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The Game of Live o el juego de la vida

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Hoy me gustaría compartir este vídeo que explica de forma gráfica como funciona el juego de la vida o Game of Life concebido en 1970 por John Horton Conway. Este juego consiste en algo tan simple pero a la vez tan fascinante como crear una rejilla donde cada una de sus celdas puede estar viva (en color negro) o muerta (en color blanco) dependiendo del estado de sus celdas colindantes.

En base a un conjunto muy sencillo de reglas que definen el estado de la celda en la siguiente iteración del sistema se pueden llegar a crear estructuras ciertamente complejas a partir de reglas muy simples. Resulta increíble como algo aparentemente tan austero puede llegar a crear estructuras realmente complejas partiendo de un tablero con apena unas cuantas celdas activadas. Dependiendo de que celdas pintemos al inicio (es decir, de cuales dejemos vivas) se puede crear una sucesión de cálculos que “extiguen” todas las celdas al cabo de pocas iteraciones, u otras que alcanzan estructuras estables al cabo de unas cuantas iteraciones y que ya no varían independientemente de lo que prolonguemos los cálculos. No obstante ciertas figuras crean interesantes estructuras llamadas “Critters” que llegan a exhibir comportamientos realmente complejos y que eran difícilmente predecibles desde un inicio. Entre estos critters están los osciladores que son estructuras que varían entre varios estados de forma cíclica, los gliders que son estructuras que se desplazan por la rejilla siguiendo una dirección definida o los smokers que son estructuras que se desplazan dejando un rastro de “humo” como si de excrementos se tratara. Y todo esto partiendo de una mismas reglas iniciales simples.

La invención de este juego vino a demostrar como la complejidad puede emerger a partir de reglas muy simples como de hecho ha pasado en nuestro universo surgido también de unas reglas iniciales relativamente simples a nivel cuántico pero que ha desembocado en un universo de gigantesca complejidad.

Pero como os digo, es mejor que le echéis un vistazo al vídeo y podréis entederlo mejor.

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Mis primeras experiencias con el IoT

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Aunque ya había tenido alguna experiencia previa con el Internet de las cosas (IoT), recientemente en casa hemos adquirido un starter kit de SPC compuesto por una cámara de 360º, un sensor de movimiento, una sirena y un detector de puertas abiertas.

De esta forma he desarrollado un nuevo superpoder ya que, no importa en que lugar del mundo me halle (siempre y cuando tenga cobertura y acesso a Internet , claro está), gracias a una app en mi smartphone puedo , en apenas segundos ver el interior de mi casa o incluso enviar mensajes por el micrófono del teléfono que se escucha a través del altavoz de la cámara.

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De igual modo, si activo el modo de vigilancia, recibo en mi smartwatch una alerta que me indica si ha entrado algún intruso o si se ha abierto una puerta que debería estar cerrada. Es como tener ojos, oídos y voz siempre en tu casa sin importar donde se halle tu cuerpo físico.

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No hay que negar todos los beneficios que aportan estas nuevas tecnologías y la posibilidades que abren, pero esta experiencia también me ha suscitado algunas reflexiones. La principal de ellas es que quizá hemos subestimado el poder de la ignorancia. Me explico. Hasta ahora cuándo me ausentaba de mi casa en vacaciones evidentemente siempre existe el temor de pensar que entrara alguna banda de cacos a desvalijarla, pero como en mi lugar de vacaciones no había forma de saber si ese hecho había ocurrido o no y tenía claro que hasta la vuelta no me iba a enterar de nada de lo que hubiera pasado durante mi ausencia, pues me limitaba a relajarme, a disfrutar de las vacaciones y a no pensar en el tema hasta la vuelta.

Ahora, el hecho de que exista la posibilidad de ver en cualquier momento que está pasando en tu casa te carga con una nueva responsabilidad ya que, con el celular en la mano, es inevitable pensar “¿Y si no miro y está entrando alguien en casa?” y ahí aparece la negra sombra del complejo de culpa que te hace agarrar el dichoso chisme y mirar la app en un momento en el que normalmente habrías ignorado al aparatito.

Es cierto que puedes obviar esto y esperar a que sean los sensores los que te alerten mediante una notificación si entra algún intruso en casa. Pero este hecho abre las puertas de par en par a que se disparen tus niveles de cortisol. Tu cuerpo pasa inconscientemente a un estado de alerta continua por temor a que el dispositivo vibre dándote la fatídica noticia. Aunque no pase nada (como ocurre el 99% del tiempo) miras al teléfono o al Smartwatch con recelo como si fueran amenazantes portadores de malas noticias.

Algo parecido me pasa con otra app que empezado a utilizar Safe 365. Una app que, en todo momento me avisa de dónde están los miembros de mi familia. Me avisa de mediante notificaciones de cuando entran y salen de casa, si están realizando un determinado trayecto… ¡demonios! hasta me indican de cuánta batería les queda en el dispositivo y si lo están cargando!!

Esto, lejos de tranquilizar genera aún más estrés pues, de alguna manera, te obliga a estar aún más alerta. Te acostumbras a estar tan hiper-informado que cuando dejas de recibir alguna de esta información, por innecesaria que sea, la tendencia natural de nuestro cerebro a dramatizar todo hace que inevitablemente te pongas a pensar en lo peor hasta que llega la siguiente notificación para indicarte, como siempre, que no tenías nada de que preocuparte.

Hemos subestimado el valor de la ignorancia de los hechos, el valor que aporta a nuestra paz mental. Y lo peor es que ya no hay marcha atrás. Una vez el Internet de las cosas te condena a saberlo todo en todo momento no puedes dar la espalda a este hecho y simplemente ignorarlo pues, en caso de que efectivamente ocurra algo a cuyo conocimiento tengas acceso y ante lo que podrías haber reaccionado, la excusa de la imposibilidad de saberlo ya no nos servirá como bálsamo consolador para aliviar nuestra conciencia.

En resumen, pienso que también deberemos modificar nuestra propia psicología para adaptarnos a la convivencia con estos nuevos gadgets tecnológicos y poder sacarles el máximo partido sin que impacten negativamente en nuestra salud mental. Es algo que ya hemos tenido que hacer en repetidas ocasiones desde la irrupción de Internet y su extensión con los dispositivos móviles y las redes sociales. Cómo mínimo ahora ya tenemos cierta experiencia y debería servirnos para minimizar los errores que ya hemos cometidos con el uso inadecuado de algunas de las tecnologías mencionadas que quizá nos pillaron algo a contrapie.

La mente, instrucciones de uso

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La mente es ese invento de la selección natural cuya principal función es “pilotar” al resto del organismo donde reside. Podríamos definirla (de forma un tanto chusca eso sí), como el “software” que genera el cerebro para gestionar el resto del cuerpo de cara a maximizar nuestras opciones de supervivencia.

El software mental de un individuo tipo consta de varios, llamémosle, programas.

Uno podría ser el programa Realidad que básicamente se encarga de leer parte de los innumerables datos que rodean al organismo a través de los sentidos. Con la información captada y con la ya almacenada en tu cerebro, la mente hace una amalgama y “pinta” para ti ese cuadro que llamamos realidad y que, erróneamente, pensamos que es única y la misma para todos.

Otro programa podría ser el Ego. Son toda ese conjunto de instrucciones que te hacen re-conocer como una entidad autónoma y diferenciada del resto de individuos que componen la realidad. Es la que te pinta el espejismo del personaje biográfico que mantiene una coherencia personal a lo largo del tiempo. El ego te hace llegar a creer que tú eres ese personaje y, lo que es todavía peor, que ese “tú” que representa el Ego es el que lleva las riendas de tu organismo, de tu persona y de tu vida. (Una pista; lo más parecido es el niño pequeño subido a un caballo de un carrusel que cree firmemente que es él quien está pilotando el cochecito o el caballo de madera)

Luego está el programa de la consciencia. Está relacionado con el programa anterior. Es lo que te hace re-conocer todo lo que nos rodea. Es el que certifica que sabemos algo, el que levanta acta. La consciencia nos informa incluso de que tenemos un Ego o que estamos pensando o haciendo en un momento determinado . También nos informa de lo que nos pasó en el pasado (los recuerdos) y planifica nuestro futuro (los planes y proyectos). En definitiva es el narrador de nuestra vida y puede llegar a fusionarse en mayor o menor medida con nuestro Ego.

Aparte de estos programas que podríamos calificar de “conscientes” en tu mente existen una infinidad de programas inconscientes. De hecho, la mayoría de neurólogos coinciden en que estos programas son mayoritarios, que la parte consciente es apenas la punta del iceberg de nuestra mente. Obviamente no tienes información de estos programas porque, por su propia definición;  -“inconscientes”- quedan fuera de tu capacidad cognoscible, la consciencia no levanta acta de su presencia ni de su trabajo. Y es una pena, porque son los que definen la mayor parte de nuestra vida y los que afectan de una forma más decisiva a nuestro bienestar y, me atrevería a decir, que a nuestra felicidad.

La buena noticia es que la barrera entre la parte consciente e inconsciente de la mente no es nítida ni infranqueable. Más bien podríamos decir que hay un “degradado” desde la parte puramente consciente a la inconsciente. Lo podemos ver de manera clara en la transición entre la vigilia y el sueño. Con un poco de entreno y observación lo puedes comprobar también si intentas dejar tu mente en blanco. Salvo que seas una de esas personas con muchas horas de entrenamiento en meditación, lo habitual es que empiecen a entrar pensamientos de forma automática y sin pedirte autorización. ¿Quien manda todas esas voces que hablan en tu cabeza incluso cuando no quieres oirlas? ¿Nunca te ha pasado que cuando quieres olvidar algún asunto, recuerdo o persona especialmente desagradable esa vocecilla impertinente te tortura trayéndote ese mensaje una y otra vez a tu cabeza? Pues bien, esas voces son mensajes que llegan de algunos de los programas que residen en tu parte inconsciente y que regulan probablemente más del 90% de tu comportamiento. Muchos estudiosos del tema llaman a ese programa la “mente del mono” en el sentido de que los pensamientos que generan se comportan como un mono que salta sin parar de una rama a otra sin sentido aparente.

Por todo eso pienso que la famosa sentencia “Conócete a ti mismo” que coronaba el pronaos del templo de Apolo en Delfos en realidad lo que estaba tratando de decirnos era que aprendiéramos el funcionamiento de nuestra mente, que nos hicieramos con sus “instrucciones de uso”.

Y es que si nos familiarizáramos con el funcionamiento de estos programas de la mente podríamos llegar conseguir que una mayor región de dichos programas pasaran a la zona consciente. Pretender que toda nuestra mente actúe de forma consciente no solamente no tiene sentido sino que tampoco es deseable. Está muy bien que muchos procesos de nuestra mente se automaticen en el inconsciente (¿Te imaginas lo incómodo que sería que cada vez que condujéramos un automóvil, que leyéramos un texto o nos llevaramos una cuchara a la boca fuera como cuando estábamos aprendiendo a hacerlo?) pero estaría igualmente bien que pudiéramos observar desde cierta distancia muchas de nuestras reacciones, emociones y sentimientos y, sabiendo que programas inconscientes los provocan y moldean, pudiéramos intervenir en dichos programas para que actuaran en pro de nuestros intereses y nuestro bienestar.

Pienso que a esta alturas ya son pocos los que dudan que una parte nada despreciable de nuestro sufrimiento es causada de forma endógena por los pensamientos nocivos que causa nuestra propia mente (la gran parte de veces de forma inconsciente). Es por eso que pienso que vale la pena invertir tiempo en tratar de descifrar cómo trabaja ese “software” mental y aprender a “hackearlo” en cierta medida para que contribuya a nuestra felicidad o, al menos a nuestro sosiego o al cumplimiento de nuestros objetivos. En realidad se trata, como ya he insinuado antes, de aprender de la manera más clara posible cuáles son esas instrucciones de uso para re-programar nuestra mente de forma que cada vez sea más un aliado que un enemigo.

El cómo hacerlo, desafortunadamente, no es algo que se pueda resumir en pocas líneas de texto, ni siquiera en varios tomos. Gran parte del trabajo a realizar opera únicamente en tu ámbito personal y es solamente a ti a quien te toca adivinar donde están las llaves que dan acceso a los secretos de tu mente. Mientrastanto lo que sí puedes hacer es investigar en los numerosos recursos que hay a nuestra disposición en forma de libros, vídeos, experiencias y conversaciones con otras personas y – lo que es más importante – contigo mismo/a. Pero , insisto es una tarea que no se puede delegar y te toca únicamente a ti llevarla a cabo.

Los límites del yo

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El otro día mi hija y mi esposa analizaban un montaje fotográfico que habían realizado para unirse a uno de esos “challenges” absurdos que se han vuelto tan populares últimamente en las redes sociales. En este caso se trataba del #tenyearchallenge que consiste en crear un montaje con una fotografía nuestra actual en la parte derecha y otra de hace diez años en la parte izquierda. (que sigo sospechando que quizá no sea más que una iniciativa de las compañías para mejorar los algoritmos de reconocimiento de rostros)

Mi mujer y mi hija decidieron hacer este reto juntas y en la fotografía aparecían ambas en 2009 y 2019 respectivamente. Tan pronto tuvieron el montaje listo mi mujer dudó en publicarlo, no le gustaba el resultado. En el caso de mi hija era evidente el paso de niña a jovencita lozana pero en el de mi esposa los años habían “redondeado” los rasgos de su cara dándole un aspecto que no le convencía.

Yo miré la fotografía y exclamé “estáis muy guapas las cuatro”. Enseguida me sorprendí de mi propio pensamiento y empecé a reflexionar sobre él. ¿Por qué había dicho “las cuatro”? Estaba claro que me refería a mi hija y mi mujer en el presente y sus equivalentes en el pasado, es decir de alguna manera no tenía sentido referirse a las “cuatro” cuando claramente eran sólo dos personas, pero a la vez sí tenía sentido porque lo que yo quería expresar es que las cuatro personas que aparecían en el montaje eras bellas cada una por sus propias características aunque en realidad pertenecieran a dos “yos” que eran los mismos individuos.

Esto me hizo reflexionar acerca de los límites del “Yo”. Hace ya mucho tiempo que tengo claro el carácter ilusorio y mítico del “Yo” antes incluso de leer a Rodolfo Llinars que me despejó la pocas dudas que me quedaban acerca de este tema. Sin embargo los límites del yo es algo que me sigue fascinando.

Está claro que yo soy, desde un punto de vista biográfico o jurídico, la misma persona que el yo de hace 5, 10 o 20 años sin embargo desde un punto de vista de características psicológicas estamos hablando de individuos diferentes, con muchos rasgos comunes obviamente, pero diferentes en muchos aspectos. No eres ni siquiera exactamente igual al mismo/a que eras hace venticuatro horas. No obstante si una persona se encontrara con el yo que eras ayer y tu yo de hoy en la misma sala probablemente no notaría ninguna diferencia. Ahora bien, si se encontrara con tu yo de hace 10 años y con tu yo actual en la misma sala las diferencias serían más que evidentes y no solamente desde el punto de vista físico sino que tras una breve conversación podría detectar matices distintos. Ya no hablemos si comparáramos a tu yo niño, tu yo adolescente y tu yo anciano.

Por lo tanto desde el punto de vista temporal podríamos considerar que durante la duración de una vida son varios los “yoes” que ocupan nuestra identidad. Los “yoes” más viejos incluyen a los más jóvenes a modo de matrioskas rusas. Dependiendo de cada individuo las transiciones de un “yo” a otro serán más degradadas o más abruptas. Todas las personas evolucionan, pero algunas protagonizan hechos clave en su vida que por su importancia o por su carácter traumático marcan un antes o un después en la vida de esa persona y por lo tanto en la propia definición psicológica de esa persona. Dicho de otra forma, en algunos individuos podemos marcar de modo más nítido el cambio de un “yo” a otro mientras que en otros esas transiciones serán más suaves.

Hasta aquí estamos considerando el tiempo como elemento para establecer los límites del yo pero a la que se indaga un poco descubrimos que no es ni mucho menos el único criterio para poder marcarlos. Expongo aquí solamente unos cuantos.

Rol: Hay personas que mantienen un “yo” estable a través de todos los roles que desempeñan a lo largo del día pero no suele ser lo más habitual. Muchas personas cambian completamente su forma de hablar, de actuar y hasta de pensar cuando están en un ambiente profesional, familiar, festivo, académico etc ( eso sin contar a los jugadores profesionales de rol). ¿Hasta qué punto estamos hablando de la misma persona o de una múltiple personalidad no patológica?

Entorno digital: El entorno digital esta entrando con fuerza en las vida de muchas personas, jóvenes y no tan jóvenes. Las RR.SS ocupan parte creciente del tiempo nuestros días.  ¿Hasta qué punto hemos delegado a nuestros dispositivos parte de nuestro ser? Ponemos nuestras fotografías en la nube, contamos intimidades en las redes y en los blogs que hace unos años ni siquiera nos habríamos atrevido a escribir en un diario personal. ¿Esa parte de nosotros que ya no está en nuestros cuerpos sino almacenada en servidores también es parte de nuestro “yo”? A juzgar por el interés que las empresas tienen en acceder a esa información (para conocernos mejor y vendernos cosas) parece ser que sí.  Ya he oído demasiadas veces y de distintas personas  la expresión “cuando me olvido el smartphone en casa parece que me falta parte de mi mismo”. ¿Y tú? ¿Qué tal te sientes cuando te desprendes de todos tus cachivaches y redes digitales? ¿Si mañanas cerraras para siempre todas tus cuentas de redes sociales seguirías notarías alguna diferencia?

Interior/exterior: En muchas ocasiones (en la mayoría de ocasiones diría yo)  la persona con la que hablamos interiormente tiene muy poco que ver con la persona que interactúa con los demás. Tendemos a mostrar un personaje cuando nos mostramos en sociedad que es distinto al personaje con el que mantenemos nuestro diálogos interiores. ¿Cuál de ellos es el auténtico? Mi opinión es que aunque ambos tienen algo de nosotros ninguno de ellos es nuestro auténtico yo.

De hecho pienso que no existe algo así como “el auténtico yo”, una “esencia” pura que se concibe en muchas corrientes espirituales. Más bien pienso que el “yo” es el resultado emergente de la mezcla e influencia de todos esos “yoes” parciales que  hemos citado más la importantísima adición del subconsciente que también determina de forma decisiva como somos y que, por su propia definición, no es accesible al nuestra parte consciente. Obviamente existe una coherencia entre todos estos “yoes” pero ninguno de ellos es el verdadero, de forma parecida a como nuestros órganos vitales funcionando en consonancia forman nuestro cuerpo pero ninguno de ellos representa a nuestro cuerpo en solitario.

En todo caso que mediante la introspección, la observación y otras herramientas de autoconocimiento quizá sea posible poder tener un mapa cada vez mejor definido del paisaje de nuestro yo  incluyendo sus fronteras. Pero es necesario ser humilde, honesto y generoso para aceptar todas las aristas que puede mostrarnos, que no siempre serán agradables. Solamente así podremos llegar a ser conscientes de los límites de todos los “yoes” que componen nuestro ser.

  

Vida Bola Extra (off topic)

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Image: Creative Commons Morguefiles- Kakisky

Seguro que alguna vez te ha pasado por la cabeza la idea de la “vida bola extra”, es decir, que después de vivir nuestra vida se nos dijera que ha sido un ensayo y se nos devolviera a la casilla de salida, al primer día de nuestra vida, para repetirla pero con toda la experiencia anterior acumulada.

Cuando planteo este experimento mental en alguna tertulia la tendencia general de los contertulios es a considerar el hecho como una gran opotunidad para enmendar los errores pasados, no dejar pasar las oportunidades y, -esta vez sí-, realizar la vida de nuestros sueños. En conclusión se considera como algo muy positivo.

Sin embargo yo creo que sería más bien todo lo contrario. Incluso dejando al lado el hecho de la disonancia cognitiva que se produciría los primeros años al tener la mente de un adulto en el cuerpo de un bebé y de un niño, el contar con la experiencia previa no nos garantizaría evitar volver a cometer errores o incluso cometer otros mucho peores.

Para empezar, debido a nuestra condición de “re-visitantes”, sería inevitable realizar pequeños actos diferentes a los de la biografía original. Aunque quisieramos imitar al dedillo los mismos hechos de nuestra primera vida eso sería sencillamente imposible, primero porque no nos acordariamos de la mayoría de detalles, especialmente en los primeros años, y segundo nuestra mente con experiencia nos convertiría -literalmente- en personas distintas a esa que fuimos en la “vida de ensayo”. Los nuevos actos dispararían una nueva línea temporal donde los eventos divergerían con el tiempo hasta situarnos en una realidad totalmente diferente incluso al cabo de pocos días. Los grandes referentes lógicamente serían los mismos, tendríamos los mismos padres y hermanos mayores y es muy probable que nos inscribieran a la misma escuela. Los grandes hechos históricos habrían sido los mismos hasta ese momento pero ahí acabarían las similtudes.

Conforme la nueva línea temporal fuera evolucionando, atendiendo a las teorías de los atractores extraños y la teoría del caos, nuestra biografía original se iría distorsionando hasta situarnos en una nueva realidad, que si bien tendría elementos familiares, sería desconocida para nosotros. Es muy probable además que muchas cosas nos parecieran diferentes a como las recordábamos pues nuestro cerebro almacena los recuerdos “recreándolos” y no haciendo un registro idéntico de la realidad. Nos costaría adaptarnos a esa realidad pues si, como yo, tenéis más de 20 años, volveríamos a un mundo sin wifi, sin Internet, sin móvil ni redes sociales con los que matar los tiempos muertos. Aún en el supuesto de que seas un rara avis que has conseguido mantenerte el margen de la tecnología, el hecho de tener que charlar con personas que ya no conocerías de la misma manera y hablar de temas fuera del registro de tu última realidad recordada haría que, en el mejor de los casos, te sintieras en un mundo extraño. En conclusión, tu yo del pasado estaba adaptado a esa realidad tu nuevo “re-yo” no.

Debido a la concatenación de injerencias de la nueva línea temporal es prácticamente seguro que tus hermanos pequeños no nacieran nunca, nacerían otros distintos en su lugar o podría darse el caso de que no tuvieras más hermanos o que incluso, siendo hijo único en tu primera vida, ahora tuvieras tuvieran más de uno.

De poco serviría pensar “no volvería a salir con aquel/lla capullo/a en el instituto“ o “no me apuntaría a aquella auto-escuela” porque en el nuevo contexto quizá esas afirmaciones ya no tendrían sentido, esa persona no se cruzaría nunca en tu vida o esa auto-escuela fuera totalmente distinta.

Si que es cierto que podrías tomar decisiones de carácter más general como “esta vez no me casaré” o “elegiré otro oficio” pero quizá esa elección serviría para descubrir que con la nueva opción eres aún más desgraciado/a porque cuando una elección nos sale mal siempre tendemos a idealizar la opción contraria sin que ello signifique que la contraria es mejor.

Con el paso de los años y el aumento de la divergencias temporales es muy probable que incluso la propia realidad histórica sufriera alteraciones. Resulta difícil creer que alguien sin importancia como nosotros pueda influir en la historia universal, pero recuerda que la realidad es un fluido totalmente interconectado donde todos los nodos influyen en el resto y al igual que en una nube de humo o en un montón de espuma, cualquier pequeña variación acaba creando una configuración totalmente nueva. Así que ese truco de comprar acciones de Apple Computer al inicio de la historia la empresa o adquirir el número del gordo de lotería que recordamos que tocó tal año no serviría de nada ya que es posible que en esa nueva realidad Apple nisiquiera existiera (Steve Jobs podría ser el líder de una comuna budista o profesor en Stanford por ejemplo) y la probabilidad de que el número de la lotería fuera el mismo estaría muy cerca del 0%. (Tal vez con un poco de suerte para el primer sorteo de la lotería después de tu re-nacimiento la divergencia temporal aún no fuera tan grande para cambiar el número premiado pero aunque hubieras tenido la precaución de memorizarlo ¿cómo te las apañarías con menos de un año para convencer a tus padres de que fueran a comprar ese número?)

Así que nos plantaríamos al poco tiempo teniendo que actuar frente un devenir que en gran medida nos sería tan desconocido e incierto como el de la primera vez pero lo haríamos con una mente ya pre-cargada con prejuicios, asunciones e ideas preconcebidas de un mundo que ya no existiría ni llegaría a existir nunca. En un escenario así es cierto que quizá la experiencia anterior nos ayudaría a tomar mejores decisiones en algunas ocasiones pero la probabilidad de repetir errores e incluso de comerterlos mucho mayores tampoco sería nada despreciable. En pocas palabras; la garantía de que nuestra nueva vida sería mejor que la anterior sencillamente no existiría. De hecho mi opinión es que enfrentarnos al nuevo ensayo con la arrogancia de lo ya aprendido nos pre- dispondría a meter la mata de forma mucho más escandalosa. Quizá si nos dejaran repetir el experimento de forma indefinida al décimo o undécimo intento podríamos llegar a conseguir algo que se pareciera a nuestra vida soñada (aunque tampoco lo creo). En todo caso siempre sería interesante comprobar de que manera nuestras interacciones alterarían la historia universal.

Último post de 2015

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biblio

 

Y 2015 llegó a su fin. Un año más para este blog y ya son unos cuantos. Teniendo en cuenta que fue creado simplemente como excusa para realizar una demostración de una prestación que, en aquellos entonces, tenía Dreamweaver, no está mal.

Me gustaría acabar el año con una pequeña reflexión. Según un estudio de la revista Science la humanidad creó desde sus orígenes hasta el año 2003 5 Exabytes de información. Pues bien, en 2014 esa misma cantidad de información (5 exabytes) se creó en 6 meses y según los últimos cálculos, en 2015 esa misma cantidad de información se genera cada 48 horas. ¿Alguien dijo singularidad? Para 2016 es imposible prever cuanto tiempo utilizaremos para replicar esos 5 Exabytes pero todo parece indicar que será aún menor.

Para que os hagáis una idea aproximada de la cantidad de información que suponen esas medidas os dejo aquí la tabla de las medidas que ha sido consideradas hasta ahora.

1 Bit
8 Bits = 1 Byte
1024 Bytes = 1 Kilobyte
1024 Kilobytes = 1 Megabyte
1024 Megabytes = 1 Gigabyte
1024 Gigabytes = 1 Terabyte
1024 Terabytes = 1 Petabyte
1024 Petabytes = 1 Exabyte (hasta 2003 la humanidad solamente había creado 5 de estos incluyendo toda la filmografía y toda la literatura universal)
1024 Exabytes = 1 Zettabyte (Hasta ahora la humanidad apenas hasta ahora la humanidad apenas ha creado un par de estos)
1024 Zettabytes = 1 YottaByte
1024 YottaBytes = 1 Brontobyte
1024 Brontobytes = 1 GeopByte
1024 GeopBytes = 1 Saganbyte
1024 Saganbytes = 1 Jotabyte
1024 Jotabytes= ? (Es un número tan aberrante que a día de hoy no tiene sentido siquiera concebirlo)

brontobyte

Lo cierto es que pensar más allá de Zettabytes hoy día es pura ciencia ficción. Algunos fabricantes como HP fantasean con la idea de llegar al Brontobyte de información antes de final de siglo (suponiendo que se pueda fabricar un sistema de almacenamiento capaz de albergar tal cantidad de información), pero lo cierto es que hoy es absolutamente imposible saberlo.

¿Os imagináis llegar a un comercio y pedir una tarjeta de memoria de “32 brontobytes” podríamos guardar en ella no sólo nuestra vida entera sino la de toda la humanidad durante toda la historia e incluso la de varias humanidades alternativas.

Y con este desvarío os dejo por este año. ¡Qué tengáis un feliz 2016!

 

Tecnología Autobot y tecnología Decepticon.

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logos

Transformers fue una de las series animadas que más me influyeron en mi adolescencia y aún hoy soy capaz de ver un montón de paralelismos entre la serie y la vida cotidiana que me ayudan a comprender el porqué de muchas cosas que ocurren. El último de estos hallazgos tiene que ver en la forma en que la tecnología está influyendo de forma creciente en nuestras vidas.

A estas alturas supongo que todo el mundo sabe que son los Transformers, esos robots extraterrestres que se convierten en vehículos y que popularizó la marca de juguetes Hasbro. No obstante, para aquellos que simplemente conozcáis el nombre y poco más dejadme que os resuma el argumento principal para contextualizar el resto del artículo. Hace muchos años los Transformers llegaron a la tierra procedentes del planeta Cybertron. Por razones obvias, todos transformers aman la tecnología pero están divididos en dos facciones, los Autobots y los Decepticons. Los Autobots están programados para cuidar de si mismos pero también para proteger sus compañeros y a las criaturas y seres de los planetas que visitan. Su prioridad es respetar en la medida de lo posible el ecosistema en el que se encuentren e intervenir lo mínimo en la vida de los seres con los que interactúan salvo para ayudarles en su desarrollo y bienestar. Los Decepticons, sin embargo están programados para protegerse a si mismos y mantener su autonomía y funcionamiento óptimo aún a expensas de otros transformers o de cualquier criatura con la que se crucen. Son individualistas y no dudarán un segundo en liquidar y deshacerse de cualquier obstáculo que se interponga entre ellos y sus intereses. Incluso las relaciones con otros Decepticons se sustenta en una estructura jerárquica basada en el propio interés; un Decepticon será mi aliado mientras sirva a mis propósitos, más allá de eso es tan prescindible como el resto de las criaturas.

A raíz de estas programaciones tan dispares los Autobots y los Decepticons están condenados a vivir enfrentados y andar siempre a la greña los unos contra los otros. Los Decepticons suelen ser más ágiles tomando decisiones y ejecutando estrategias pero suelen dejar a su paso un rastro de miseria y desolación. Los Autobots son más lentos ejecutando sus planes pues evalúan constántemente cuales van a ser las repercusiones de sus actos sobre el resto de criaturas, sin embargo suelen mejorar de la calidad de vida de aquellas especies con las que conviven.

Pues bien, creo que algo similar está ocurriendo con la presencia de la tecnología actual en nuestras vidas. Los avances tecnológicos que han ido surgiendo a lo largo de los últimos siglos pasado se las prometían muy felices en lo referente a librar al ser humano de las tareas más fatigosas y peligrosas que pasarían a ser ejecutadas por máquinas y que en consecuencia nos dejarían a todos los habitantes del planeta con más tiempo libre para dedicarnos a cosechar actividades más nobles y más puramente humanas. Varios autores como Raymond Kurzweil o Luís Racionero han insistido en este punto bajo diferentes enfoques. En los últimos tiempos el avance tecnológico está pasando por un efecto de aceleración innegable que ha influido en nuestros hábitos de vida hasta puntos apenas imaginables tan sólo hace unos años. Aparentemente muchos de los cambios que propicia la tecnolgía nos aportan mayor libertad y amplían nuestras capacidades tal y como pronosticaban autores como los antes citados, pero no es menos cierto que también son cada día más evidentes las consecuencias oscuras de esta misma tecnología.

Y es que, bajo mi punto de vista, los pensadores que han teorizado acerca de las bendiciones de los avances tecnológicos pensaban básicamente en los aspectos “Autobot” de dichos avances y quizá no tuvieron en cuenta los suficiente los efectos “Decepticon” que escondían. Algunos ejemplos

La tecnología y el trabajo

¿Cómo es posible que a día de hoy con muchos más avances tecnológicos y muchos más robots, drones. ordenadores, chips y máquinas de todo pelaje haciendo el trabajo de las personas el problema del desempleo no sólo no haya desaparecido sino que siga siendo una de las cuestiones más preocupantes?

Bajo un enfoque “Autobot” de la cuestión, la plusvalía generada por las máquinas se habría distribuido de forma más o menos equitativa entre la totalidad de la población lo que habría permitido elevar moderadamente la calidad de vida de la mayoría permitiendo disponer de más tiempo y de más recursos a la vez. No obstante existe otro enfoque del asunto, bajo una perspectiva “Decepticon” Aprovechando la eficiencia que otorgan las máquinas muchos individuos poderosos vieron la oportunidad de maximizar sus beneficios. Haciendo trabajar a las máquinas pero haciendo trabajar a la vez en aquellas tareas donde las máquinas aún no son eficaces podremos obtener mayores ganancias. El trabajo combinado de máquinas y humanos (trabajadores) dio lugar al surgimiento de bienes de consumo que hacían cada vez más necesario seguir aumentando la productividad para poder mantener esos mismos bienes de consumo y crear necesidades que hasta el momento nunca habían existido.

No hay que negar que esta estrategia “Decepticon” ha permitido avanzar mucho más deprisa y ha permitido vivir mucho mejor a unos pocos frente a la mayoría de lo que lo habría hecho una estrategia “Autobot” mucho más reflexiva en lo que se refiere a analizar el impacto de los avances, y por lo tanto más lenta en sus avances, pero también más equitativa en el reparto de los beneficios. A cambio la estrategia “Decepticon” ha sido depredadora con los recursos y con las personas (como es su marca de identidad) así que nos encontramos que cada vez más funciones que antes hacían las personas pasan a hacerlas máquinas pero sin haber liberado a los humanos previamente de la necesidad de trabajar para ganarse sus sustento. Resultado: bolsas de desempleo cada vez mayores que  condenan a la marginalidad a factores cada día mayores de la población.

La tecnología Autobot habría repartido las ventajas y la riqueza entre muchos sin embargo la tecnología Decepticon ha terminado por acumular toda esa riqueza en muy pocas manos y apenas a elevado un poco el nivel del resto.

La tecnología y la comunicación

Que duda cabe que la tecnología ha facilitado mucho la comunicación entre las personas. Desde un punto de vista “Autobot” la tecnología nos permiten conectar más fácilmente con nuestros seres queridos, encontrar a amigos olvidados y tener casi siempre a alguien dispuesto siquiera a intercambiar unas palabras de ánimo con nosotros. La tecnología autobot es la que nos permite acceder a cantidades inimaginables de información, conocimiento, música, vídeo y entretenimiento sin movernos de la silla. No obstante también está la cara “Decepticon” de esto. La mayor capacidad de manipulación de la opinión pública por parte de los grupos interesados, la pérdida de la privacidad y el aumento de control sobre la población.

¿Cómo diferenciar la tecnología Autobot de la tecnología Decepticon?

Ahí está la cuestión, prácticamente TODAS las tecnologías pueden utilizarse como Autobots o como Decepticons. Dependerá del uso que le demos. Solamente por poner unos ejemplos.  (de hecho en la serie había varios ejemplos de re-programación de los robots de uno a otro bando)

Twitter puede ser Autobot cuando sirve para organizar a un grupo de personas y  realizar una labor de coordinación en favor de la comunidad, cuando sirve para expresar una opinión mayoritaria de forma rápida, para crear conversaciones enriquecedoras con personas a las que no podríamos acceder de otro modo o para estar al día de lo último que está pasando en un evento al que no has podido asistir, sin embargo Twitter es Decepticon cuando se usa para acosar y amenazar a personas y colectivos, cuando se difunde información con clara intención manipuladora o cuando se lincha o ridiculiza públicamente al alguien.

La cámara de vídeo de un Smartphone es Autobot cuando se utiliza para tener siempre una cámara a mano y poder inmortalizar cualquier detalle de nuestras vidas que queramos recordar. Es Decepticon cuando se utiliza para grabar escenas de peleas os similares que luego utilizaremos para humillar a alguien colgándolas en una web de vídeos.

Un coche sin conductor, cuando esta tecnología se extienda, será una tecnología Autobot si ofrecemos a los taxistas una alternativa a vivir de su vehículo y será Decepticon si los condenamos al paro o a exiliarse de su profesión sin un mínimo de opciones.

Si tu Whatssapp te ha dado más libertad para comunicarte es tecnología Autobot, si cuando se cuelga el servidor de Whatssapp desearías estar muerto porque has hecho depender tu vida social de él entonces es tecnología Decepticon.

En otras palabras, si la tecnología te hace servicio, trabaja para ti es Autobot, si tú estás al servicio de esa tecnología es Decepticon.

Imagen via:http://www.taringa.net/comunidades/transformers/500050/TransFormers-Fans.html

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