BramantyaArdhy Indonesia

Lo seres humanos somos animales sociales, nos necesitamos los unos a los otros para llevar una vida plena, necesitamos sentir que formamos parte de un mismo un grupo, eso nos da seguridad y sosiego. Por eso las personas suelen unirse para formar grupos sociales con los que comparten afinidades que refuerzan su sentimiento de pertenencia. Historicamente esos lazos fraternales han tejido sus raíces en los orígenes de la familia y la “tribu” en los que uno había nacido. Partiendo de las tribus se crearon las naciones, las patrias cuyos individuos compartían aspectos etnográfico. En paralelo las religiones, las lenguas y otros elementos culturales han ido dando paso a estructuras de identidad cada vez más complejas hasta llegar a las sociedades actuales donde las relaciones de pertenencia llegan a formar estructuras muy imbricadas. Por eso actualmente aparte de los grupos clásicos de Estado-Nación, raza, cultura o religión podemos encontrar otros grupos de afinidad entre humanos como pueden ser la afición por un mismo equipo de fútbol o por una misma afición.

Éste último caso me llama bastante la atención porque es una consecuencia bastante directa de la globalización que han propiciado los avances tecnológicos sobretodo en el ámbito de la comunicación. Personas de distintos entornos culturales y sociales encuentran un nexo común en el que compartir experiencias y relacionarse en un terreno trans-nacional, trans-religioso y trans-cultural. Este fenómeno se da en múltiples disciplinas sociales como el deporte, la ciencia, la política o el arte.

De este último es del que quería hablar pues es el que mejor conozco por moverme en él prácticamente a diario, concretamente en el mundo artístico de los creadores en el terreno del dibujo, la ilustración, el diseño gráfico, la música, las tendencias y el arte audiovisual en general. Existen redes sociales como Behance, pero también Instagram o Flickr que funcionan como punto de encuentro de creativos de todo el mundo que comparte su pasión por el mundo de la creación. La magia de vivir en primera persona el hechizo que provoca el arte en el alma de los creadores es vivida de forma fraternal entre habitantes de países tan distantes y distintos como Japón, Irán, Irlanda, México, Australia, Malasia o EE.UU por poner sólo un ejemplo.

Aunque todos los artistas, como humanos que somos, participamos en mayor o menor medida, de los prejuicios de nuestras respectivas sociedades, lo cierto es que también se produce una extraña fraternidad entre aquellos que vivimos y sentimos la magia del arte que parece difuminar nuestras diferencias culturales y permite encontrarnos en un lugar luminoso donde no nos reconocemos como extraños. De alguna manera, cuando nos comentamos nuestros trabajos y cuando admiramos nuestras obras nos parece reconocer a parte de nosotros mismos en el proyecto de otro.

No sólo aprendemos los unos de los otros y nos inspiramos entre nosotros sino que también sentimos el milagro de albergar un sentimiento atávico y superior que traspasa fronteras y culturas. Es como si el arte fuera un lenguaje previo al propio lenguaje hablado que nos permite reconocernos como pertenecientes a una misma “tribu” multi-cultural que habla un mismo idioma aunque se trate de un idioma sin palabras, poblado únicamente por colores, formas y sonidos que son reconocibles por una parte más profunda de nosotros mismos. En ese sentido creo las redes sociales han contribuido ha solidificar el sentimiento de pertenencia entre artistas. Es como si todos perteneciéramos a la misma nación, a la nación Arte

Es por eso por lo que muchas veces me siento más identificado con personas de Singapur, de Brasil o de Bulgaria que con muchos de mis vecinos con lo que apenas comparto, acaso, lengua y nacionalidad.

¿A vosotros os ha pasado?

Nota: He ilustrado este post con imágenes de artistas de diferentes países y culturas que comparten sus trabajos en las redes sociales.

Parastoo Toraji, Irán

Rupy de Tequila México/Alemania

dlo168 Canadá

Jaypee Inglaterra

Xavi Ramiro España