su sonrisa que iluminaba el cielo.

El dolor es casi tan fuerte como la alegría de haberte conocido y haber sido tu hijo 2.0. Descansa en paz que nadie más que tú se lo ha merecido. Da por seguro que los que aquí quedamos lucharemos para desarrollar tu legado y lo mucho que aún queda vivo de tí en este mundo.