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Procrastinación sí, cronofagia no

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En los últimos tiempos se ha hablado mucho de la procrastinación. Si es un concepto que aún no conocéis, os animo a que lo busquéis por Internet, pero en forma resumida podemos decir que es la acción de postergar tareas que debemos realizar y emplear ese tiempo en actividades menos productivas pero que nos son más placenteras o nos exigen menos esfuerzo mental.

Hoy me gustaría introducir un nuevo concepto que es la cronofagia que consiste en dejar que una actividad absolutamente inservible o incluso contraproducente para nuestra estabilidad mental fagotice literalmente nuestro tiempo sin ningún tipo de contraprestación. Una actividad que simplemente nos roba un tiempo que ya no volverá jamás.

Aunque dicho así pueda parecer que el concepto de la procrastrinación y el de la cronofagia sean lo mismo hay importantes diferencias. La procrastrinación en un mecanismo que desarrolla nuestra mente para intentar liberar el estrés que nos causan ciertos tipos de actividad o niveles de auto-exigencia y bien llevada puede contribuir a elevar nuestra creatividad o a eliminar cierta tensión que nos puede dejar en mejor situación para realizar nuestras tareas. En ocasiones hasta podemos descubrir algún tipo de información o interés valioso mientras procrastinamos. En otras palabras, la procrastrinación puede tener efectos negativos en nuestra productividad o no, de hecho hasta puede tener efectos positivos.

La cronofagia sin embargo siempre es negativa y está íntimamente ligada a las redes sociales. Son esos segundos y hasta minutos (en los casos más graves incluso horas) que nos pasamos haciendo scroll en la timeline de Facebook, Twitter o Instagram por citar las más famosas. ¡Atención! no me estoy refiriendo a la exploración de estas redes con la sana intención de informarnos, inspirarnos o hasta chismorrear, sino a ese desplazar el dedo como un zombie sobre la pantalla con la atención dispersa. La información llega a nuestra cabeza de forma semi-consciente, de vez en cuando nos paramos en algún click-bait leemos algún titular o miramos alguna imagen o vídeo que en condiciones normales jamás habría llamado nuestra atención y despertamos de nuevo a la realidad sin apenas recordar lo que hemos visto (si en ese momento nos preguntaran que citáramos la lista de artículos, fotos o vídeos que hemos visualizado seguramente no sabríamos responder con un mínimo de acierto). Simplemente hemos estado en una especie de trance hipnótico que se ha llevado nuestro tiempo para siempre y que no nos ha servido para nada y que incluso en algunos casos nos habrá dejado una incómoda sensación de desasosiego.

Si esa cronofagia se produce durante lo que podríamos llamar “tiempos muertos” mientras esperamos el autobús o a algún amigo que llega tarde a la cita pues el mal no pasa de emplear esos minutos a estar en una fase narcótica (y aún así se me ocurren muchas formas de aprovechar mejor ese tiempo), pero cuando esos minutos los perdemos al levantarnos por la mañana,antes de acostarnos por la noche o, en general, ocupando tiempo destinado a alguna actividad que nos es beneficiosa entonces simplemente estamos regalando tiempo de nuestra vida al vacío más absurdo, nos estamos “comiendo” nuestro tiempo de forma inútil.

Es cierto que cada vez es más habitual emplear el valioso tiempo de la procrastinación en la cronofagia y cuando eso ocurre la noble actividad de la procrastinación pierde lo poco beneficioso que por lo general tiene.

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La mente, instrucciones de uso

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La mente es ese invento de la selección natural cuya principal función es “pilotar” al resto del organismo donde reside. Podríamos definirla (de forma un tanto chusca eso sí), como el “software” que genera el cerebro para gestionar el resto del cuerpo de cara a maximizar nuestras opciones de supervivencia.

El software mental de un individuo tipo consta de varios, llamémosle, programas.

Uno podría ser el programa Realidad que básicamente se encarga de leer parte de los innumerables datos que rodean al organismo a través de los sentidos. Con la información captada y con la ya almacenada en tu cerebro, la mente hace una amalgama y “pinta” para ti ese cuadro que llamamos realidad y que, erróneamente, pensamos que es única y la misma para todos.

Otro programa podría ser el Ego. Son toda ese conjunto de instrucciones que te hacen re-conocer como una entidad autónoma y diferenciada del resto de individuos que componen la realidad. Es la que te pinta el espejismo del personaje biográfico que mantiene una coherencia personal a lo largo del tiempo. El ego te hace llegar a creer que tú eres ese personaje y, lo que es todavía peor, que ese “tú” que representa el Ego es el que lleva las riendas de tu organismo, de tu persona y de tu vida. (Una pista; lo más parecido es el niño pequeño subido a un caballo de un carrusel que cree firmemente que es él quien está pilotando el cochecito o el caballo de madera)

Luego está el programa de la consciencia. Está relacionado con el programa anterior. Es lo que te hace re-conocer todo lo que nos rodea. Es el que certifica que sabemos algo, el que levanta acta. La consciencia nos informa incluso de que tenemos un Ego o que estamos pensando o haciendo en un momento determinado . También nos informa de lo que nos pasó en el pasado (los recuerdos) y planifica nuestro futuro (los planes y proyectos). En definitiva es el narrador de nuestra vida y puede llegar a fusionarse en mayor o menor medida con nuestro Ego.

Aparte de estos programas que podríamos calificar de “conscientes” en tu mente existen una infinidad de programas inconscientes. De hecho, la mayoría de neurólogos coinciden en que estos programas son mayoritarios, que la parte consciente es apenas la punta del iceberg de nuestra mente. Obviamente no tienes información de estos programas porque, por su propia definición;  -“inconscientes”- quedan fuera de tu capacidad cognoscible, la consciencia no levanta acta de su presencia ni de su trabajo. Y es una pena, porque son los que definen la mayor parte de nuestra vida y los que afectan de una forma más decisiva a nuestro bienestar y, me atrevería a decir, que a nuestra felicidad.

La buena noticia es que la barrera entre la parte consciente e inconsciente de la mente no es nítida ni infranqueable. Más bien podríamos decir que hay un “degradado” desde la parte puramente consciente a la inconsciente. Lo podemos ver de manera clara en la transición entre la vigilia y el sueño. Con un poco de entreno y observación lo puedes comprobar también si intentas dejar tu mente en blanco. Salvo que seas una de esas personas con muchas horas de entrenamiento en meditación, lo habitual es que empiecen a entrar pensamientos de forma automática y sin pedirte autorización. ¿Quien manda todas esas voces que hablan en tu cabeza incluso cuando no quieres oirlas? ¿Nunca te ha pasado que cuando quieres olvidar algún asunto, recuerdo o persona especialmente desagradable esa vocecilla impertinente te tortura trayéndote ese mensaje una y otra vez a tu cabeza? Pues bien, esas voces son mensajes que llegan de algunos de los programas que residen en tu parte inconsciente y que regulan probablemente más del 90% de tu comportamiento. Muchos estudiosos del tema llaman a ese programa la “mente del mono” en el sentido de que los pensamientos que generan se comportan como un mono que salta sin parar de una rama a otra sin sentido aparente.

Por todo eso pienso que la famosa sentencia “Conócete a ti mismo” que coronaba el pronaos del templo de Apolo en Delfos en realidad lo que estaba tratando de decirnos era que aprendiéramos el funcionamiento de nuestra mente, que nos hicieramos con sus “instrucciones de uso”.

Y es que si nos familiarizáramos con el funcionamiento de estos programas de la mente podríamos llegar conseguir que una mayor región de dichos programas pasaran a la zona consciente. Pretender que toda nuestra mente actúe de forma consciente no solamente no tiene sentido sino que tampoco es deseable. Está muy bien que muchos procesos de nuestra mente se automaticen en el inconsciente (¿Te imaginas lo incómodo que sería que cada vez que condujéramos un automóvil, que leyéramos un texto o nos llevaramos una cuchara a la boca fuera como cuando estábamos aprendiendo a hacerlo?) pero estaría igualmente bien que pudiéramos observar desde cierta distancia muchas de nuestras reacciones, emociones y sentimientos y, sabiendo que programas inconscientes los provocan y moldean, pudiéramos intervenir en dichos programas para que actuaran en pro de nuestros intereses y nuestro bienestar.

Pienso que a esta alturas ya son pocos los que dudan que una parte nada despreciable de nuestro sufrimiento es causada de forma endógena por los pensamientos nocivos que causa nuestra propia mente (la gran parte de veces de forma inconsciente). Es por eso que pienso que vale la pena invertir tiempo en tratar de descifrar cómo trabaja ese “software” mental y aprender a “hackearlo” en cierta medida para que contribuya a nuestra felicidad o, al menos a nuestro sosiego o al cumplimiento de nuestros objetivos. En realidad se trata, como ya he insinuado antes, de aprender de la manera más clara posible cuáles son esas instrucciones de uso para re-programar nuestra mente de forma que cada vez sea más un aliado que un enemigo.

El cómo hacerlo, desafortunadamente, no es algo que se pueda resumir en pocas líneas de texto, ni siquiera en varios tomos. Gran parte del trabajo a realizar opera únicamente en tu ámbito personal y es solamente a ti a quien te toca adivinar donde están las llaves que dan acceso a los secretos de tu mente. Mientrastanto lo que sí puedes hacer es investigar en los numerosos recursos que hay a nuestra disposición en forma de libros, vídeos, experiencias y conversaciones con otras personas y – lo que es más importante – contigo mismo/a. Pero , insisto es una tarea que no se puede delegar y te toca únicamente a ti llevarla a cabo.

Pictofolio

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Pictofolio

Hace unos pocos días que finalizó la última edición del festival Pictoplasma. Como os comenté hace unos meses, se trata de un festival creativo dedicado al diseño de personajes. Me encantaría poder asistir algún año. Mientras tanto, me conformo con publicar mis propios personajes en el apartado Pictofolio. Que es un apartado de la web dónde se invita a los artistas a publicar sus propios personajes,

De momento he publicado poquitos (¡no me da la vida!) pero espero poder tener tiempo en los próximos meses para colgar unos cuantos más.

Sin duda, asistir a las charlas de estos eventos debe ser algo muy interesante, pero al menos es posible acceder a las charlas (previo pago, eso sí) a través de su web en esta dirección. https://conference.pictoplasma.com/pictotalks/

Adobe Spark gana los premios Webby

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Los premios Webby  son considerados por muchos como los premios Oscar de la web. Este año tenemos el honor de poder decir que la app Adobe Spark ha sido premiada en una de las categorías, concretamente en la categoría de mejor uso en una app del machine learning.

¿Y dónde utiliza Adobe Spark el Machine Learning? os estaréis preguntando. Pues en la función Post, la app se apoya en Adobe Sensei para sugerirnos cuál es el mejor recorte de una imagen en base a un formato o incluso cuál es la mejor posición para colocar un texto. De esta forma se asegura que tu post lucirá igual de bien ya sea en un formato vertical, cuadrado o apaisado.

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Si aún no habéis probado está app os recomiendo que le echéis un vistazo, sobretodo si acostumbráis a colgar contenido en la redes sociales.