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Image: Creative Commons Morguefiles- Kakisky

Seguro que alguna vez te ha pasado por la cabeza la idea de la “vida bola extra”, es decir, que después de vivir nuestra vida se nos dijera que ha sido un ensayo y se nos devolviera a la casilla de salida, al primer día de nuestra vida, para repetirla pero con toda la experiencia anterior acumulada.

Cuando planteo este experimento mental en alguna tertulia la tendencia general de los contertulios es a considerar el hecho como una gran opotunidad para enmendar los errores pasados, no dejar pasar las oportunidades y, -esta vez sí-, realizar la vida de nuestros sueños. En conclusión se considera como algo muy positivo.

Sin embargo yo creo que sería más bien todo lo contrario. Incluso dejando al lado el hecho de la disonancia cognitiva que se produciría los primeros años al tener la mente de un adulto en el cuerpo de un bebé y de un niño, el contar con la experiencia previa no nos garantizaría evitar volver a cometer errores o incluso cometer otros mucho peores.

Para empezar, debido a nuestra condición de “re-visitantes”, sería inevitable realizar pequeños actos diferentes a los de la biografía original. Aunque quisieramos imitar al dedillo los mismos hechos de nuestra primera vida eso sería sencillamente imposible, primero porque no nos acordariamos de la mayoría de detalles, especialmente en los primeros años, y segundo nuestra mente con experiencia nos convertiría -literalmente- en personas distintas a esa que fuimos en la “vida de ensayo”. Los nuevos actos dispararían una nueva línea temporal donde los eventos divergerían con el tiempo hasta situarnos en una realidad totalmente diferente incluso al cabo de pocos días. Los grandes referentes lógicamente serían los mismos, tendríamos los mismos padres y hermanos mayores y es muy probable que nos inscribieran a la misma escuela. Los grandes hechos históricos habrían sido los mismos hasta ese momento pero ahí acabarían las similtudes.

Conforme la nueva línea temporal fuera evolucionando, atendiendo a las teorías de los atractores extraños y la teoría del caos, nuestra biografía original se iría distorsionando hasta situarnos en una nueva realidad, que si bien tendría elementos familiares, sería desconocida para nosotros. Es muy probable además que muchas cosas nos parecieran diferentes a como las recordábamos pues nuestro cerebro almacena los recuerdos “recreándolos” y no haciendo un registro idéntico de la realidad. Nos costaría adaptarnos a esa realidad pues si, como yo, tenéis más de 20 años, volveríamos a un mundo sin wifi, sin Internet, sin móvil ni redes sociales con los que matar los tiempos muertos. Aún en el supuesto de que seas un rara avis que has conseguido mantenerte el margen de la tecnología, el hecho de tener que charlar con personas que ya no conocerías de la misma manera y hablar de temas fuera del registro de tu última realidad recordada haría que, en el mejor de los casos, te sintieras en un mundo extraño. En conclusión, tu yo del pasado estaba adaptado a esa realidad tu nuevo “re-yo” no.

Debido a la concatenación de injerencias de la nueva línea temporal es prácticamente seguro que tus hermanos pequeños no nacieran nunca, nacerían otros distintos en su lugar o podría darse el caso de que no tuvieras más hermanos o que incluso, siendo hijo único en tu primera vida, ahora tuvieras tuvieran más de uno.

De poco serviría pensar “no volvería a salir con aquel/lla capullo/a en el instituto“ o “no me apuntaría a aquella auto-escuela” porque en el nuevo contexto quizá esas afirmaciones ya no tendrían sentido, esa persona no se cruzaría nunca en tu vida o esa auto-escuela fuera totalmente distinta.

Si que es cierto que podrías tomar decisiones de carácter más general como “esta vez no me casaré” o “elegiré otro oficio” pero quizá esa elección serviría para descubrir que con la nueva opción eres aún más desgraciado/a porque cuando una elección nos sale mal siempre tendemos a idealizar la opción contraria sin que ello signifique que la contraria es mejor.

Con el paso de los años y el aumento de la divergencias temporales es muy probable que incluso la propia realidad histórica sufriera alteraciones. Resulta difícil creer que alguien sin importancia como nosotros pueda influir en la historia universal, pero recuerda que la realidad es un fluido totalmente interconectado donde todos los nodos influyen en el resto y al igual que en una nube de humo o en un montón de espuma, cualquier pequeña variación acaba creando una configuración totalmente nueva. Así que ese truco de comprar acciones de Apple Computer al inicio de la historia la empresa o adquirir el número del gordo de lotería que recordamos que tocó tal año no serviría de nada ya que es posible que en esa nueva realidad Apple nisiquiera existiera (Steve Jobs podría ser el líder de una comuna budista o profesor en Stanford por ejemplo) y la probabilidad de que el número de la lotería fuera el mismo estaría muy cerca del 0%. (Tal vez con un poco de suerte para el primer sorteo de la lotería después de tu re-nacimiento la divergencia temporal aún no fuera tan grande para cambiar el número premiado pero aunque hubieras tenido la precaución de memorizarlo ¿cómo te las apañarías con menos de un año para convencer a tus padres de que fueran a comprar ese número?)

Así que nos plantaríamos al poco tiempo teniendo que actuar frente un devenir que en gran medida nos sería tan desconocido e incierto como el de la primera vez pero lo haríamos con una mente ya pre-cargada con prejuicios, asunciones e ideas preconcebidas de un mundo que ya no existiría ni llegaría a existir nunca. En un escenario así es cierto que quizá la experiencia anterior nos ayudaría a tomar mejores decisiones en algunas ocasiones pero la probabilidad de repetir errores e incluso de comerterlos mucho mayores tampoco sería nada despreciable. En pocas palabras; la garantía de que nuestra nueva vida sería mejor que la anterior sencillamente no existiría. De hecho mi opinión es que enfrentarnos al nuevo ensayo con la arrogancia de lo ya aprendido nos pre- dispondría a meter la mata de forma mucho más escandalosa. Quizá si nos dejaran repetir el experimento de forma indefinida al décimo o undécimo intento podríamos llegar a conseguir algo que se pareciera a nuestra vida soñada (aunque tampoco lo creo). En todo caso siempre sería interesante comprobar de que manera nuestras interacciones alterarían la historia universal.

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