manoconLapiz

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Para muchos artistas uno de los momentos de mayor tensión es enfrentarse a la página en blanco que representa el vacío, la nada. Ante nosotros no tenemos nada y de nuestro lápiz tenemos que sacar lo que sea. No obstante cuando hablamos de la “página en blanco” como siempre que nos referimos a cualquier término utilizado para representar a la “nada” , estamos hablando en términos relativos, en realidad la página en blanco no está tan en blanco como parece, incluso el papel más limpio y satinado puede mostrar irregularidades que pueden hacerse evidentes ante el reflejo de la luz, ya no hablemos si se trata de un papel reciclado, cuadriculado o re-utilizado como un papel de servilleta o la antigua hoja de un dietario, en esos papeles hay un montón de elementos gráficos incluso antes de realizar el primer trazo .

En realidad cuando hablamos de la página en blanco nos estamos refiriendo a que no hay “nada” respecto al estado anterior de la página, esa nada es una convención como lo son la mayoría de ideas que se utilizan en para expresar el concepto de “nada” ya que la “nada” absoluta es muy difícil de encontrar en el universo y casi imposible en la Tierra. Así que artificialmente nos imponemos un límite a partir de lo que ya hay en la página y situamos ahí un hipotético punto 0. Con esta decisión muchas veces lo que conseguimos es auto-infligirnos una tensión que en ocasiones puede minar la creatividad.

Por eso a mí me encanta dibujar sobre papel utilizado, si hay algo escrito o dibujado previamente mejor. De alguna manera la historia que está por contar se mezcla con los rastros de la historia ya contada previamente en un mágico palimpsesto que enriquece la obra final. Cuando empiezas un dibujo sobre algo ya impreso de alguna forma lo que vas a hacer ha de rendir homenaje a lo que ya hay en el papel aunque solamente sean manchas o trazos sin sentido y este hecho generalmente ayuda a la creatividad a dar ese gran salto al vació que se ejecuta cada vez que te asoma a una nueva hoja de papel.