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Photoshop es una de esas aplicaciones que por mucho que la conozcas no deja de esconder secretos. Por muchas horas que le hayas dedicado siempre es posible encontrar nuevas técnicas que te permitan conseguir ese resultado que estabas esperando o, todavía mejor, conseguir imágenes que jamás habrías imaginado que saldrían de tu ordenador.

Es por eso que se agradece que existan personas que compartan su sabiduría y profesionalidad en el manejo de esta herramienta con todos nosotros. Por fortuna no son pocos los que tienen la generosidad de hacernos llegar las técnicas que les ha costado tanto aprender y que ponen a nuestra disposición permitiéndonos ahorrar un tiempo precioso de investigación o sencillamente descubriéndonos métodos que ni imaginábamos que existían.

Una de las figuras que lleva años realizando esta labor es Pedro J. Sánchez de Tripiyon Tutoriales.

Con una dilatada experiencia en el uso de Photoshop que se remonta a 1997, Pedro pone a nuestra disposición más de 100 tutoriales para sacar el máximo rendimiento a nuestra herramienta favorita. Desde como crear un efecto vintage en nuestras fotografías hasta elaborar una animación con efecto Parallax, pasando por uno de mis favoritos, cómo fusionar dos retratos en uno.

Creo necesario reconocer la labor de este artista creativo. Sirva este post de pequeño homenaje a su importante labor que tantas satisfacciones nos ha dado y tantas horas de trabajo nos ha ahorrado a los entusiasta de Photoshop.

Aún no te has suscrito a su canal de Youtube? pues si te interesa profundizar tu conocimiento de Photoshop Ya estás tardando!

¿El fin de las pantallas? ..no lo creo.

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En este artículo la ingeniera de Microsoft Dona Sarkar predice el fin de las pantallas y la vuelta a un interface 3D donde toda la interacción con el resto de usuarios se realizará sin renunciar a la tercera dimensión. Comenta que la típica estampa de personas mirando a sus pantallitas desaparecerá de nuestra escena diaria y será sustituida por un espacio virtual dónde, aún no se sabe muy bien como, se nos podrá ver gesticulando dentro de un espacio 3D holográfico . En otras palabras sentencia el fin de las pantallas (llega a afirmar “voy a a quitar las pantallas de sus vidas“) como si éstas hubieran sido un mal necesario debido a una tecnología arcaica que nos obligaba a renunciar a la tercera dimensión.

Dejando a un lado el hecho de que ciertamente las escenas de hileras enteras de personas inclinadas hacia las pantallas de sus dispositivos móviles no deja de ser inquietante y estando de acuerdo de que los avances en 3D e imagen holgráficas pueden tener multitud de aplicaciones, en lo que no concuerdo para nada es la obsolescencia de las pantallas como concepto ni en su desaparición.

Si bien podemos llegar a la conclusión de que para algunas aplicaciones la pantalla puede ser sustituida por otro dispositivo que permita un uso más ventajoso (las conversaciones con avatares 3d de nuestros interlocutores para establecer un ambiente de discusión más enriquecido podría ser un ejemplo), en otras ocasiones  no veo que la adición de la tercera dimensión aporte nada e incluso puede dificultar depende que tareas. Para comenzar hemos de tener en cuenta que las pantallas, como superficie plana para trabajar, no son un invento del siglo XX sino que ya eran utilizadas en la era de las cavernas para representar no sabemos aún muy bien el que, pero con la clara intención de aprovechar la bi-dimensionalidad para representar elementos 3D.

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Pinturas 2D en Altamira sobre la “pantalla” de la pared de la cueva

Durante siglos miles de artistas, artesanos y científicos han utilizado las posibilidades del 2D donde la eliminación del 3D no sólo no era un problema sino que aportaba muchas ventajas de sintetización y simplificación que en la gran mayoría de ocasiones aportaban un montón de ventajas eliminando el “ruido” que supone toda la información innecesaria que añade el 3D. Los libros, los cuadros, los carteles, las partituras, las fórmulas matemáticas sobre una pizarra no dejan de ser diferentes tipos de pantallas que no necesitan el 3D ¿os imagináis leyendo un texto en 3D, qué ganamos?.

Concretamente en el entorno del arte es dónde se hace más evidente cuando el uso del 3D realmente es necesario y cuando no supone más que una molestia. En disciplinas como la escultura o la danza es evidente que la tercera dimensión tienen un papel fundamental sin embargo en otras como el dibujo, la pintura, la música o la literatura no parece que el 3D tenga mucho que hacer en general. Incluso cuando un artista plástico intenta simular el 3d dentro de una imagen mediante el uso de perspectiva u otros procedimientos no lo hace porque no pueda acceder al 3D pues siempre podría realizar una escultura, sino precisamente por la fascinación que produce la representación de esta tercera dimensión en una superficie plana. Incluso la mayoría de escultores reconocen que el trabajo en la tercera dimensión no es más que una prolongación lógica de la disciplina del dibujo plano. Y es que tanto el 2D como el 3D son dimensiones que se desarrollan dentro de nuestros cerebros que me atrevería a afirmar que son “multidimensionales” pues manejan otras muchas dimensiones aparte de las 3 espaciales. Dentro del vasto universo que representa la mente humana encontramos aplicaciones donde la tercera dimensión realmente aporta un elemento valioso a la existencia y otras donde sencillamente lo plano, el concepto de pantalla es una mejor opción.

Por eso no concuerdo con Dona en lo referente a la idea de revolución holográfica que parece leerse entre líneas dentro de su mensaje. Más bien pienso que dicha tecnología ocupará los nichos dentro del entorno de la comunicación, la ciencia, la educación, el entretenimiento etc. dónde esta tecnología realmente suponga una ventaja diferenciadora y convivirñan armónicamente con la bidimensionalidad y las pantallas. Las pantallas al menos como concepto pienso que tienen todavía una larga vida.

Adobe Livefyre

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Recientemente Adobe adquirió la solución Livefyre y la incluyó en su gestor de contenido Adobe Experience Manager.

Lo que hace esta solución es tan simple como efectivo. Recoge toda la información y el contenido que los usuarios están generando en redes como Twitter, Instagram, Youtube o Facebook acerca de una marca, una tema o un hahstag específico. Una vez ha recopilado toda esa información la traslada a una o varias carpetas y la deja lista para que los moderadores escojan las aportaciones más valiosas. Una vez hecha la selección, disponemos de una buena colección de Apps que nos permiten crear elegantes widgets, a partir del contenido generado por el usuario (CGU) que podremos incluir como parte de nuestra propia web. Ni que decir tiene que la solución también incluye los mecanismos para gestionar los posibles casos de gestión de derechos.

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Dentro de las aplicaciones disponibles hay

  • Blogs en vivo
  • Chats
  • Notas laterales
  • Revisiones de producto o servicios
  • Encuestas
  • Muros de tendencias
  • Postales de destacados
  • Carruseles
  • Mapas
  • Botones de carga de imágenes

En las imágenes que hay a continuación podéis ver algunos ejemplos de marcas y empresas que ya están aprovechando el poder del contenido generado por el usuario para crear comunidades y lazos de confianza con sus clientes así como atractivo plus para sus webs.

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De esta forma tan interesante CNN incluye las recetas que sus teleespectadores cuelgan en Instagram

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En Estadao, incluyen este mapa con las aportaciones de sus lectores

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Un ejemplo de como incluir las opiniones de tus lectores

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Ejemplo de contenido destacado

Todas las apps son personalizable y es posible adaptar su aspecto a la imagen de marca con la que estemos trabajando. No obstante, si no tenemos suficiente con la nutrida colección de widgets que nos ofrece la solución es posible acceder a una API dónde, con el trabajo de desarrollo adecuado, podremos elaborar nuestras propias apps

Vídeo juegos sí, esclavitud no.

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En más de una ocasión y en este mismo blog he manifestado mi total apoyo a los videojuegos como algo que no únicamente puede ser my divertido sino también una estupenda herramienta de aprendizaje y una gran ayuda para desarrollar múltiples habilidades mentales. Soy un acérrimo detractor de la corriente ideológica que defiende que los videojuegos son, por definición, algo dañino especialmente para los jóvenes. Más bien defiendo todo lo contrario, que deberíamos acercar los videojuegos a los niños/as y jóvenes y guiarlos en escoger los títulos de la misma manera que podemos hacer con sus lecturas o con sus aficiones deportivas.

Ahora bien, una cosa es pensar que los videojuegos pueden ser muy buenos y otra muy distinta pensar que todos lo son. Con los videojuegos como con cualquier instrumento de comunicación humana; pueden ser muy beneficiosos o pueden ser nocivos y sin duda algunos videojuegos pueden llegar a ser muy nocivos. Y no estoy pensando precisamente en ese tipo de videojuegos que tanto gusta denostar en la prensa sensacionalista en los que hay exceso de violencia, lenguaje soez o se defiende un tipo de héroe de moral cuestionable. No es que ese tipo de juegos me entusiasmen pero considero que los que estoy refiriendo son mucho peores.

Estoy hablando de esos juegos -generalmente para dispositivos móviles- que te obligan a “fichar” cada día, algunos incluso cada pocas horas para ir recibiendo “obsequios” virtuales o incluso para cumplir los propios objetivos del juego. Todo empezó, más o menos, con juegos como aquel de la granja donde había que invertir unos pocos minutos cada día para regar los tomates y abonar el maíz con el fin de que no se te secara la cosecha. El mecanismo se fue sofisticando y de ahí se pasó a tener que comparecer un día determinado porqué ese era el único día en el que tal o cual obsequio se podía conseguir (cómo si hubiera un imponderable de la naturaleza que así lo obligara). De los días se pasó a las franjas horarias. y luego ya vinieron los bonus o cofres de regalo que se regeneran cada 24, 12, 8 o 4 horas, los premios que se obtenían jugando cinco días seguidos sin fallar ni uno, los rankings de prestigio en los que desciendes si no juegas asiduamente o la aldea que puede ser saqueada en cualquier momento si no estás conectado a la partida. El paroxismo podrían ser esos videojuegos multi-jugador donde te arrojan a la liga de los “parias” o los “indeseables” si de forma re-incidente abandonas la partida antes de acabarla  (poco importa que lo hayas hecho de forma voluntaria o porque se te ha cortado la conexión).

Y yo me pregunto ¿acaso no tenemos bastante con el stress que nos impone al diario el frenesí de la vida moderna? ¿Es que no tenemos suficiente con fichar en la oficina o en la fábrica que además queremos fichar en esos lugares virtuales? Ya somos esclavos de muchas obligaciones impuestas por el trabajo, la familia, las instituciones o la presión social en general ¿De verdad necesitamos más cadenas?

Lamentablemente he sido testigo, con conocidos cercanos, de situaciones que podemos calificar de surrealistas sin ningún temor a equivocarnos; personas que prefieren llegar tarde al trabajo o ausentarse de una reunión de negocios antes que faltar a su cita con la partida, personas con estados de ansiedad importantes al pensar que en ese momento pueden estar atacando su aldea virtual, personas que prefieren faltar a un evento con amigos o familia antes que cortar su racha de partidas diarias seguidas o auténticos ataques de ira provocados por una interrupción en una partida cuyo abandono te penaliza. Yo mismo, sin llegar quizás a esos extremos, he incurrido en alguno de esos comportamientos. Corté por lo sano el día que me descubrí a mi mismo pendiente de llegar a tiempo a un lugar tranquilo para poder rendir cuentas puntualmente a mi cita con la partida diaria.

Mi conclusión al respecto es clara. Si no te importa que un juego monitorice y condicione tu agenda y tu vida  me alegro por ti, pero personalmente no estoy dispuesto a que una partida me obligue a estar delante de la pantalla a una hora o día determinado. Un videojuego deja de ser divertido cuando deja de estar a tu disposición y tú pasas a estar a disposición suya. Me gusta que poner en marcha un videojuego, al igual que abrir un libro, sea algo que pueda hacer cuando, donde y cómo quiera sin tener que estar pendiente de ninguna agenda o de la ventana de tiempo durante tal o cual cachibache estará disponible por tiempo limitado.

Entendedme, comprendo que la mayoría de fabricantes de juegos hayan optado por el modelo Freemium para conseguir ingresos en una época en la que casi nadie está dispuesto a pagar por un juego en un dispositivo móvil y que parte de esos mecanismo freemium consistan en asegurarse una audiencia mínima diaria a ese juego ¿Pero en serio no es posible imaginar otras formas de “enganchar” a un usuario que obligarlo a comparecer cada día?

Por supuesto sigo jugando a videojuegos pero ignoro las opciones que me exigen estar pendiente del tiempo o el calendario y cuando me encuentro con algunos de esos juegos que -de forma tristemente creciente- son injugables sin entrar en esa perversa dinámica de la presencia obligatoria sencillamente los elimino de mi juegoteca.

Videojuegos sí, esclavitud no!