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Cuando era pequeño mis abuelos me contaban historias de fantasmas, espíritus y otros seres que, al igual que nosotros, habitaban también en este mundo pero en una especie de existencia paralela a la que no se podía acceder directamente con los sentidos habituales sino que había que desarrollar algunas habilidades extraordinarias para, digamos, “sintonizar” con ellos y poder así captarlos. Luego con la llegada de la adolescencia y la entrada de la edad adulta fui adoctrinado, como todos, en el escepticismo racionalista propio de las sociedades occidentales y, no sin gran decepción y pesar por mi parte, descubrí que todo aquello no eran más que patrañas. No podía entender que el mundo fuera tan aburrido sin todas esas criaturas sobrenaturales conviviendo con nosotros, pero las pruebas científicas eran irrefutables, o al menos así nos lo enseñaban, y la conclusión era tajante, no existía más que lo que podías ver con tus ojos los espíritus y demás seres no eran más que leyendas fruto de la imaginación.

No obstante conforme me ido adentrando en la edad adulta se ha ido cerrando el círculo y mis propias experiencias personales me han ido demostrando de forma frecuente que realmente mis abuelos quizá no estuvieran tan errados cuando afirmaban la existencia de todos aquellos entes sobrenaturales, y que, al fin al cabo la explicación científico-racionalista adolece, por lo menos, de tantos flecos como la vía de los mitos y las leyendas.

Mi constante investigación y curiosidad me han hecho llegar a la conclusión de que realmente hay mucho más alrededor nuestro de lo que nos han contado en la escuela y de lo que podemos captar directamente. La propia ciencia ha sido una de las plataformas que me han entregado evidencias en ese sentido y la propia ciencia es la que reconoce que hay temas en los que sencillamente hoy día no puede dar respuesta. Por otro lado son muchas las evidencias que nos hacen preguntarnos si realmente no hay mucho más de lo que los ojos ven y Pokemon Go es la penúltima razón que nos induce a pensar que efectivamente hay algo más…aún cuando sólo sea desde un punto de vista metafórico.

Pokemon Go no es ni mucho menos la primera aplicación que hace un uso extensivo de la tecnología de realidad aumentada ni es el primer intento de crear realidades paralelas, pero si es la primera iniciativa que ha sabido convertir en un fenómeno social altamente extendido  la integración de ambos mundos. En dicha aplicación la existencia del mundo virtual de los pokemons es totalmente paralelo al mundo físico en una escala de 1 a 1. Literalmente accedemos a una nueva realidad que se despliega en el mismo territorio físico pero que únicamente se “sintoniza” a través de la pantalla del dispositivo móvil. Pensémoslo, el “talismán” del smartphone es la ventana que nos permite asomarnos a ese mundo mágico donde suceden cosas -en los mismos lugares en los que paseamos y hacemos nuestra vida- pero que pasan desapercibidas a los que son ajenos a este club de “entrenadores”.

Para nuestros antepasados, este fenómeno sería totalmente indistinguible de la magia pura. Para ellos los jugadores de pokemon go serían muy similares a los chamanes que eran capaces de ver espíritus y seres etéreos en medio del paisaje donde nosotros tan sólo vemos un árbol. Sería inútil intentar convencerlos de que la tecnología que hay detrás no tiene nada de sobrenatural, para ellos no existiría mucha diferencia entre ver pokemons y ver fantasmas. Los pokemons están entre nosotros, puedes tener uno de ellos saltando o revolotoeando muy cerca de donde estás ahora mismo sólo que necesitas del “sintonizador” adecuado para poder “captarlo” que en este caso es el smartphone.

Y..claro, entonces es inevitable que uno se haga la pregunta; ¿Y si… al igual que ocurre con el mundo invisible de los Pokemons, no existirán uno o varios mundos paralelos superpuestos es un loco palimpsesto, poblados igualmente por multitud de criaturas, a los que simplemente no podemos acceder por carecer del interfaz adecuado? Personalmente estoy convencido de que así es, pero mientras tanto simplemente cabe esperar que surjan multitud de aplicaciones que, sin duda, copiarán el paradigma de Pokemon go y que poblarán nuestra realidad física de multitud de capas virtuales superpuestas a las que simplemente tendremos que acceder “sintonizando” con la app adecuada.