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Las malas prácticas en el negocio de las apps. ¿Nos hemos vuelto locos?

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Cuando Apple lanzó al mercado el iPhone y el iPad se popularizó la creación de apps para dispositivos móviles y su comercialización a través de un market.  Hasta ese momento había sido un mercado marginal.

Con el nacimiento de esta nueva industria también se buscaron modelos de negocio para monetizar dichas apps que ha pasado por diferentes fases desde su inicio.

Pagar por la app

El primero resultaba obvio por evidente, simplemente pagar por la app. Se ofrecían apps a un precio razonable, teniendo en cuenta que los usuarios al principio no estaban dispuestos a pagar el mismo precio por un software para móvil que el que pagarían por un software para un ordenador de escritorio. El relativo bajo precio de las apps en comparación con sus homólogas para escritorio, se compensaba por la exposición a un mercado de millones de potenciales clientes.

No obstante desde el principio se impuso la política no escrita de no pagar por las actualizaciones de la app lo cual quiere decir que un cliente que compraba una app no volvía a gastar su dinero en ella a pesar de acceder a todas las actualizaciones de la misma, es decir la única forma de seguir ingresando dinero para, entre otras cosas, financiar la mejora de la app era adquirir nuevos clientes. Este modelo resultó no ser muy rentable a largo plazo ya que una vez alcanzada una masa crítica de usuarios el ritmo de ingresos disminuía rápidamente. Como además la competencia de las apps gratuita era muy grande, algunos desarrolladores subían a la store dos versiones de la app, una gratuita con prestaciones limitadas para enganchar al usuario y la versión de pago con todas las prestaciones disponibles. Aunque este sistema servía para “pescar” algunos usuarios más también obligaba a mantener dos desarrollos y gestionar amabas apps en la store.

La opción Freemium

Viendo que las apps de pago eran un modelo de negocio no demasiado lucrativo al menos que fueran apps de utilidad real donde el usuario estuviera a pagar un poco más y lo difícil que era destacar en un market donde el usuario medio iba a la caza de aplicaciones gratuitas, se optó por el modelo “Freemium”. En lugar de crear dos versiones de la misma aplicación se creaba una sola versión gratuita. El usuario se la descargaba en su dispositivo y luego descubría que debía pagar por desbloquear las prestaciones “Premium”.

Éste demostró ser un método bastante mejor ya que la gratuidad inicial atraía a un montón de usuarios dubitativos que de otro modo no se habrían interesado por la app. La inmediatez de pasar de un modo gratuito a un modo de pago sin tener que descargarse una nueva versión de la aplicación también demostró que daba muchos mejores resultados en conversión.

Publicidad

Otro modo de monetizar las apps y que comenzó el inicio de las malas prácticas que seguiremos comentando más adelante  fue el de la publicidad. Algunos desarrolladores vieron que era mejor mantener las apps gratuitas y que los ingresos procedieran de otra fuente, concretamente de la publicidad que, de forma crecientemente invasiva, se mostraba en las apps. Esta forma de monetización se demostró incluso más lucrativa que cobrar por la propia app y podía ser escalable, a más publicidad más dinero así que en el paroxismo de esta fórmula nos encontramos con apps que son prácticamente inusables. La publicidad invasiva que aparece constantemente interrumpiendo el trabajo con la app la acaban inutilizando completamente. Especialmente en los vídeojuegos donde este aspecto ha tomado la forma de locura. Anuncios que aparecen entre partida y partida y que no se pueden interrumpir antes de unos 15 segundos de visualización (en algunos casos más) y que recuerdan a esas películas que transmitían  en TV entre anuncios, películas que empezaban a las 20:30 y no acababan hasta la 1:00 de la madrugada. En muchos juegos te ofrecen recompensas, como vidas extras o monedas virtuales del juego, por visualizar spots de 20 segundos completos a modo de soborno. No obstante esto no te libra de tener que visualizar, de forma no opcional, anuncios “interrumplibles” entre partida y partida. En algunos casos los desarrolladores de la app te dan la opción de pagar por librarte del “castigo” de la publicidad en otras no hay otra opción que pasar por ese suplicio. Nota: A veces funciona poner el teléfono en modo avión para librarse de esa publicidad pero no funciona con todas las apps.

Lo curioso es que en muchos video juegos los anunciantes son los fabricantes de otros vídeo juegos que cobran a su vez por poner su publicidad en su juego de otros vídeo juegos  y así sucesivamente en una especie de perverso círculo endogámico.

In-app-purchase

En conclusión lo que en un principio era un modo lícito de rentabilizar las apps e incluso ¿por qué no? útil para el usuario, pues podían ofrecerte algo que realmente te interesara se ha convertido en una mala práctica que arruina totalmente las apps y que se convierte en un abuso al usuario. Por supuesto muchos usuarios nos cansamos de este maltrato publicitario y se acaba desinstalando inevitablemente la aplicación, pero parece que el tiempo que pasa desde que se instala la app hasta que se borra irrevisiblemente sigue siendo lo suficientemente rentable para seguir realizando esta mala práctica, o quizá no porque también se ven algún intento de algún desarrollador de moderar el torrente publicitario es sus apps o quizá la locura ha llegado ya a un punto que ya ni se sabe muy bien porque se sigue con esta práctica nefasta.

Este otro modelo de negocio ha resultado uno de los más beneficiosos cuando se trata de títulos de calidad. Se trata de una evolución del concepto Freemium. El usuario en lugar de pagar por pasar del modo “free” al modo “Premium” paga de forma individual por paquetes de prestaciones extra. Estos paquetes pueden ser filtros adicionales en apps de fotografía, herramientas extra en apps de diseño, funciones avanzadas en apps de utilidades etc. pero donde realmente se ha hecho del In-app-purchase un arte es en  el mundo de los vídeojuegos. Se paga por casi todo, se puede pagar por nuevos personajes, vehículos, armas o niveles extra pero también se puede pagar por bienes consumibles como sería la moneda virtual de juego que a su vez sirve para seguir comprando cosas en la app o simplemente por comprar más partidas. Y es que en muchas apps el número de partidas permitidas es limitado, cuando las agotas o bien te esperas un tiempo (que puede ir de los 4 minutos a unas cuantas horas) o pagas.

A partir de aquí se hacen todo tipo de combinaciones. Hay juegos que venden elementos en su interior pero que también pueden conseguirse de forma gratuita si eres suficientemente hábil y paciente para conseguirlos por tu cuenta puntuando dentro de la aplicación. En ese sentido se paga para conseguir cosas sin invertir el esfuerzo que les cuesta a otros, vamos exactamente igual que lo que ocurre en la vida real. Hay otros casos donde se anuncian novedades en el juego disponibles para el público en general para cierta fecha pero que se pueden obtener en primicia por adelantado si pagas por ellas .

El éxito del in-app-purchase ha sido tal que ya prácticamente no hay casi juegos en las stores de los dispositivos móviles que utilicen el método tradiocional de pagar por la app y ya.

La aplicación de este método de monetización se ha aplicado mejor o peor dependiendo del caso pero en general es un método que parece tener la aceptación tanto de los desarrolladores como de los usuarios.

Suscripción

Y aquí es donde llega el último método y donde pienso que se están realizando las peores prácticas. Y me temo que, sin quererlo, en Adobe hemos tenido algo que ver en ello.

Se trata del método de suscripción. En lugar de pagar por una app se paga una cuota mensual o anual por ella mientras se esté utilizando. Adobe popularizó este método  en 2012 cuando decidió empezar a comercializar las licencias de Creative Suite en modo de suscripción y abandonar paulatinamente el modelo de pagar por licencias perpetuas. Pero en aquel caso tenía completo sentido. Una licencia de la Master Collection, el paquete que contenía todas las aplicaciones, era de 3000€ aprox. y no estaba al alcance de la mayoría de profesionales que empezaban a trabajar en el mercado y que aún no tenían una facturación lo suficientemente robusta y ya no digamos si hablamos de usuarios aficionados. La suscripción permitía acceder a TODO el software de la master collection más todo un conjunto de servicios de utilidad real por 60€ al mes, algo que sí estaba al alcance d emucha más gente. Al final los 3000 euros los pagabas después de algo más de 4 años con la diferencia de que durante esos 4 años siempre habías tenido la opción de trabajar con las últimas actualizaciones de las aplicaciones que te descargabas de Internet mientras que el usuario de licencias perpetuas debía volver a realizar una inversión cada año si quería trabajar con las últimas versiones.

Desde este punto de vista la idea era casi perfecta. El tremendo éxito que ha tenido Creative Cloud es la clara prueba de ello. Hasta tal punto que han sido muchos los fabricantes que han seguido esta senda marcada por Adobe y creando sus propios métodos de suscripción.

Pero, como era de esperar, no pasó mucho tiempo hasta que los desarrolladores de apps vieron la bicoca en este modelo de negocio y así empezaron a aparecer los primeras apps en modelo de suscripción. A pesar de que al principio este sistema se aplicó a aplicaciones de calidad, aplicaciones que anteriormente habían tenido un precio superior a 5 euros en el store, en seguida se vio que, al contrario de lo que ocurría en el caso de la Creative Suite de Adobe, aquí la suscripción no representaba ninguna ventaja para el usuario sino, muy por el contrario, un perjuicio. Me explico; en el caso de la Creative Suite de Adobe la diferencia entre pagar la licencia perpetua a pagar la suscripción significaba la diferencia entre no poder acceder a las herramientas de Creative Suite a sí poder hacerlo con Creative Cloud. En el caso de la apps esto no es así, ni siquiera con las apps más caras. Intento ilustrarlo con un ejemplo personal:

Hace unos años adquirí una app en la AppStore por unos 11 euros. Dentro del rango de precios habitual de las apps era lo que podíamos considerar una app “cara”. Yo era consciente de que esa app no iba a ser una de mis herramientas de cabecera, pero me podía servir para unos proyectos que estaba desarrollando en ese momento y además me gustaba. Quizá volvería a utilizarla alguna vez en el futuro o tal vez no, pero en cualquier caso era una inversión que me podía permitir, si volvía a necesitar esa app en el futuro sería fantástico y si no, no pasaba nada, daba los 11 euros por amortizados aunque sólo fuera por la satisfacción de haberla hecho servir aquella vez en aquel proyecto- Y efectivamente así fue, cuando la adquirí la utilicé regularmente durante unos meses y luego la dejé de utilizar. En estos años la he vuelto a utilizar esporádicamente para varios proyectos. Son proyectos que podría haber realizado con otras apps pero que, ya que la tenía, preferí realizar con esa app en concreto porque era más cómoda y versátil. Hoy esa misma app ya no se puede comprar en el AppStore, ahora sólo está disponible en modo suscripción por casi 3 euros al mes. Hoy día yo no la habría comprado. Es cierto que finalmente al cabo de 3 meses, que es más o menos lo que invertí en realizar el proyecto, habría pagado algo menos de 9 euros, pero psicológicamente el hecho de tener que estar pendiente de de-suscribirte y saber que  no vas a poder disponer de esa aplicación en el futuro si la necesitas es una gran disuasorio para la compra. De ese modo no le he dado la oportunidad a muchas apps que estoy seguro me hubieran gustado simplemente por evitar estar “secuestrado” por una suscripción.

Pero lo realmente rocambolesco es cuando ese sistema lo han acabado adoptando todo tipo de apps y juegos incluso los de calidad más que discutible, obviamente guiados por la avaricia de sus creadores.

Así de esta manera  ahora es posible encontrar apps o juegos que en la fase inicial de la App Store se podían comercializar por 0,95 euros que te llegan a pedir 13,49 euros ….A LA SEMANA! ¿Una suscripción a un causal game de m***** más caro que la suscripción de Phosothop+Lightroom+1TB en la nube? ¿estamos locos? Y aún hay juegos, como el que ilustra este post, que te dejan jugar una versión básica (generalmente muy limitada) de forma gratuita y únicamente tienes que pagar esa aberración si te decides a adquirir las funciones Premium, pero hay otras apps, -recuerdo una muy graciosa de meditación que descargué-, que directamente te daban el ultimátum de los tres días y luego pasaban a cobrarte tu suscripción semanal. Evidentemente la envié directamente a la papelera.

Cada vez me he ido encontrando con más apps de este tipo. El ritual siempre es el mismo; te las instalas, te encuentras con el mensaje de las suscripción y las eliminas de tu dispositivo.

En mi opinión, los desarrolladores de este último tipo de apps y juegos de los que hablo, los que pretenden cobrarte más de 10 euros a la semana por una app o juego que no te saca de ningún apuro, no están pensando en dar un producto de calidad a sus clientes sino aprovecharse de la fe de los más incautos o cándidos que caerán en las redes de este modelo de negocio muy cercano a la estafa  y que, con un poco de suerte, ya habrán desembolsado una cantidad nada despreciable de euros ante de ser conscientes de su equivocación y proceder a las de-suscripción. También mantienen la esperanza de que entre las víctimas caiga algún millonario despreocupado para el que 14€ a la semana ni siquiera merezcan el tiempo de gestionar la des-suscripción y pase a convertirse en un mecenas involuntario. Pedir precios absurdos por suscripciones a apps que objetivamente no lo merecen pienso que en el mejor de los casos es añadir ruido en las App Store con tomaduras de pelo  y algo muy parecido a la estafa en el peor. A los desarrolladores de este tipo de “Trashware” poco parece importarles la avalancha de comentarios negativos de los usuarios que llena por doquier las críticas de las App Store (y que es el método que utilizo ahora para identificar este tipo de apps antes de descargármelas) lo cual también es una prueba de las verdaderas intenciones de sus creadores.

Y lo peor es que las App Store de Apple se está llenando de este tipo de “Trashware” y está pasando de ser el inmaculado centro de recursos que era al principio en un sucio mercado donde tienes que ir dando saltos para esquivar los charcos de lodo. No pienso que esto de muy buena imagen a Apple.

Espero y deseo que este tipo de modelo de negocio para las apps acabe pasando pronto a la historia como un desafortunado ejemplo de malas prácticas en las appStores. Tan pronto como los usuarios vayan detectando este tipo de software y opten por ignorarlo completamente hasta que a sus creadores no les represente ninguna ventaja utilizar esta forma de comercialización que se asemeja más a un anzuelo para pescar que a un modo de monetización real.

Casi un año en las nuevas oficinas de Adobe

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Hace casi un año comenté aquí, en el blog que tras más de 11 años en la Torre Mapfre me iba a mover junto con mis compañeros a las nuevas oficinas de Magento.

Hoy tras casi un año en estas nuevas oficinas estas son mi impresiones.

En general mi principal sensación es el asombro al ver cómo han cambiado las cosas en Adobe desde el día en que me uní a esta empresa. Ya sólo quedamos 5 personas del equipo de más de veinte que había en 2007. Es cierto que se han ido añadiendo nuevos compañeros y con la adquisición de Magento hace algo más de un año ese número se ha multiplicado. Ahora entre los empleados de Madrid y Barcelona muy probablemente estemos rozando o superando incluso las cien personas.

Este hecho hace que se produzca un fenómeno que para mí hasta ahora era desconocido en las oficinas de Adobe Ibérica, y es que antes, allí, conocías a todas las personas de la oficina y si venía algún compañero de otro país enseguida lo detectabas porque la cara nueva no pasaba desapercibida. Ahora, a pesar de que conozco a muchos empleados, es muy normal cruzarte por el pasillo a gente a la que simplemente conoces por el rostro y de la que ni siquiera conoces el nombre (y con las que cruzas únicamente un saludo de cortesía) o que no conoces en absoluto ( y con las que también cruzas un saludo de cortesía).  Si a eso le sumamos que la actual oficina de Barcelona es super diversa, pues hay gente de no-se-cuantas nacionalidades diferentes y la “lingua franca” suele ser el inglés, pues se hace casi imposible diferenciar quien es un empleado de Ibñerica y quien un simple visitante de otra oficina de Adobe.

Precisamente por eso, aquí debes llevar siempre colgando el “batach” de Adobe (La tarjeta de identificación) o bien la de visitante, por un tema de seguridad. Esto es muy habitual en otras empresas con gran número de empleados e incluso en la mayoría de las oficinas de Adobe en otros países del mundo, pero para mí ha sido algo nuevo y en cierto modo extraño.

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Por lo demás creo que hemos salido ganando en todo. Lo único que echo realmente de menos de la Torre Mapfre son las vistas del Mediterráneo, aunque también es cierto que tuve once años para disfrutarlas.

Pero estas oficinas son mucho más grandes, amplias y bonitas. Tenemos muchas salas de reunión, una cantina donde cada día nos traen el desayuno que incluye fruta fresca, pan crujiente, dulces, cafés y zumo de naranja entre otras delicias. Hay un montón de salas de reunión, tenemos duchas, futbolín, mesa de ping pong, siestódromo y todas esas cosas chulas de las oficinas modernas.

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Este cambio de escala también ha comportado cambios en la forma y métodos de trabajar. En muchos sentidos se ha mejorado y en otros se echa de menos la familiaridad con la que se realizaban algunos proceso que ahora, forzosamente, son algo más burocráticos.

 

sala

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A pesar de seguir en la misma compañía a veces tengo la impresión de haber cambiado de empresa, pero lo cierto es que la vida son etapas ¡y pienso disfrutar de esta tanto como lo hice en mi primera entapa en Adobe!

Mis primeras experiencias con el IoT

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Aunque ya había tenido alguna experiencia previa con el Internet de las cosas (IoT), recientemente en casa hemos adquirido un starter kit de SPC compuesto por una cámara de 360º, un sensor de movimiento, una sirena y un detector de puertas abiertas.

De esta forma he desarrollado un nuevo superpoder ya que, no importa en que lugar del mundo me halle (siempre y cuando tenga cobertura y acesso a Internet , claro está), gracias a una app en mi smartphone puedo , en apenas segundos ver el interior de mi casa o incluso enviar mensajes por el micrófono del teléfono que se escucha a través del altavoz de la cámara.

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De igual modo, si activo el modo de vigilancia, recibo en mi smartwatch una alerta que me indica si ha entrado algún intruso o si se ha abierto una puerta que debería estar cerrada. Es como tener ojos, oídos y voz siempre en tu casa sin importar donde se halle tu cuerpo físico.

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No hay que negar todos los beneficios que aportan estas nuevas tecnologías y la posibilidades que abren, pero esta experiencia también me ha suscitado algunas reflexiones. La principal de ellas es que quizá hemos subestimado el poder de la ignorancia. Me explico. Hasta ahora cuándo me ausentaba de mi casa en vacaciones evidentemente siempre existe el temor de pensar que entrara alguna banda de cacos a desvalijarla, pero como en mi lugar de vacaciones no había forma de saber si ese hecho había ocurrido o no y tenía claro que hasta la vuelta no me iba a enterar de nada de lo que hubiera pasado durante mi ausencia, pues me limitaba a relajarme, a disfrutar de las vacaciones y a no pensar en el tema hasta la vuelta.

Ahora, el hecho de que exista la posibilidad de ver en cualquier momento que está pasando en tu casa te carga con una nueva responsabilidad ya que, con el celular en la mano, es inevitable pensar “¿Y si no miro y está entrando alguien en casa?” y ahí aparece la negra sombra del complejo de culpa que te hace agarrar el dichoso chisme y mirar la app en un momento en el que normalmente habrías ignorado al aparatito.

Es cierto que puedes obviar esto y esperar a que sean los sensores los que te alerten mediante una notificación si entra algún intruso en casa. Pero este hecho abre las puertas de par en par a que se disparen tus niveles de cortisol. Tu cuerpo pasa inconscientemente a un estado de alerta continua por temor a que el dispositivo vibre dándote la fatídica noticia. Aunque no pase nada (como ocurre el 99% del tiempo) miras al teléfono o al Smartwatch con recelo como si fueran amenazantes portadores de malas noticias.

Algo parecido me pasa con otra app que empezado a utilizar Safe 365. Una app que, en todo momento me avisa de dónde están los miembros de mi familia. Me avisa de mediante notificaciones de cuando entran y salen de casa, si están realizando un determinado trayecto… ¡demonios! hasta me indican de cuánta batería les queda en el dispositivo y si lo están cargando!!

Esto, lejos de tranquilizar genera aún más estrés pues, de alguna manera, te obliga a estar aún más alerta. Te acostumbras a estar tan hiper-informado que cuando dejas de recibir alguna de esta información, por innecesaria que sea, la tendencia natural de nuestro cerebro a dramatizar todo hace que inevitablemente te pongas a pensar en lo peor hasta que llega la siguiente notificación para indicarte, como siempre, que no tenías nada de que preocuparte.

Hemos subestimado el valor de la ignorancia de los hechos, el valor que aporta a nuestra paz mental. Y lo peor es que ya no hay marcha atrás. Una vez el Internet de las cosas te condena a saberlo todo en todo momento no puedes dar la espalda a este hecho y simplemente ignorarlo pues, en caso de que efectivamente ocurra algo a cuyo conocimiento tengas acceso y ante lo que podrías haber reaccionado, la excusa de la imposibilidad de saberlo ya no nos servirá como bálsamo consolador para aliviar nuestra conciencia.

En resumen, pienso que también deberemos modificar nuestra propia psicología para adaptarnos a la convivencia con estos nuevos gadgets tecnológicos y poder sacarles el máximo partido sin que impacten negativamente en nuestra salud mental. Es algo que ya hemos tenido que hacer en repetidas ocasiones desde la irrupción de Internet y su extensión con los dispositivos móviles y las redes sociales. Cómo mínimo ahora ya tenemos cierta experiencia y debería servirnos para minimizar los errores que ya hemos cometidos con el uso inadecuado de algunas de las tecnologías mencionadas que quizá nos pillaron algo a contrapie.

Algunas cuentas de Instagram que sigo

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A día de hoy, Instagram sea quizá la red social que más me gusta. En gran medida porque es mas visual y porque es en la que mejor creo que aprovecho mi tiempo sin caer en la cronofagia. Eso se debe porque gran parte de las cuentas a las que sigo me sirven como inspiración para mis propias fantasías y ensoñaciones que luego utilizo en mi trabajo de ilustración.

Os voy a aconsejar alguna de esas cuentas que me inspiran. No son la únicas, pero como tampoco quería hacer un post muy extenso me he limitado a citar a algunas de ellas y quizá otro día añada una nueva serie. Cómo veréis las temáticas que tocan pueden ser muy dispares aunque tienen la creatividad o el aspecto artístico como nexo común. Aquí van.

I See Faces In The Strangest Places

https://www.instagram.com/iseefacesinthestrangestplaces/

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Mi cuenta favorita dedicada a las paraieidolias. La paraeidolia es ese fenómeno cognitivo por el cual el cerebro asocia formas aleatorias a elementos conocidos (como caras o siluetas de animales) cuando en dichas formas aleatorias se detecta un patrón común que se podría aplicar a uno de esos elementos conocidos.

En esta caso la cuenta se especializa en el reconocimiento de caras dentro de objetos que presentan elementos que se pueden asociar a ojos, nariz o boca.

Nicolas V Sanchez

https://www.instagram.com/nicolasvsanchez/

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Cuenta del artista Neoyorkino Nicolas V Sanchez. Lo que hace este hombre es sencillamente increíble. Aunque en la cuenta aparecen todas las manifestaciones de su obra, son especialmente reseñables los dibujos que realiza con bolígrafo que rezuman un virtuosismo extraordinario.

SFX ATLAS

https://www.instagram.com/sfxatlas/

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Cuenta dedicada a maquillajes, esculturas, animatrónicos y efectos especiales en general para películas de terror y ciencia ficción. Lo que se ve en esta cuenta es una muy cuidada selección de imágenes y vídeos que no solamente no te dejarán indiferente sino que en más de una ocasión te ocasionarán escalofríos.

Estaban Diácono

https://www.instagram.com/_estebandiacono/

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Instagram de creador y animador Esteban Diácono. Una vez me respondió a un comentario diciendo que consideraba que lo que hacía no era arte. Y la verdad es que estoy de acuerdo. la palabra arte se queda pequeña para describir las hipnóticas y alucinantes maravillas que hace este hombre con Cinema 4D.

La plasticidad de sus maniquíes y figuras hechos con materiales viscosos, blandos o peludos casi parece que se pueda sentir con las manos y está claro que ha marcado tendencia a tenor de todos/as los/las que parecen querer imitarle

Matieres Fecales

https://www.instagram.com/matieresfecales

https://www.instagram.com/fecalmatterworld/

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Cuenta de los diseñadores, artistas y músicos Hannah Rose Dalton y Steven Raj Bashkaran. Este dúo de artistas exhibe una creatividad desbordante con un estilo inclasificable basado en una estética alienígena y trans-humana. La moda, la música, el maquillaje son algunas de las manifestaciones donde consiguen asombrar con una propuesta totalmente transgresora y pop al mismo tiempo.

Y hasta aquí esta primera entrega de cuentas de instagram a las que sigo y que me inspiran especialmente. Espero que la selección sea de vuestro agrado. En un futuro post intentaré asombraros y/o inspiraros con unas cuantas más.

Procrastinación sí, cronofagia no

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En los últimos tiempos se ha hablado mucho de la procrastinación. Si es un concepto que aún no conocéis, os animo a que lo busquéis por Internet, pero en forma resumida podemos decir que es la acción de postergar tareas que debemos realizar y emplear ese tiempo en actividades menos productivas pero que nos son más placenteras o nos exigen menos esfuerzo mental.

Hoy me gustaría introducir un nuevo concepto que es la cronofagia que consiste en dejar que una actividad absolutamente inservible o incluso contraproducente para nuestra estabilidad mental fagotice literalmente nuestro tiempo sin ningún tipo de contraprestación. Una actividad que simplemente nos roba un tiempo que ya no volverá jamás.

Aunque dicho así pueda parecer que el concepto de la procrastrinación y el de la cronofagia sean lo mismo hay importantes diferencias. La procrastrinación en un mecanismo que desarrolla nuestra mente para intentar liberar el estrés que nos causan ciertos tipos de actividad o niveles de auto-exigencia y bien llevada puede contribuir a elevar nuestra creatividad o a eliminar cierta tensión que nos puede dejar en mejor situación para realizar nuestras tareas. En ocasiones hasta podemos descubrir algún tipo de información o interés valioso mientras procrastinamos. En otras palabras, la procrastrinación puede tener efectos negativos en nuestra productividad o no, de hecho hasta puede tener efectos positivos.

La cronofagia sin embargo siempre es negativa y está íntimamente ligada a las redes sociales. Son esos segundos y hasta minutos (en los casos más graves incluso horas) que nos pasamos haciendo scroll en la timeline de Facebook, Twitter o Instagram por citar las más famosas. ¡Atención! no me estoy refiriendo a la exploración de estas redes con la sana intención de informarnos, inspirarnos o hasta chismorrear, sino a ese desplazar el dedo como un zombie sobre la pantalla con la atención dispersa. La información llega a nuestra cabeza de forma semi-consciente, de vez en cuando nos paramos en algún click-bait leemos algún titular o miramos alguna imagen o vídeo que en condiciones normales jamás habría llamado nuestra atención y despertamos de nuevo a la realidad sin apenas recordar lo que hemos visto (si en ese momento nos preguntaran que citáramos la lista de artículos, fotos o vídeos que hemos visualizado seguramente no sabríamos responder con un mínimo de acierto). Simplemente hemos estado en una especie de trance hipnótico que se ha llevado nuestro tiempo para siempre y que no nos ha servido para nada y que incluso en algunos casos nos habrá dejado una incómoda sensación de desasosiego.

Si esa cronofagia se produce durante lo que podríamos llamar “tiempos muertos” mientras esperamos el autobús o a algún amigo que llega tarde a la cita pues el mal no pasa de emplear esos minutos a estar en una fase narcótica (y aún así se me ocurren muchas formas de aprovechar mejor ese tiempo), pero cuando esos minutos los perdemos al levantarnos por la mañana,antes de acostarnos por la noche o, en general, ocupando tiempo destinado a alguna actividad que nos es beneficiosa entonces simplemente estamos regalando tiempo de nuestra vida al vacío más absurdo, nos estamos “comiendo” nuestro tiempo de forma inútil.

Es cierto que cada vez es más habitual emplear el valioso tiempo de la procrastinación en la cronofagia y cuando eso ocurre la noble actividad de la procrastinación pierde lo poco beneficioso que por lo general tiene.

La mente, instrucciones de uso

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La mente es ese invento de la selección natural cuya principal función es “pilotar” al resto del organismo donde reside. Podríamos definirla (de forma un tanto chusca eso sí), como el “software” que genera el cerebro para gestionar el resto del cuerpo de cara a maximizar nuestras opciones de supervivencia.

El software mental de un individuo tipo consta de varios, llamémosle, programas.

Uno podría ser el programa Realidad que básicamente se encarga de leer parte de los innumerables datos que rodean al organismo a través de los sentidos. Con la información captada y con la ya almacenada en tu cerebro, la mente hace una amalgama y “pinta” para ti ese cuadro que llamamos realidad y que, erróneamente, pensamos que es única y la misma para todos.

Otro programa podría ser el Ego. Son toda ese conjunto de instrucciones que te hacen re-conocer como una entidad autónoma y diferenciada del resto de individuos que componen la realidad. Es la que te pinta el espejismo del personaje biográfico que mantiene una coherencia personal a lo largo del tiempo. El ego te hace llegar a creer que tú eres ese personaje y, lo que es todavía peor, que ese “tú” que representa el Ego es el que lleva las riendas de tu organismo, de tu persona y de tu vida. (Una pista; lo más parecido es el niño pequeño subido a un caballo de un carrusel que cree firmemente que es él quien está pilotando el cochecito o el caballo de madera)

Luego está el programa de la consciencia. Está relacionado con el programa anterior. Es lo que te hace re-conocer todo lo que nos rodea. Es el que certifica que sabemos algo, el que levanta acta. La consciencia nos informa incluso de que tenemos un Ego o que estamos pensando o haciendo en un momento determinado . También nos informa de lo que nos pasó en el pasado (los recuerdos) y planifica nuestro futuro (los planes y proyectos). En definitiva es el narrador de nuestra vida y puede llegar a fusionarse en mayor o menor medida con nuestro Ego.

Aparte de estos programas que podríamos calificar de “conscientes” en tu mente existen una infinidad de programas inconscientes. De hecho, la mayoría de neurólogos coinciden en que estos programas son mayoritarios, que la parte consciente es apenas la punta del iceberg de nuestra mente. Obviamente no tienes información de estos programas porque, por su propia definición;  -“inconscientes”- quedan fuera de tu capacidad cognoscible, la consciencia no levanta acta de su presencia ni de su trabajo. Y es una pena, porque son los que definen la mayor parte de nuestra vida y los que afectan de una forma más decisiva a nuestro bienestar y, me atrevería a decir, que a nuestra felicidad.

La buena noticia es que la barrera entre la parte consciente e inconsciente de la mente no es nítida ni infranqueable. Más bien podríamos decir que hay un “degradado” desde la parte puramente consciente a la inconsciente. Lo podemos ver de manera clara en la transición entre la vigilia y el sueño. Con un poco de entreno y observación lo puedes comprobar también si intentas dejar tu mente en blanco. Salvo que seas una de esas personas con muchas horas de entrenamiento en meditación, lo habitual es que empiecen a entrar pensamientos de forma automática y sin pedirte autorización. ¿Quien manda todas esas voces que hablan en tu cabeza incluso cuando no quieres oirlas? ¿Nunca te ha pasado que cuando quieres olvidar algún asunto, recuerdo o persona especialmente desagradable esa vocecilla impertinente te tortura trayéndote ese mensaje una y otra vez a tu cabeza? Pues bien, esas voces son mensajes que llegan de algunos de los programas que residen en tu parte inconsciente y que regulan probablemente más del 90% de tu comportamiento. Muchos estudiosos del tema llaman a ese programa la “mente del mono” en el sentido de que los pensamientos que generan se comportan como un mono que salta sin parar de una rama a otra sin sentido aparente.

Por todo eso pienso que la famosa sentencia “Conócete a ti mismo” que coronaba el pronaos del templo de Apolo en Delfos en realidad lo que estaba tratando de decirnos era que aprendiéramos el funcionamiento de nuestra mente, que nos hicieramos con sus “instrucciones de uso”.

Y es que si nos familiarizáramos con el funcionamiento de estos programas de la mente podríamos llegar conseguir que una mayor región de dichos programas pasaran a la zona consciente. Pretender que toda nuestra mente actúe de forma consciente no solamente no tiene sentido sino que tampoco es deseable. Está muy bien que muchos procesos de nuestra mente se automaticen en el inconsciente (¿Te imaginas lo incómodo que sería que cada vez que condujéramos un automóvil, que leyéramos un texto o nos llevaramos una cuchara a la boca fuera como cuando estábamos aprendiendo a hacerlo?) pero estaría igualmente bien que pudiéramos observar desde cierta distancia muchas de nuestras reacciones, emociones y sentimientos y, sabiendo que programas inconscientes los provocan y moldean, pudiéramos intervenir en dichos programas para que actuaran en pro de nuestros intereses y nuestro bienestar.

Pienso que a esta alturas ya son pocos los que dudan que una parte nada despreciable de nuestro sufrimiento es causada de forma endógena por los pensamientos nocivos que causa nuestra propia mente (la gran parte de veces de forma inconsciente). Es por eso que pienso que vale la pena invertir tiempo en tratar de descifrar cómo trabaja ese “software” mental y aprender a “hackearlo” en cierta medida para que contribuya a nuestra felicidad o, al menos a nuestro sosiego o al cumplimiento de nuestros objetivos. En realidad se trata, como ya he insinuado antes, de aprender de la manera más clara posible cuáles son esas instrucciones de uso para re-programar nuestra mente de forma que cada vez sea más un aliado que un enemigo.

El cómo hacerlo, desafortunadamente, no es algo que se pueda resumir en pocas líneas de texto, ni siquiera en varios tomos. Gran parte del trabajo a realizar opera únicamente en tu ámbito personal y es solamente a ti a quien te toca adivinar donde están las llaves que dan acceso a los secretos de tu mente. Mientrastanto lo que sí puedes hacer es investigar en los numerosos recursos que hay a nuestra disposición en forma de libros, vídeos, experiencias y conversaciones con otras personas y – lo que es más importante – contigo mismo/a. Pero , insisto es una tarea que no se puede delegar y te toca únicamente a ti llevarla a cabo.

Caminar y hablar

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Hace algún tiempo os hablé de un interesante artista llamado Benjamin Bennett que había desarrollado un proyecto artístico que básicamente consistía en subir a Youtube largos vídeos de 4 horas en los que simplemente se limitaba a sentarse y sonreir. Pues bien, ha llegado a subir 300 vídeos de estas características y tras más de 1200 horas sentado y sonriendo ahora parece que ha decidido cambiar de tercio y comenzar un nuevo proyecto que, aunque distinto, es , cuanto menos tan interesante como el anterior.

Se trata del proyecto Walking and talking. Al igual que en proyecto anterior el bueno de Ben sube vídeos de unas 4 horas de duración pero en este caso se dedica a pasear mientras habla con a cámara acerca de lo primero que se le viene a la cabeza.

No he visualizado todos los vídeos completos que ha colgado de esta serie (28 en el momento de escribir estas líneas) por razones obvias pero en los fragmentos que si he visto parece que los monólogos de Ben están relacionados con la reflexión introspectiva y los vericuetos de la mente y la consciencia.

Altamente recomendable en cualquier caso.

Si queréis ayudar a Benjamin en el desarrollo de sus proyectos, aquí tenéis su página de Patreon donde ya ha conseguido reunir a algunos mecenas. https://www.patreon.com/benjaminbennett

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