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Al principio de mi carrera profesional trabajé en soporte técnico dentro del ámbito de la informática empresarial, tarea de la que nunca me he desligado del todo. Recuerdo como en aquella época los técnicos aprendíamos a desarrollar nuestro propio kit de supervivencia para poder mantenernos a flote en aquel panorama inhóspito rodeado de clientes cuyo nivel de exigencia sólo rivalizaba con su profunda ignorancia acerca de las tecnologías de la información.

Uno de los útiles más poderosos de ese kit de supervivencia eran los mantras, que explotaban dicha ignorancia a favor del técnico de turno. El catálogo de mantras era extenso y variado “Reinicie el ordenador”, “Esto es muy raro”, “Es normal que pase de vez en cuando”, “Formatee el disco duro”, pero sin duda, el más poderoso de todos era ese mantra que decía “no se puede“. Y es que era muy habitual que los clientes o los propios agentes comerciales de la empresa, pidieran cosas totalmente trasnochadas o completamente imposibles desde el punto de vista tecnológico apoyados en la osadía que les daba su completo desconocimiento de la materia. Ante eso, la mejor defensa del técnico antes de que las cosas llegaran demasiado lejos, era cortar la conversación por lo sano con un rotundo NO SE PUEDE.

Muchas veces, efectivamente no se podía o el precio para hacerlo posible era inaceptable, pero poco a poco los técnicos le fuimos cogiendo gusto a la frase mágica y empezamos a emplearla también para casos que, no siendo estrictamente imposibles, sí eran extremadamente complejos de llevar a cabo. De ahí pasamos a utilizar el mantra simplemente para quitarnos de encima tareas que nos eran molestas y luego ya la cosa degeneró y muchas veces se invocaba la frase incluso antes de que el peticionario abriera la boca, como un sinónimo del “no me molestes”.  Pasó de ser un útil de supervivencia a una “commodittie”

Pero, cómo era de esperar, los clientes y los comerciales pronto se dieron cuenta de la trampa, sobretodo cuando veían que cosas que previamente eran “imposibles” acababan siendo perfectamente viables cuando se ejercía la suficiente presión. Así que, poco a poco empezaron a no aceptar un “no se puede” como respuesta. Y es aquí donde surge el problema, pues la ignorancia del medio informático por parte de los no técnicos seguía siendo exactamente la misma pero ahora su arrogancia era muchísimo mayor. Podían pedir una nimiedad o podían exigir una obra faraónica o reclamar directamente la realización de un proyecto de ciencia ficción en unos plazos de tiempo estrafalarios, y ante la lógica respuesta del NO SE PUEDE soltaban una sonrisa picarona y decían “Venga!, seguro que tú puedes, lo quiero listo para mañana por la mañana”. Da igual que pidieran guardar todas las fotografías de alta resolución del archivo de la empresa en un floppy disk de 1,4 MB, enviar un e-mail sin conexión a Internet o recuperar la información de un disco duro aplastado por una apisonadora, siempre daban por hecho que tu respuesta de “no se puede” no era más que un intento de escaquearte.

Evidentemente que no todos los técnicos eramos unos jetas. La mayoría de nosotros eramos honrados y cuando decíamos “No se puede” era porque verdaderamente era imposible o tan costoso que no valía la pena ni considerarlo. Pero el mal ya estaba hecho, habíamos pagado justo por pecadores y los técnicos caraduras nos habían condenado a todos.   Por aquellos entonces cuando intentabas razonar y explicar porque no era factible lo que te pedían, solían soltar el contramantra  “Pues en tal o cual sitio lo han hecho” que fuera verdad o no era lo de menos, lo importante era meter presión y lanzarle el mensaje al experto “no me chupo el dedo no intentes escaquearte“.

Y así hasta el día de hoy. Imaginaos,.. si ya era difícil sobrevivir en aquel ambiente ahora con la nube, el avance en las comunicaciones y un montón de gurús pregonando a los cuatro vientos que “todo es posible”  la vida de técnico se ha hecho más inhóspita que nunca.

¡Qué paséis un buen día!😉

Imagen: Creative Commons, Cliff Cooper