Aviso que este post no pretende ser políticamente correcto.

Uno de los síntomas que le recuerdan a uno que se está haciendo mayor es cuando te sorprendes a ti mismo relatando “Yo recuerdo que en mi época…” y cuando empiezas a adivinar patrones pasados en acontecimientos actuales. Ya soy lo suficientemente viejo cómo para haber vivido varias “revoluciones digitales”, la primera  a la que asistí fue la de la autoedición y pre-impresión digital, más adelante le siguieron otras como la de la realidad virtual (que quedó en aguas de borrajas, a menos bajo el concepto que se nos vendía entonces), la del CD ROM multimedia, la de Internet y el diseño web (con todas sus sub-revoluciones ) y por supuesto, ahora con las redes sociales.

En todas las revoluciones pasadas he detectado, sin excepción, un mismo patrón que se repite constantemente y que se compone de varios factores a saber.

· La aparición de expertos de debajo de las piedras. Siempre me ha fascinado la velocidad con la que aparecen expertos en disciplinas que son tan nuevas que por lógica no deberían tener un número elevado de ellos. Es cierto que dichas disciplinas tienen expertos con solera pero son los menos, la mayoría de presuntos expertos acaban siendo charlatanes (bienintencionados algunos incluso) pero que al final sólo aportan ruido blanco al tema en sí. Una forma eficaz de descubrir a dichos pseudo-expertos es observar su discurso y comprobar cómo se llena de lugares comunes, repeticiones de lecciones oídas (las más de las veces sin criterio y sin análisis posterior) y, en ocasiones, los típicos disparates técnicos que pasan desapercibidos a la mayoría pero que son cazados al vuelo por lo más “nerds”.

· El fenómeno que, a falta de un término mejor, yo denomino “papanatismo digital” y que recibe su nombre de la cantidad de papanatas que aparecen en masa a hacerles los coros a los expertos del primer punto (tanto a los auténticos como a los impostados) y que se distingue por la especial visceralidad con la que defienden los argumentos de sus gurús preferidos independientemente de la verosimilitud de estos. Cuando el tiempo acaba desmintiendo dichos argumentos y demuestra que la mayoría de ellos estaban totalmente errados, esto no parece importarles lo más mínimo a los papanatas que demuestran tener una facilidad tremenda para hacer “tabula rasa” y  en seguida vuelven a estar preparados para apuntarse al siguiente desvarío de su ídolo predilecto. Al principio, en la época pre-internet, eran la ferias tecnológicas, los eventos y las secciones de correo de las revistas especializadas la principal plataforma de lanzamiento de los papanatas. Más tarde, ya en la era internet, fueron los foros (cuya naturaleza propició que el número de papanatas se disparara de forma exponencial) y ahora, claro está, la web social donde el número de papanatas tiende a infinito.

 

· Excesos de análisis a toro pasado de lo que está ocurriendo. Casi todo el mundo se siente con capacidad de argumentar los “porqués” de todo lo que está sucediendo, a veces proponiendo teorías estrafalarias y otras intentando hacer pasar lo obvio como un descubrimiento crucial, cuando lo cierto es que nadie era capaz de predecir casi nada apenas unos meses antes. De la misma forma abundan los profetas y agoreros de futuras tendencias que, generalmente y salvo honrosas excepciones, sólo aciertan cuando afirman que nadie sabe que deparará el futuro de la era digital.

 

· Y por último, un factor que para mí es definitivo, y es que de todos aquellos temas que se debatieron, de todas aquellas teorías que se plantearon, de todas las discusiones encendidas de que se habló y en definitiva de la información que se utilizaba, el 90% acabó demostrando no servir para nada. Un raquítico 10% de la información y conocimiento compartido demostró seguir siendo útil para la siguiente etapa, pero el resto …pluf!! …nada, puro humo conceptual.

 

Pienso que hay suficientes indicios  para pensar que esta vez tampoco va a ser una excepción y el patrón vuelve a repetirse, lo cual puede ser una buena noticia. Por ejemplo, no te agobies ni te preocupes si eres absolutamente incapaz de gestionar y digerir toda la información que te asalta desde blogs, twitts, rss y demás acerca de la nueva revolución digital, pues muy probablemente el 90% de  esa información será totalmente prescindible en unos años o meses y únicamente tengas que preocuparte de un escaso 10% de información que sí sea útil. Lógicamente el secreto está en descubrir la información buena y tener la suficiente habilidad para separarla de la que no lo es. No siempre es fácil, lo reconozco, pero para facilitarte la tarea aquí te dejo un pista en forma de enlace a un artículo de David Soler que pienso también toca parte esencial de la cuestión.