Los que me conocen saben de mi afición por el vídeo arte. Me entusiasma el arte en general y ek vídeo arte en especial. A diferencia del cine tradicional donde, salvo excepciones, lo más importante es la narración, en el vídeo arte se apuesta por la experimentación, se intenta sacar el jugo simbólico y poético de loes elementos que intervienen en un fragmento de vídeo ya sea a nivel tecnológico como estructural.

En el cine o la ficción de vídeo comercial, el tiempo es uno de los elementos que forman parte del lenguaje de este medio y se utiliza como vía para contar una historia. En muchas piezas de video arte se reflexiona acerca del tiempo como recursos diferencial de este tipo de expresión artística y se le intenta sacar jugo de form a que el espectador pueda llegar a reflexionar acerca de esta dimensión que no está tan claramente presente en otras artes plásticas.

Dentro del extenso catálogo de obras de vídeo arte que nos ofrece el arte contemporáneo me llaman la atención cuatro piezas que considero especialmente interesantes precisamente en lo que se refiere a este tratamiento singular del elemento del tiempo. Paso a comentarlas brevemente.

 

Empire. AndyWarhol 1964.

.

.

Aunque no se puede considerar estrictamente una obra de vídeo arte, ya que se trata de una película de cine, lo cierto es que Andy Warhol crea una obra totalmente experimental con esta pieza. Rompe totalmente la estructura habitual de las historias de cine de planteamiento-nudo-desenlace, pues se trata de una pieza de unas 8 horas de duración con un único plano secuencia de un encuadre general del rascacielos Empire State Building de Nueva York. Desde luego no se trata de una película para ver de principio a fin en un sólo visionado, ni siquiera en varios, no es una película que tenga la pretensión de que nadie la vea entera. Su valor y su interés radica precisamente en esa cualidad de anti-cine que invita a reflexionar sobre la realidad del paso del tiempo, como este está totalmente ligado al contexto y como se manipula en el cine comercial para vendernos una fantasía que poco tiene que ver con como se despliega esta dimensión en el mundo real. En este pot reproducimos un fragmento de la película de unos 10 minutos.

 

.

24 hour psycho Douglas Gordon 1993

.

.

En esta obra de Douglas Gordon se pasa la película Psicosis de Alfred Hitchcock a cámara lenta hasta estirar su duración a 24 horas. Si el ejemplo anterior no estaba pensado para visionarla al completo, esta todavía menos. De hecho el interés principal de 24 hours psycho (una de mis obras de video arte preferidas) reside en la exageración hiperbólica de su duración. Demuestra que simplemente basta alterar la variable del tiempo para desmontar totalmente el significado de una narración audiovisual ya que la historia que se narra es exactamente la misma que el film original pero ésta deviene totalmente inutil por la transformación de la velocidad de reproducción. Otro punto interesante desde el punto de vista tecnológico es que esta obra, al contrario del ejemplo anterior, solamente es posible realizarla en vídeo y no en cine, esto se debe a que la ilusión de movimiento en el cine se basa en el desplazamiento espacial de una tira de celuloide. Reducir la velocidad de movimiento de la tira de celuloide habría hecho evidente el truco ya que la mayor parte del tiempo estaríamos viendo el carrete de película en un punto intermedio pasando de un fotograma al siguiente. Reduciendo la velocidad de un cabezal de vídeo (o el framerate de una versión digital actualmente) conseguimos ver todos los fotogramas completos sólo que a menos velocidad tal y como era la intención original. Este hecho sirve para subrayar como el medio que se elige determina, de algún modo, el tipo de mensaje que se lanza. En el post mostramos un fragmento de la obra completa.

.

 

One Year Performance,Tehching Hsieh 1980–1981

.

.

Esta obra puede considerarse tanto una obra de video arte como una obra de performance, y es que el autor Tenching Hsieh se dedicó a fotografiarse durante un año entero pulsando un reloj de fichar cada hora durante 365 dias. Al principio de la performance el artista se rapó al cero la cabeza para evidenciar el paso del tiempo mientras su cabello crecía y dejar claro que no había ningún truco de por medio. La realización de la pieza fue realmente extenuante, ¿Os imagináis un año entero pendiente de fotografiarse cada hora con el reloj incluidas las horas de sueño por la noche? El propio Tehching reconoce lo duro de esta performance y en el vídeo de 6 min aproximadamente, resultante de unir todas las fotografías puede comprobarse el gesto de agotamiento y enajenación en su rostro conforme llegamos al final. Sin duda se trata de una demostración impresionante de como se puede jugar y manipular el paso del tiempo. Es una obra que no deja indiferente y que invita largamente a la reflexión tras su visionado pues es inevitable preguntarse por todo lo que pasó por la mente de Techcing durante los escaso seis minutos que dura el vídeo.

Cuando la obra se exhibe en museos el vídeo suele estar acompañado de las fotografías y las tarjetas de fichar que utilizó el artista para dejar constancia de su acción.

 

The Clock, Christian Marclay 2010

.

.

Otra obra fascinante de vídeo arte. En esta ocasión estamos de nuevo ante una obra de 24 horas de duración. La singularidad de esta obra de vídeo collage es que cada uno de los instantes que aparecen en la película están sacados de escenas del cine comercial y representan exactamente minuto a minuto que hora es en ese momento pues gran parte de los fotogramas que se muestran son relojes. Así que si se sincroniza el inicio de la proyección con la hora del reloj que sea en ese momento, podremos comprobar que la hora del día que muestra nuestro reloj de pulsera es exactamente el mismo que muestra la pieza.

Para su realización el artista invirtió varios años en los que un grupo de colaboradores trabajaban varias horas al día visionando montones de películas y seleccionando para él aquellas secuencias en las que aparecían relojes marcando cualquier hora del día. A partir de ahí, Christian seleccionó los fragmentos deseados y trabajó a fondo en la edición del trabajo final.

Por un lado esta obra suscita un debate acerca de la propiedad intelectual y los derechos de autor ¿hasta que punto un collage sea de imagen o de vídeo, es una obra original y hasta que punto es re-apropación de la creación de otros? Personalmente pienso que si bien el autor se adueña de películas hechas por otros, la narración que cuenta es radicalmente distinta, por lo tanto estaríamos hablando en todo caso de una re-apropiación parcial o incompleta. Pero en mi opinión lo realmente fascinante de esta pieza es la manipulación que se hace del tiempo hasta diluir completamente la diferencia entre el tiempo real y el tiempo ficticio de la narración cinematográfica. En el post reproducimos un fragmento de la obra completa.