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Vídeo juegos sí, esclavitud no.

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En más de una ocasión y en este mismo blog he manifestado mi total apoyo a los videojuegos como algo que no únicamente puede ser my divertido sino también una estupenda herramienta de aprendizaje y una gran ayuda para desarrollar múltiples habilidades mentales. Soy un acérrimo detractor de la corriente ideológica que defiende que los videojuegos son, por definición, algo dañino especialmente para los jóvenes. Más bien defiendo todo lo contrario, que deberíamos acercar los videojuegos a los niños/as y jóvenes y guiarlos en escoger los títulos de la misma manera que podemos hacer con sus lecturas o con sus aficiones deportivas.

Ahora bien, una cosa es pensar que los videojuegos pueden ser muy buenos y otra muy distinta pensar que todos lo son. Con los videojuegos como con cualquier instrumento de comunicación humana; pueden ser muy beneficiosos o pueden ser nocivos y sin duda algunos videojuegos pueden llegar a ser muy nocivos. Y no estoy pensando precisamente en ese tipo de videojuegos que tanto gusta denostar en la prensa sensacionalista en los que hay exceso de violencia, lenguaje soez o se defiende un tipo de héroe de moral cuestionable. No es que ese tipo de juegos me entusiasmen pero considero que los que estoy refiriendo son mucho peores.

Estoy hablando de esos juegos -generalmente para dispositivos móviles- que te obligan a “fichar” cada día, algunos incluso cada pocas horas para ir recibiendo “obsequios” virtuales o incluso para cumplir los propios objetivos del juego. Todo empezó, más o menos, con juegos como aquel de la granja donde había que invertir unos pocos minutos cada día para regar los tomates y abonar el maíz con el fin de que no se te secara la cosecha. El mecanismo se fue sofisticando y de ahí se pasó a tener que comparecer un día determinado porqué ese era el único día en el que tal o cual obsequio se podía conseguir (cómo si hubiera un imponderable de la naturaleza que así lo obligara). De los días se pasó a las franjas horarias. y luego ya vinieron los bonus o cofres de regalo que se regeneran cada 24, 12, 8 o 4 horas, los premios que se obtenían jugando cinco días seguidos sin fallar ni uno, los rankings de prestigio en los que desciendes si no juegas asiduamente o la aldea que puede ser saqueada en cualquier momento si no estás conectado a la partida. El paroxismo podrían ser esos videojuegos multi-jugador donde te arrojan a la liga de los “parias” o los “indeseables” si de forma re-incidente abandonas la partida antes de acabarla  (poco importa que lo hayas hecho de forma voluntaria o porque se te ha cortado la conexión).

Y yo me pregunto ¿acaso no tenemos bastante con el stress que nos impone al diario el frenesí de la vida moderna? ¿Es que no tenemos suficiente con fichar en la oficina o en la fábrica que además queremos fichar en esos lugares virtuales? Ya somos esclavos de muchas obligaciones impuestas por el trabajo, la familia, las instituciones o la presión social en general ¿De verdad necesitamos más cadenas?

Lamentablemente he sido testigo, con conocidos cercanos, de situaciones que podemos calificar de surrealistas sin ningún temor a equivocarnos; personas que prefieren llegar tarde al trabajo o ausentarse de una reunión de negocios antes que faltar a su cita con la partida, personas con estados de ansiedad importantes al pensar que en ese momento pueden estar atacando su aldea virtual, personas que prefieren faltar a un evento con amigos o familia antes que cortar su racha de partidas diarias seguidas o auténticos ataques de ira provocados por una interrupción en una partida cuyo abandono te penaliza. Yo mismo, sin llegar quizás a esos extremos, he incurrido en alguno de esos comportamientos. Corté por lo sano el día que me descubrí a mi mismo pendiente de llegar a tiempo a un lugar tranquilo para poder rendir cuentas puntualmente a mi cita con la partida diaria.

Mi conclusión al respecto es clara. Si no te importa que un juego monitorice y condicione tu agenda y tu vida  me alegro por ti, pero personalmente no estoy dispuesto a que una partida me obligue a estar delante de la pantalla a una hora o día determinado. Un videojuego deja de ser divertido cuando deja de estar a tu disposición y tú pasas a estar a disposición suya. Me gusta que poner en marcha un videojuego, al igual que abrir un libro, sea algo que pueda hacer cuando, donde y cómo quiera sin tener que estar pendiente de ninguna agenda o de la ventana de tiempo durante tal o cual cachibache estará disponible por tiempo limitado.

Entendedme, comprendo que la mayoría de fabricantes de juegos hayan optado por el modelo Freemium para conseguir ingresos en una época en la que casi nadie está dispuesto a pagar por un juego en un dispositivo móvil y que parte de esos mecanismo freemium consistan en asegurarse una audiencia mínima diaria a ese juego ¿Pero en serio no es posible imaginar otras formas de “enganchar” a un usuario que obligarlo a comparecer cada día?

Por supuesto sigo jugando a videojuegos pero ignoro las opciones que me exigen estar pendiente del tiempo o el calendario y cuando me encuentro con algunos de esos juegos que -de forma tristemente creciente- son injugables sin entrar en esa perversa dinámica de la presencia obligatoria sencillamente los elimino de mi juegoteca.

Videojuegos sí, esclavitud no!

 

Mi experiencia de 10 años en Adobe

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Mi trofeo de 10 años en Adobe

 

 

Como comentaba en mi anterior post, recientemente he cumplido 10 años trabajando en Adobe. Como también decía en ese artículo jamás habría imaginado que llegaría hasta aquí. Han sido 10 años intensos y el balance es tremendamente positivo.

Trabajando en Adobe he aprendido muchísimas cosas a nivel profesional, técnico, creativo, personal y de negocios. He conocido a gente interesantísima, he hecho amigos de todos los rincones del mundo, he acudido a multitud de eventos y visitado un montón de lugares que probablemente no habría conocido nunca de no haber estado aquí. Las condiciones laborales y el ambiente de trabajo también han sido excelentes sobretodo si los comparamos con la media de la empresa española. El nivel de exigencia también es muy alto pero cuando te apasiona tu trabajo eso no es un problema sino casi una ventaja :). Es por eso que, al echar la vista atrás me doy cuenta de que en pocos, en muy pocos puestos de trabajo habría estado mejor que aquí.

Por supuesto no todo ha sido de color de rosa, ha habido momentos duros, incluso ha habido momentos muy duros, pero creedme si os digo que los buenos los compensan con creces. Por eso pienso sinceramente que Adobe es uno de los mejores lugares para trabajar como así ha sido acreditado en numerosas ocasiones.

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De nada!

No se cuanto tiempo más continuaré trabajando aquí. Los diez años ya han superado mis expectativas más optimistas así que lo que venga me lo tomaré como un espléndido bonus. Mientras me quieran con ellos y se siga manteniendo este extraordinario ambiente de trabajo yo estaré dispuesto a seguir dando lo mejor de mi mismo.

Por eso quiero expresar mis más sinceros agradecimientos a las personas que en su día hicieron posible que yo esté aquí ahora, especialmente a Miquel Bada, Ana Mesas y Alfons Sort. También quiero dar las gracias a todas aquellas personas que me han acompañado profesionalmente, dentro y fuera de Adobe, durante estos 10 años y de las que he aprendido mucho. En este caso la lista es tan larga que prefiero obviarla para no cometer la injusticia de omitir a alguien, en cualquier caso ellos sabes quienes son. En serio, muchas gracias!

 

10 Años en Adobe, 10 años del blog Uklaworld

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Ayer recibí el trofeo que acredita que llevo 10 años trabajando en Adobe. Es para mí un gran orgullo haber llegado hasta aquí pero os aseguro que han sido 10 años que han pasado rapidísimo.

Esta misma mañana recibía la noticia de WordPress de que he cumplido 10 años con el blog. Han pasado igual de rápido. Sinceramente, cuando todo esto empezó jamás imaginé que llegaría a cumplir 10 años ni trabajando en Adobe ni con el blog.

Screen Shot 2017-01-25 at 9.24.43.pngEn Adobe en realidad llevo más de 10 años pues empecé a colaborar regularmente con ellos en 2005 en calidad de freelance. Más adelante en 2007 me ofrecieron un puesto como empleado que acepté inmediatamente pues hacía años que era fan de la marca. De hecho el blog Uklaworld nació de la manera más tonta que os podáis imaginar a raíz de empezar a trabajar para Adobe.

Como nació el blog

Resulta que por aquellos entonces, hace 10 años, solíamos hacer webminars para nuestros usuarios (algunos de vosotros los recordaréis) donde mostrábamos flujos de trabajo creativos dentro de múltiples áreas de diseño, web y vídeo así como las novedades que iban apareciendo en las nuevas versiones de las aplicaciones. Por aquellos entonces, una de las nuevas prestaciones que ofrecía un software llamado Contribute era la posibilidad de publicar directamente en blogs bajo tecnología Blogger o WordPress. En aquellos tiempos los blogs empezaban a ser populares aunque aún muy lejos de lo que son hoy día. No todo el mundo, por difícil que sea imaginarlo ahora, sabía que era un blog.

Yo seguía algunos blogs como lector pero jamás me había planteado hasta la fecha crear un blog propio. El caso es que para realizar aquel webminar con éxito había que tener un blog en el cual publicar algo desde Dreamweaver, así que opté por crear un blog en WordPress con la idea de eliminarlo poco después de realizar la demostración, es decir, la idea era utilizar el blog únicamente como ejemplo.

Hice un par de posts antes del día del webminar para que no se viera el blog totalmente vacío, hice el ejemplo durante la demostración y en teoría ahí debería haber terminado la cosa pero …. me dije ¿por qué -ya que está hecho- no sigues un poco más? ¿por qué no probamos la experiencia de hacer un blog? De todos modos no tenía ninguna presión para continuar y había leído que el 98% de los blogs que se creaban acababan abandonados antes del finalizar el primer año así que pensé “¿Por que no?, voy a seguir y en cuanto me canse lo abandono y listos, total seré uno más de ese 98%”. Así que fue así sin darle importancia como empecé a realizar un post y luego otro y otro y así hasta el día de hoy con este mismo post ;-).

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Primer post del blog (cómo podéis ver he cumplido lo que escribí en él ;-))

Sorprendentemente para mí, el blog me iba motivando cada día un poco más y las visitas no dejaban de crecer así que lo que comenzó como algo totalmente casual se fue convirtiendo en un hábito que forma parte de mi día a día. Cuando me di cuenta de que la cosa no iba a ser flor de un día y que hacía visos de ser algo duradero me auto-impuse la disciplina de hacer un mínimo de 4 posts al mes y he de decir que durante todos estos años he conseguido cumplir ese objetivo casi al 100% con algunos pocos meses donde el nivel excepcional de trabajo o compromisos no me ha permitido mantener ese mínimo.

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Post que realicé durante el webminar de Contribute

Me consta que el blog ha sido una herramienta útil para mucho usuarios e incluso yo mismo lo utilizo en numerosas ocasiones para consultar información que no recordaba. Eso es algo de lo que estoy especialmente satisfecho y orgulloso de este blog. Al principio las visitas crecían hasta estabilizarse en las 200 visitas diarias de media. Desde 2014 he notado una bajada gradual en las visitas impactado en gran medida por la explosión de las redes sociales. Actualmente recibo una media de 140 visitas diarias. Como podéis comprobar Uklaworld nunca ha sido un blog con visitas masivas pero si que tiene muchos seguidores fieles de hace años y también me consta que se puede encontrar información útil o curiosa para un perfil muy concreto de visitante relacionado con el diseño y la tecnología.

¿Cuánto tiempo más continuaré con el blog? Pues no lo sabía al comenzar y no lo se aún. De momento tengo la intención firme de seguir con él y así lo haré mientras me siga motivando.

…Por cierto, Contribute de discontinuó a los pocos años ;-).

Mis tres ciudades

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Hay muchos sitios en el mundo que me gustan y aún son más los que me gustaría descubrir y que estoy seguro que también me encantarían, pero hay tres ciudades en el mundo que han marcado mi vida y la siguen marcando mucho. Esta ciudades son Barcelona, Madrid y Lisboa.

No quiero decir que no hayan lugares más bellos del mundo ni siquiera considero que tengan que ser los lugares más bonitos que he visitado, pero son tres ciudades que forman parte indivisible de mi biografía aunque no he tenido residencia en ninguna de ellas. No obstante que no haya tenido residencia en ellas (ese honor se lo llevan primero Santa Coloma de Gramanet y luego Montcada i Reixac) no quiere decir que no haya vivido en ellas, de hecho gran parte de mi vida ha transcurrido en ellas; esto quiere decir que he sido feliz en ellas, he paseado, he trabajado, me he emocionado, he disfrutado, he sufrido, he crecido, he reído y he llorado en ellas. Porque al final la vida se mide en horas y en la intensidad de éstas y son muchas y muy intensas las horas que he pasado en estas tres grandes urbes.

Aunque amo a las tres con todas mis fuerzas la relación con ellas siempre ha sido distinta de la misma forma que no amamos de la misma manera a una madre, a un/a amigo/a o a un/a hermano/o. Cada una me ha conquistado de forma distinta. He aquí un breve resumen.

Barcelona

Es la ciudad en la que nací y a la que considero que pertenezco (en el sentido literal, yo le pertenezco a Barcelona). Mi amor por esta ciudad ya viene de nacimiento, jamás me he planteado mi vínculo con ella. Lo doy más que por hecho no sólo porqué fue el lugar al que llegué al mundo sino porque ya desde que tengo memoria siento ese hilo umbilical que me une a mi ciudad para siempre.

Barcelona es una ciudad auténtica en el sentido más pleno de la palabra y aunque me entristece reconocer que la presión turística de los últimos tiempos le ha hecho perder parte de esa autenticidad en favor de una cultura especulativa de cartón piedra, cuando tienes tantas toneladas de magia como tiene la ciudad condal, puedes permitirte el lujo perder parte de esta autenticidad y seguir conservando ese hechizo que atrae a tantas personas de todo el mundo.

A mucha gente de todas partes del planeta les fascina Barcelona y lo entiendo. Barcelona es una ciudad esotérica llena de misterios que pasan desapercibidos a la parte racional y consciente de la mayoría de vecinos y visitantes pero que es captada por la sensibilidad inconsciente que hay en cada ser humano, de ahí que muchos sientan esa atracción por esta ciudad sin saber muy bien porqué. Por supuesto es algo que se intensifica conforme inviertes más tiempo recorriendo sus calles.

A mi me encanta dar largos paseos por Barcelona, es una de mis actividades favoritas y en las que invertiría gran parte de mis horas libres si no tuviera que atender otras obligaciones. Simplemente soy feliz atravesando sus aceras en silencio y dejándome impregnar por su hechizo.

Madrid

Mi relación con Madrid es excelente. Es una ciudad por la que siento auténtica pasión, pero no siempre fue así. Las primeras veces que fui a Madrid sus dimensiones me abrumaron, todo me parecía enorme y desproporcionado hasta el punto  que durante mucho tiempo, erróneamente pensé que no me gustaba. Pero nada más lejos de la realidad, fue simplemente la impresión inicial como cuando pides el plato principal en un buen restaurante y te sacan un manjar de tamaño gigante y adornado con todo tipo de viandas y guarniciones, o cuando te presentan a una persona con una personalidad arrolladora. En ambos casos te sientes intimidado, piensas que no te lo vas a poder comer, en el caso del plato o que no vas a saber como relacionarte, en el caso de la persona.

Pero superado ese shock inicial, cuando empiezas a conocer más de cerca a esta ciudad infinita e intuyes todo lo que tiene que ofrecerte, empiezas a disfrutar de un modo que solamente Madrid te puede provocar. Madrid es de esas ciudades que seguiría sorprendiéndote aunque vivieras 1000 años. Aunque he estado cientos de veces siempre descubro nuevos mundos dentro de ella. Madrid es una ciudad que incluye a muchas otras en su interior y todas ellas increíbles.

Lisboa

Lo de Lisboa fue una auténtico amor a primera vista. En cuanto la visité por primera vez supe que estaría enamorado de ella de por vida. Y como todo buen flechazo que se precie, no sabría explicar que fue lo que me enamoró de ella, simplemente se produjo el milagro y la magia que aún hoy día me acompaña.

Lisboa emana una magia tan intensa como la de Barcelona pero es aún más sutil. Te envuelve desde el primer segundo y esa luz tan especial que tiene se clava en tu percepción para siempre. Mi ánimo siempre se calma y se vuelve más melancólico y sensible cuando estoy allí. Aunque no fui por primera vez a Lisboa hasta que ya fui adulto tengo la sensación de haberla conocido de toda la vida cuando paseo por sus calles. Al igual que me ocurre con Barcelona y Madrid tengo la sensación de pertenecer allí, no me siento extraño. Me gusta pensar que aún cuando me haya retirado de la primera línea del trabajo profesional, siempre encontraré unos días al año para encontrarme de nuevo con mi amor que es Lisboa.

Como ya he comentado en alguna ocasión, considero que el ser se compone de tres grandes dimensiones complementarias, una parte física, un aparte mental y una parte emocional y que la mayor parte de aspectos de la vida tiene un equivalente con estas tres dimensiones. Pues bien en el caso de estas ciudades (al menos en su relación con m persona), Barcelona sería la parte física la que está directamente vinculada a mi cuerpo, como si ella y yo fuéramos uno. Madrid la parte mental, la que más tiene que ofrecerme como estimulación intelectual y Lisboa, sin duda la parte emocional la que me hace sentir en estado de perpetuo enamoramiento.

Imágenes de Moyan BrennFelipe GabaldónYann Coeuru

La manipulación

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Todos nosotros somos manipulables. Todos, no conozco ninguna excepción. Quizá no todos lo seamos en la misma medida pero el caso es que cada día somos manipulados por múltiples agentes; los medios de comunicación, la sociedad, los compañeros de trabajo o estudio, la familia e incluso por nosotros mismos.

No es nada nuevo, la voluntad de manipular y la capacidad de ser manipulado es tan antigua como el ser humano. La novedad en esta ocasión es que las tecnologías digitales unidas a la cultura publicitaria nacida en el siglo XX ha hecho que los niveles de manipulación a los que se ha llegado llegan a rozar niveles de paroxismo.

A casi nadie le gusta reconocer que es manipulado, quizá sea por el reconocimiento que ello lleva implícito de pérdida de voluntad individual y falta de control sobre nuestra propio yo que tanto nos asusta. Pero el caso es que todo el mundo manipula a todo el mundo. Manipulan las empresas comerciales a través de la publicidad para vender sus productos, manipulan las instituciones políticas a través de la propaganda, manipulan los empresarios, directores y líderes de equipo de trabajo a través de la autoridad que se les concede, manipulan las familias a través de los lazos emocionales que hay establecidos. Pero no olvidemos que en ese juego todos somos víctimas y verdugos. No hay ningún manipulado que no haya actuado a su vez como agente manipulador. Sí, tú también amigo/a lector/a, quizá no lo hayas hecho utilizando la elaborada maquinaria de marketing de una empresa, quizá ni siquiera lo hayas llegado a hacer de forma totalmente consciente, pero que no te quepa duda de que nadie se escapa del impulso de manipular voluntades ajenas en beneficio de la propia o de la de alguien que a su vez nos está manipulando a nosotros.

Pienso que dentro de este contexto el reto no es pretender no ser manipulado por nadie, ya que esto no tendría mucho sentido, sino intentar ser consciente del momento y del modo en el que estamos siendo manipulados. Esto no siempre va a ser posible desde luego, y tampoco el  hecho de ser conscientes nos garantiza que sea posible zafarse de dicha manipulación, pero al menos contribuye a elevar la confianza en nosotros mismos y otorga cierta sensación de libertad, pues en el instante en que eres plenamente consciente de estar siendo manipulado, puedes elegir entre seguir la corriente o hacer otra cosa. Como digo, no siempre es posible zafarse de ser manipulado (cómo cuando un superior nos presiona para que actuemos de tal o cual manera delante de un cliente específico bajo amenaza de perder el empleo) a veces ni siquiera es deseable (como cuándo estamos encantados y felices por comprar aquel producto que no necesitamos aún sabiendo que no lo haríamos si no hubiéramos visto tal spot publicitario) pero en muchas ocasiones sí.

Desafortunadamente las técnicas de marketing y manipulación social han llegado a tal punto de sofisticación que esta tarea se convierte cada vez más en una heroicidad. No hace falta más que entrar un día cualquiera a las redes sociales para ver hasta que punto la opinión de una cantidad muy importante de la población se moldea con la facilidad de la plastilina. Ni siquiera es necesario presentar argumentos, de hecho es hasta contraproducente, basta con colocar de forma acertada la soflama de turno, mientras más histriónica mejor, y tendrás a un montón de gente diciendo lo que quieres oir.

Una vez más esto no es nuevo, se viene practicando desde hace siglos, pero insisto; las nuevas tecnologías han refinado la forma de adivinar las reacciones del individuo (y por lo tanto predecir su respuesta) hasta un nivel que realmente asusta.

En los últimos años he tenido la oportunidad de estudiar de cerca las herramientas de digital marketing que la compañía en la que trabajo comercializa en el mercado. Es literalmente, inquietante comprobar como a un algoritmo le bastan unos segundos de interacción con un usuario para adivinar con un margen de error ridículo el perfil de población al que pertenece esa persona y predecir que información le debe ser presentada delante de sus ojos para provocar la acción deseada por el dueño de la web. El nivel de efectividad es tan asombroso que es casi imposible no sentir escalofríos cuando observas como funciona.

Así que si estas mismas tecnologías se aplican desde las instituciones (y no os quepa duda de que se aplican), no es de es extrañar que la población pueda ser moldeada a imagen del poder que en ese momento haya jugado mejor sus cartas.

Lo más trágico de este asunto es que este tipo de manipulación también se ejerce desde organizaciones criminales para detectar en las redes sociales a los individuos más débiles y que, por tanto, pueden ser re-programados con mayor facilidad en base a un adoctrinamiento escrupulosamente diseñado para obtener el “autómata-humano” que se comporte como se espera hasta el punto de llegar a cometer atrocidades.

Insisto, nadie estamos libres de ser víctimas de este u otros tipos de manipulación digital. Si esto es algo que no te gusta, estas son algunas medidas que puedes tomar para intentar minimizar el impacto de dicha manipulación.

  • Primero deberías ser capaz de darte cuenta de que estás siendo manipulado y segundo tener suficiente honestidad con uno mismo para ver si esto te importa o no. Cuando adquieres algún producto nunca está de más preguntarse que es lo que te ha impulsado a adquirirlo, ¿realmente lo deseas o  lo necesitas o simplemente estás obedeciendo un impulso espontáneo? Si es el segundo caso, rastrea de donde surge ese impulso interno, la mayoría de las veces descubrirás una fuente de seducción, persuasión o manipulación. Esto no es necesariamente malo, pero deberías decidir si te apetece seguir los dictados del publicista o comercial que ha diseñado ese mensaje de seducción para ti.
  • Se totalmente crítico contigo mismo/a y no caigas en el auto-engaño. Tendemos a buscar razones hasta debajo de las piedras para justificar nuestros impulsos y opiniones. Aprende a reconocer cuando un comportamiento u opinión propia es fruto de la reflexión o del impulso visceral causado por algún tipo de manipulación. Esto no quiere decir que no debas compartir las opiniones de otros o seguir sus consejos, pero analiza si realmente estás de acuerdo o te has dejado engatusar por un mensaje que dice lo que querías oir.
  • Cuando te llegue un mensaje que te “resuene” ya sea a través de su lectura o a través de algún medio audiovisual, acostúmbrate a no aceptarlo de buenas primeras y a tamizarlo. Primero intentando comprobar su veracidad en el caso de una noticia y a través de tu propio espíritu crítico cuando se trate de una opinión. También es bueno “ponerse en la piel del otro” en intentar comprender porque a alguien completamente distinto a tu forma de pensar podría estar o no de acuerdo con esa opinión. A veces damos por buena una opinión no porque estemos de acuerdo con ella, sino porque el personaje que hemos inventado de nosotros mismos “debería” estar de acuerdo con ella. Eso ocurre cuando aceptamos a pies juntillas lo que dice el típico “formador/a de opinión” con el que normalmente estamos de acuerdo, tendemos a aceptar como bueno todo lo que sale de su boca. No lo hagas, que hayamos estado de acuerdo con él/ella un 1000.000 de veces no quiere decir que lo estemos la 1000.001. Antes de aceptar cualquier mensaje acostúmbrate a darle un par de vueltas en la sartén.
  • Comprueba si lo que piensas acerca de un tema es lo mismo que piensa la mayoría de individuos de tu grupo de influencia sobretodo si se trata de una idea o un mensaje nuevo que ha calado de forma rápida. La experiencia me dice que cuando esto es así hay una gran probabilidad de que en dicho mensaje haya un grado más o menos evidente de intención de manipulación por parte de alguien. Por supuesto esto no tiene porque ser siempre así, pero insisto, no des nada por hecho ni siquiera lo que parece más obvio.
  • Acostúmbrate a ejercer la trazabilidad de un mensaje, es decir es buscar su origen hacia atrás hasta llegar al punto donde con más probabilidad se gestó. Te sorprenderá la cantidad de ocasiones en la que el origen de ese mensaje o idea no es el que esperas o es incluso contradictorio con lo que se supone que expresa.

Enfín, como pedirte que hicieras caso a las recomendaciones de este artículo sería una contradicción en si misma, te pido que no te dejes manipular por él, que lo tomes como consideres conveniente y eso sí, espero que al menos lo hayas disfrutado. 😉

Imagen por: Typhanie en Morguefile

No se puede

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Al principio de mi carrera profesional trabajé en soporte técnico dentro del ámbito de la informática empresarial, tarea de la que nunca me he desligado del todo. Recuerdo como en aquella época los técnicos aprendíamos a desarrollar nuestro propio kit de supervivencia para poder mantenernos a flote en aquel panorama inhóspito rodeado de clientes cuyo nivel de exigencia sólo rivalizaba con su profunda ignorancia acerca de las tecnologías de la información.

Uno de los útiles más poderosos de ese kit de supervivencia eran los mantras, que explotaban dicha ignorancia a favor del técnico de turno. El catálogo de mantras era extenso y variado “Reinicie el ordenador”, “Esto es muy raro”, “Es normal que pase de vez en cuando”, “Formatee el disco duro”, pero sin duda, el más poderoso de todos era ese mantra que decía “no se puede“. Y es que era muy habitual que los clientes o los propios agentes comerciales de la empresa, pidieran cosas totalmente trasnochadas o completamente imposibles desde el punto de vista tecnológico apoyados en la osadía que les daba su completo desconocimiento de la materia. Ante eso, la mejor defensa del técnico antes de que las cosas llegaran demasiado lejos, era cortar la conversación por lo sano con un rotundo NO SE PUEDE.

Muchas veces, efectivamente no se podía o el precio para hacerlo posible era inaceptable, pero poco a poco los técnicos le fuimos cogiendo gusto a la frase mágica y empezamos a emplearla también para casos que, no siendo estrictamente imposibles, sí eran extremadamente complejos de llevar a cabo. De ahí pasamos a utilizar el mantra simplemente para quitarnos de encima tareas que nos eran molestas y luego ya la cosa degeneró y muchas veces se invocaba la frase incluso antes de que el peticionario abriera la boca, como un sinónimo del “no me molestes”.  Pasó de ser un útil de supervivencia a una “commodittie”

Pero, cómo era de esperar, los clientes y los comerciales pronto se dieron cuenta de la trampa, sobretodo cuando veían que cosas que previamente eran “imposibles” acababan siendo perfectamente viables cuando se ejercía la suficiente presión. Así que, poco a poco empezaron a no aceptar un “no se puede” como respuesta. Y es aquí donde surge el problema, pues la ignorancia del medio informático por parte de los no técnicos seguía siendo exactamente la misma pero ahora su arrogancia era muchísimo mayor. Podían pedir una nimiedad o podían exigir una obra faraónica o reclamar directamente la realización de un proyecto de ciencia ficción en unos plazos de tiempo estrafalarios, y ante la lógica respuesta del NO SE PUEDE soltaban una sonrisa picarona y decían “Venga!, seguro que tú puedes, lo quiero listo para mañana por la mañana”. Da igual que pidieran guardar todas las fotografías de alta resolución del archivo de la empresa en un floppy disk de 1,4 MB, enviar un e-mail sin conexión a Internet o recuperar la información de un disco duro aplastado por una apisonadora, siempre daban por hecho que tu respuesta de “no se puede” no era más que un intento de escaquearte.

Evidentemente que no todos los técnicos eramos unos jetas. La mayoría de nosotros eramos honrados y cuando decíamos “No se puede” era porque verdaderamente era imposible o tan costoso que no valía la pena ni considerarlo. Pero el mal ya estaba hecho, habíamos pagado justo por pecadores y los técnicos caraduras nos habían condenado a todos.   Por aquellos entonces cuando intentabas razonar y explicar porque no era factible lo que te pedían, solían soltar el contramantra  “Pues en tal o cual sitio lo han hecho” que fuera verdad o no era lo de menos, lo importante era meter presión y lanzarle el mensaje al experto “no me chupo el dedo no intentes escaquearte“.

Y así hasta el día de hoy. Imaginaos,.. si ya era difícil sobrevivir en aquel ambiente ahora con la nube, el avance en las comunicaciones y un montón de gurús pregonando a los cuatro vientos que “todo es posible”  la vida de técnico se ha hecho más inhóspita que nunca.

¡Qué paséis un buen día! 😉

Imagen: Creative Commons, Cliff Cooper

+Humans. El futuro de nuestra especie

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El otro día tuve la oportunidad de asistir a una exposición sumamanet interesante. Se trata de +Humans, el futur de la nostra espècie en el CCCB. y recomiendo encarecidamente su visita a todos los que estos días estéis cerca de Barcelona.

No es ningún secreto que el transhumanismo es un tema que me interesa sobremanera, pero aunque no sea vuestro caso, pienso que es una exposición que vale la pena visitar. No se trata de una exposición cómoda ya que nos plantea muchos interrogantes inquietantes que sin duda se irán haciendo más evidentes conforme las tecnologías en distintos campos de la medicina, la biónica o las comunicaciones vayan avanzando y haciendo posible algunas de las propuestas que pueden verse (e incluso probarse) en esta exposición. ¿Es la inmortalidad los nuevos 40?, ¿Se poddrán “imprimir” órganos?, ¿qué pasará cuando convivan seis generaciones al mismo tiempo? ¿Somos todavía humanos o ya somos ciborgs? Estas son sola algunas de las preguntas que se plantean. Muy recomendable, no apta para mentes perezosas ni para amantes de la comodidad.

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