jppi

Hace unos años escribí un post donde comparaba las ventajas/inconvenientes del libro electrónico frente al libro de papel. Claro que entonces el libro electrónico era algo sensiblemente a lo que es hoy día.

La lectura de un artículo de prensa que hablaba de las reflexiones del pensador Byung Chul-Han (que recomiendo encarecidamente) me acabó de hacer evidente lo que ya hace tiempo que rumiaba. Las actuales tecnologías de analítica y personalización ha conseguido que actualmente más que leer un eBook lo que ocurre es que el eBook nos lee a nosotros tal y como expresa el pensador coreano en sus conclusiones.

Y es que, como muchos lectores de ebooks habrán experimentado, el lector de libros electrónicos (sea un lector como tal o sea un dispositivo móvil como tablet o smartphone) mientras estamos conectados a Internet va enviando constantemente a la red información acerca de nuestros hábitos de lectura que posteriormente serán procesados por un algoritmo que podrá utilizar esa información como considere.

Una de los ejemplos más evidentes son los subrayados compartidos; cuando leo un libro veo un fragmento subrayado pero no por mí, sino por uno o varios lectores que han leído el libro antes que yo. Hasta ahí ningún problema, al fin y al cabo a veces también agradecíamos encontrarnos con el subrayado previo de un libro en la biblioteca, otras veces nos molestaba pero sabíamos que eran riesgos asociados a los libros usados. El problema es que con el libro de papel si quería gozar de un libro sin subrayar y entregarme al descubrimiento bastaba con comprarme ese libro nuevo. Por otro lado puede no interesarme que otros vean o sepan lo que yo he subrayado. En eBook estas decisiones ya están tomadas de antemano, aunque lo compres nuevo, quizá exista la opción de desactivar estas opciones (sinceramente no me he parado a averiguarlo) pero por defecto está activado el subrayado compartido que además te informa de cuantas personas lo subrayaron antes contribuyendo así a la uniformidad de pensamiento.

Claro que este es el menor de los males, una queja quizá algo tiquismiquis pero por supuesto la cosa no acaba ahí.

En base a toda la información recogida el propio lector me sugerirá otras lecturas al finalizar el libro, se supone que relacionadas con mis gustos A priori esto no parece un inconveniente sino más bien una ventaja, pero ¿cuánto tiempo creéis que pasará antes de que el cachivache me interrumpa no al final de la lectura sino en cualquier punto (en el que el determine que estoy especialmente “tierno” para comprar) y me ofrezca no otra lectura sino cualquier otro producto que el algoritmo piense que encaja en mis hábitos de consumo ( y en el tamaño de mi billetera)? ¿Cuándo el hábito de la lectura solitaria, por definición algo intimo, se convertirá en una puerta abierta a la caja registradora de vendedores cibernéticos de todo pelaje?

Quizá sea un paranoico y todo esto no sean más que falsos temores influido, como estoy, por un ambiente rodeado de datos, métricas y algoritmos de marketing digital, pero la idea de tener entre mis manos un robot que analiza todo lo que hago (vaticino que llegará un día que incluso el movimiento ocular será rastreado para adivinar en que palabra nos posamos) mientras leo hace que vuelva a re-plantearme mi cariño por el viejo libro de papel.

Imagen: jppi – Morgue files