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Vivimos en una época fascinante en cuanto a la utilización de software creativo, que duda cabe. Uno de los hitos que marcó esta época fue el cambio de modelo de negocio que inauguró Adobe con el paso al uso de software por subscripción. Desde entonces por una cuota razonable es posible acceder al portfolio completo de las aplicaciones de Creative Cloud. Por otro lado existen apps para dispositivos móviles que, también por precios razonables, proporcionan prestaciones que hasta hace poco no podíamos ni soñar.

Sin embargo esto no es lo único que ha cambiado en el mundo del software, también la conexión ubicua a internet de los usuarios ha propiciado las métricas anónimas que permiten a los fabricantes monitorear prácticamente a tiempo real la utilización que los usuarios realizan de sus aplicaciones. En el caso de Adobe, que es el que mejor conozco por razones obvias, me consta que cada vez que se ejecuta una aplicación de Creative Cloud bajo un Adobe ID se envía información de su uso a Adobe. No se envía ningún tipo de información de carácter personal sino simplemente información acerca del uso del software. Desconozco el nivel de detalle de la información que se lanza, pero por lo menos el tiempo de duración de las sesiones con un programa determinado es algo que a buen seguro se registra.

Este tipo de métricas permite al fabricante saber cual es la aceptación de una aplicación determinada. En el caso de Creative Cloud es útil para ver que aplicaciones tienen más éxito…y lo que es peor… cuales gozan de menor popularidad. De esta forma, cuando desde product management se tienen que tomar decisiones acerca de que productos potenciar y que productos discontinuar esta información tiene mucho peso.

Para mí esto no es necesariamente positivo, de hecho pienso que en muchos casos es negativo. El mejor software creativo no es siempre el que más se usa. Generalmente en el uso de aplicaciones de este tipo juega un gran papel la inercia, es decir la mayoría de usuarios empieza a utilizar lo que está utilizando la mayoría y son pocos los pioneros que se atreven a darle oportunidades a las nuevas propuestas.

En el pasado, antes de la época de las métricas, las compañías solamente podían comprobar la popularidad de un lanzamiento de software basándose en sus cifras de ventas y era necesario al menos un año para poder tener una estimación mínimamente fiable. Ese tiempo era suficiente para que los “early adopters” pudieran descubrir sus posibilidades y transmitir sus bondades al resto de la comunidad. Ahora los análisis se realizan a diario y ello conlleva el riesgo de que una buena aplicación muera prematuramente si los datos fríos no responden. Hay algunos product managers que siguen fiándose de su intuición y no se dejan engañar por la información analítica pelada, pero en las grandes corporaciones este perfil prácticamente no existe, pues la casi totalidad de Product Managers saben que pueden perder su empleo si insisten en sacar adelante un producto que no está respaldado por números de ventas y no se arriesgan.

¿Os imagináis que habría pasado con Flash si los índices de utilización se hubieran medido desde el primer día que salió al mercado Future Splash Animator (el nombre original de Flash)?, ¿o con Acrobat? En el segundo caso, el de Acrobat, el proyecto tuvo la suerte de contar con el apoyo y la visión incondicional y testaruda del entonces CEO de Adobe John Warnock que apostó por esta tecnología pese a la oposición del grueso de ejecutivos que no le veían futuro. Si esos ejecutivos hubieran tenido el apoyo de unas métricas de utilización que en un inicio fueron nímias, probablemente el PDF lo hubiera tenido mucho más difícil para salir adelante. Por suerte no fue así. En el caso de Future Splah/Flash fue la intuición de sus creadores y product managers junto con el buen hacer de los usuarios pioneros – que supieron ver el potencial de la herramienta – los que consiguieron que esta tecnología acabara convirtiéndose en lo que fue y que revolucionara el carácter multimedia de Internet (hay muchos que no recuerdan o ni siquiera saben que plataformas como You tube le deben mucho a Flash).

En mi caso particular recuerdo un software maravilloso llamado Texture Scape de la desaparecida casa Specular. Era un programa que te permitía crear texturas y patrones de repetición a través de estructuras de formas vectoriales a las que se añadían atributos bitmap. Han pasado muchísimos años y aún no he visto nada que ni siquiera se le asemeje en cuanto a rapidez y efectividad de interfaz y calidad de los resultados. Estaba claro que no era un programa para el común de los usuarios, sólo unos cuantos “freaks” supimos verle el potencial. Está claro que no fue un éxito de ventas (quizá porque apareció en el momento equivocado, quizá si apareciera hoy sería distinto), pero aún así dio tiempo a que aparecieran hasta tres versiones (1.0, 1.5 y 2.0) y pudiéramos aprovecharlo durante unos años. Seguramente si en aquella época hubieran existido las métricas de utilización de software esta increíble aplicación no habría pasado de la versión 1.0

Sigo, no obstante, abrigando el deseo (más que la esperanza) de que algún/a desarrollador/a descubra el concepto que había detrás de esta aplicación y tenga los bemoles de re-construirla adaptada a los estándares actuales. Desde aquí lanzo el guante al /a  la valiente que se atreva a hacerlo y por supuesto cuenta con mi total ayuda para que le asesore en todos los detalles que tenía la aplicación original.

Nota: Imaginaos hasta que punto me fascinaba esta aplicación que conservé un Mac Book con procesador Motorola, 4 MB de RAM y corriendo Mac OS 9 solamente para trabajar con esta aplicación. Finalmente la pobre máquina murió y me tuve que despedir de TextureScape para siempre. He intentado volverla a ejecutar varias veces desde entonces con emuladores pero no he conseguido tener éxito.