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Todos nosotros somos manipulables. Todos, no conozco ninguna excepción. Quizá no todos lo seamos en la misma medida pero el caso es que cada día somos manipulados por múltiples agentes; los medios de comunicación, la sociedad, los compañeros de trabajo o estudio, la familia e incluso por nosotros mismos.

No es nada nuevo, la voluntad de manipular y la capacidad de ser manipulado es tan antigua como el ser humano. La novedad en esta ocasión es que las tecnologías digitales unidas a la cultura publicitaria nacida en el siglo XX ha hecho que los niveles de manipulación a los que se ha llegado llegan a rozar niveles de paroxismo.

A casi nadie le gusta reconocer que es manipulado, quizá sea por el reconocimiento que ello lleva implícito de pérdida de voluntad individual y falta de control sobre nuestra propio yo que tanto nos asusta. Pero el caso es que todo el mundo manipula a todo el mundo. Manipulan las empresas comerciales a través de la publicidad para vender sus productos, manipulan las instituciones políticas a través de la propaganda, manipulan los empresarios, directores y líderes de equipo de trabajo a través de la autoridad que se les concede, manipulan las familias a través de los lazos emocionales que hay establecidos. Pero no olvidemos que en ese juego todos somos víctimas y verdugos. No hay ningún manipulado que no haya actuado a su vez como agente manipulador. Sí, tú también amigo/a lector/a, quizá no lo hayas hecho utilizando la elaborada maquinaria de marketing de una empresa, quizá ni siquiera lo hayas llegado a hacer de forma totalmente consciente, pero que no te quepa duda de que nadie se escapa del impulso de manipular voluntades ajenas en beneficio de la propia o de la de alguien que a su vez nos está manipulando a nosotros.

Pienso que dentro de este contexto el reto no es pretender no ser manipulado por nadie, ya que esto no tendría mucho sentido, sino intentar ser consciente del momento y del modo en el que estamos siendo manipulados. Esto no siempre va a ser posible desde luego, y tampoco el  hecho de ser conscientes nos garantiza que sea posible zafarse de dicha manipulación, pero al menos contribuye a elevar la confianza en nosotros mismos y otorga cierta sensación de libertad, pues en el instante en que eres plenamente consciente de estar siendo manipulado, puedes elegir entre seguir la corriente o hacer otra cosa. Como digo, no siempre es posible zafarse de ser manipulado (cómo cuando un superior nos presiona para que actuemos de tal o cual manera delante de un cliente específico bajo amenaza de perder el empleo) a veces ni siquiera es deseable (como cuándo estamos encantados y felices por comprar aquel producto que no necesitamos aún sabiendo que no lo haríamos si no hubiéramos visto tal spot publicitario) pero en muchas ocasiones sí.

Desafortunadamente las técnicas de marketing y manipulación social han llegado a tal punto de sofisticación que esta tarea se convierte cada vez más en una heroicidad. No hace falta más que entrar un día cualquiera a las redes sociales para ver hasta que punto la opinión de una cantidad muy importante de la población se moldea con la facilidad de la plastilina. Ni siquiera es necesario presentar argumentos, de hecho es hasta contraproducente, basta con colocar de forma acertada la soflama de turno, mientras más histriónica mejor, y tendrás a un montón de gente diciendo lo que quieres oir.

Una vez más esto no es nuevo, se viene practicando desde hace siglos, pero insisto; las nuevas tecnologías han refinado la forma de adivinar las reacciones del individuo (y por lo tanto predecir su respuesta) hasta un nivel que realmente asusta.

En los últimos años he tenido la oportunidad de estudiar de cerca las herramientas de digital marketing que la compañía en la que trabajo comercializa en el mercado. Es literalmente, inquietante comprobar como a un algoritmo le bastan unos segundos de interacción con un usuario para adivinar con un margen de error ridículo el perfil de población al que pertenece esa persona y predecir que información le debe ser presentada delante de sus ojos para provocar la acción deseada por el dueño de la web. El nivel de efectividad es tan asombroso que es casi imposible no sentir escalofríos cuando observas como funciona.

Así que si estas mismas tecnologías se aplican desde las instituciones (y no os quepa duda de que se aplican), no es de es extrañar que la población pueda ser moldeada a imagen del poder que en ese momento haya jugado mejor sus cartas.

Lo más trágico de este asunto es que este tipo de manipulación también se ejerce desde organizaciones criminales para detectar en las redes sociales a los individuos más débiles y que, por tanto, pueden ser re-programados con mayor facilidad en base a un adoctrinamiento escrupulosamente diseñado para obtener el “autómata-humano” que se comporte como se espera hasta el punto de llegar a cometer atrocidades.

Insisto, nadie estamos libres de ser víctimas de este u otros tipos de manipulación digital. Si esto es algo que no te gusta, estas son algunas medidas que puedes tomar para intentar minimizar el impacto de dicha manipulación.

  • Primero deberías ser capaz de darte cuenta de que estás siendo manipulado y segundo tener suficiente honestidad con uno mismo para ver si esto te importa o no. Cuando adquieres algún producto nunca está de más preguntarse que es lo que te ha impulsado a adquirirlo, ¿realmente lo deseas o  lo necesitas o simplemente estás obedeciendo un impulso espontáneo? Si es el segundo caso, rastrea de donde surge ese impulso interno, la mayoría de las veces descubrirás una fuente de seducción, persuasión o manipulación. Esto no es necesariamente malo, pero deberías decidir si te apetece seguir los dictados del publicista o comercial que ha diseñado ese mensaje de seducción para ti.
  • Se totalmente crítico contigo mismo/a y no caigas en el auto-engaño. Tendemos a buscar razones hasta debajo de las piedras para justificar nuestros impulsos y opiniones. Aprende a reconocer cuando un comportamiento u opinión propia es fruto de la reflexión o del impulso visceral causado por algún tipo de manipulación. Esto no quiere decir que no debas compartir las opiniones de otros o seguir sus consejos, pero analiza si realmente estás de acuerdo o te has dejado engatusar por un mensaje que dice lo que querías oir.
  • Cuando te llegue un mensaje que te “resuene” ya sea a través de su lectura o a través de algún medio audiovisual, acostúmbrate a no aceptarlo de buenas primeras y a tamizarlo. Primero intentando comprobar su veracidad en el caso de una noticia y a través de tu propio espíritu crítico cuando se trate de una opinión. También es bueno “ponerse en la piel del otro” en intentar comprender porque a alguien completamente distinto a tu forma de pensar podría estar o no de acuerdo con esa opinión. A veces damos por buena una opinión no porque estemos de acuerdo con ella, sino porque el personaje que hemos inventado de nosotros mismos “debería” estar de acuerdo con ella. Eso ocurre cuando aceptamos a pies juntillas lo que dice el típico “formador/a de opinión” con el que normalmente estamos de acuerdo, tendemos a aceptar como bueno todo lo que sale de su boca. No lo hagas, que hayamos estado de acuerdo con él/ella un 1000.000 de veces no quiere decir que lo estemos la 1000.001. Antes de aceptar cualquier mensaje acostúmbrate a darle un par de vueltas en la sartén.
  • Comprueba si lo que piensas acerca de un tema es lo mismo que piensa la mayoría de individuos de tu grupo de influencia sobretodo si se trata de una idea o un mensaje nuevo que ha calado de forma rápida. La experiencia me dice que cuando esto es así hay una gran probabilidad de que en dicho mensaje haya un grado más o menos evidente de intención de manipulación por parte de alguien. Por supuesto esto no tiene porque ser siempre así, pero insisto, no des nada por hecho ni siquiera lo que parece más obvio.
  • Acostúmbrate a ejercer la trazabilidad de un mensaje, es decir es buscar su origen hacia atrás hasta llegar al punto donde con más probabilidad se gestó. Te sorprenderá la cantidad de ocasiones en la que el origen de ese mensaje o idea no es el que esperas o es incluso contradictorio con lo que se supone que expresa.

Enfín, como pedirte que hicieras caso a las recomendaciones de este artículo sería una contradicción en si misma, te pido que no te dejes manipular por él, que lo tomes como consideres conveniente y eso sí, espero que al menos lo hayas disfrutado.😉

Imagen por: Typhanie en Morguefile