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Aunque nunca he dejado por completo el dibujo a mano en los últimos años mi trabajo artístico ha sido principalmente digital. La parte manual se ha limitado a bosquejar y garabatear sobre papel, una actividad que considero imprescindible en mi caso y que sirve de base para muchos proyectos que acaban tomando forma en la pantalla del ordenador.

Sin embargo el otro día surgió la oportunidad de colaborar en los preparativos de una carroza de Carnaval. Concretamente la colaboración consistía en dibujar y pintar una ilustración sobre unos tableros que irán en los laterales de la carroza. Así que después de 20 años volví a coger unos pinceles para pintar algo en gran formato. La sensación fue muy reconfortante por un lado y muy frustrante por otro. Reconfortante por tener de nuevo la sensación del pincel obedeciendo los gestos de tu mano, ver como la pintura resbala por la superficie, tomar decisiones sin la seguridad del control+Z y en definitiva ver como está trabajando con materia real y no con bits en una pantalla. Pero frustrante por comprobar como los años sin jugar seriamente con los pinceles han hecho mella en mi habilidad para manejarlos y he dado bastantes pasos hacia atrás en ese sentido.

Ambas cosas me hicieron reflexionar. Me di cuenta de lo extraordinariamente agradable que es trabajar con los materiales y con los grandes formatos y lo importante que es mantener un trabajo manual, un contacto directo con la realidad tangible en el ámbito creativo y no a través del interfaz del software.

No me entendáis mal, soy y seguiré siendo un gran entusiasta de las herramientas digitales y mi interés por ellas sigue aumentando cada día, es sólo que como dicen los chicos de Vasava en una de las tarjetas con me obsequiaron esta Navidad (Gracias Vasava!) “Deja la pantalla de tu ordenador y ensúciate las manos” Y que razón tienen!!. Ensuciarte las manos te da una perspectiva global del proyecto creativo y ensancha tu visión y tu libertad a la hora de tomar decisiones incluso en trabajos que serán creados bajo el medio informático.

En ese sentido mi hija me da una gran lección. A diferencia de mí, ella ha crecido con ambos mundos, el analógico y el digital, compitiendo en igualdad de condiciones por su atención hasta el punto de que ella no acaba de ver una frontera clara de separación entre uno y otro y mezcla y gestiona ambos como un solo continuo.

Aunque el dibujo a lápiz y bolígrafo en pequeño formato, que nunca abandoné, también te permite mantenerte en contacto con el medio manual, la intensidad que te proporciona es distinta a la que surge de enfrentarte a un formato mayor con pintura y tela, cartón o madera como soporte. La pintura es mucho más física mucho más visceral, tiene una relación más vigorosa con el medio y con tu propio cuerpo.

Me temo que mis actuales ocupaciones no me van a permitir dedicarme de nuevo a la pintura con la intensidad que me gustaría, al menos por el momento pero sí que la lección aprendida me va a servir para tener más en cuenta el elemento manual en mis flujos de trabajo y sobretodo en mis vías de investigación creativa.

 

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