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Hacia el transhumanismo

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El transhumanismo es un tema que me interesa y me fascina en muchas de sus implicaciones.

De forma resumida diré que me refiero a la variante de transhumanismo que define Ray Kurzweil. Él comenta que la evolución de la especie humana será la de fusionar progresivamente nuestra parte biológica  con una parte tecnológica no-biológica. Al principio esa fusión será muy tenue pero poco a poco nuestra parte no-biológica irá ganando terreno hasta que llegue un punto en el que -en una primera etapa- la parte tecnológica supere a la parte biológica y finalmente la consuma total o casi totalmente pasando a ser una humanidad 99,9% tecnológica y compuesta de algoritmos informáticos en lugar de vísceras ( Insisto en que esto es una descripción rápida y simplificada, podéis leer La singularidad está cerca de Ray Kurzweil para tener una imagen completa de las implicaciones de esta hipótesis).

Cuando comento este hecho entre mis amistades y conocidos la reacción más habitual es de rechazo, incredulidad y escepticismo. “Eso nunca va a ocurrir” dicen sin darse cuenta de que eso ya está ocurriendo. La transformación de la humanidad en una especia no biológica ya ha empezado.

Para comenzar, como ya he comentado en alguna ocasión, parte de nuestras vidas, alegrías y tribulaciones no ocurren en el espacio físico sino en el espacio virtual de las redes; esa buena noticia que te llega por whatsapp y que te arregla el día o esa crítica a una foto en Instagram que consigue ensombrecerte el estado de ánimo y que hace que busques en tu agenda un hueco para mejorar esa selfie que restaurará tu auto-estima. Ese número creciente o decreciente de seguidores que modula tu humor como si de un dial se tratara o el “tercer ojo” tecnológico que arrastramos a cualquier evento o lugar especial al que acudimos -la cámara de nuestro Smartphone- y que nos ha acostumbrado a ver un paisaje, una actuación o un concierto a través de la pantalla del dispositivo. Es como si los dos ojos originales, los biológicos, hubieran cedido su pleitesía al recién llegado ojo electrónico y aceptaran ver la realidad filtrada por éste último. El porcentaje de realidad que consumimos a través de pantallas es cada vez mayor. Por otro lado cada vez son más habituales las apps de nuestros móviles o “Smart watches” que nos aconsejan cuando tenemos que levantarnos de la silla, hacer ejercicio, ir yendo hacia el aula o la sala de reunión o incluso cuando deberíamos ir a dormir. Manejando nuestros vehículos o incluso caminando a pie una voz sintética nos dice hacia donde tenemos que girar o que calle debemos tomar. Y por supuesto lo de memorizar (lo que sea: un número de teléfono, una dirección, una fecha de un evento, la capital de un país) es algo anacrónico. Ahí está nuestro aparatito que lo sabe todo y se acuerda de toda esa información innecesaria de aprender listo para avisarnos con un timbre de alarma o con una cálida voz femenina (¿por qué casi siempre femenina?) cuando nuestra atención sea necesaria.

Las mismas personas que abominan de la idea de perder su humanidad biológica son las que gustosamente están delegando su memoria, su sentido de la orientación e incluso su gestión de las emociones a un sistema electrónico. ¿Aún pensáis que la trans-humanización es algo por llegar?

Claro que esto son sólo los primeros pasos de una proto-transhumanización, el siguiente paso es la “personalización” que avanza a pasos agigantados. Cómo ya expliqué en el artículo El libro que nos lee a nosotros, hemos pasado de “leer” las pantallas a que las pantallas nos “lean” a nosotros. En mi actual trabajo en Adobe puedo ver claramente como el tema de la personalización de los mensajes que las empresas lanzan a sus clientes a través de los distintos canales de difusión es el principal motivo de preocupación de los departamentos de comunicación. Se acabó el “café para todos”, se acabó el diseñar una página web única que represente a la empresa o crear una creatividad para todo el mundo. Cada cliente verá en su pantalla el mensaje que se adecúe a él/ella en base a su perfil. Hasta ahora este proceso de personalización se ha venido realizando de forma semi-manual, definiendo perfiles de usuario a través de la información proporcionada por sistemas de DMP por ejemplo, y asignando unos mensajes a esos perfiles. Estos métodos de personalización son algo toscos y por eso están siendo sustituidos por algoritmos de inteligencia artificial y machine learning que aprende los hábitos de un usuario específico en base a sus patrones de comportamiento y permite llegar a unos niveles de personalización muy concisos.

Esto es algo que ya viene haciéndose de forma regular de un tiempo a esta parte por empresas como Facebook o Amazon y que rápidamente se va extendiendo al resto de. En Facebook, Instagram o incluso Twitter hace ya tiempo que dejamos de ver los posts de forma secuencial. El algoritmo de turno sabe que tipo de información es más compatible con nuestra personalidad, se lo hemos ido enseñando con nuestros “me gusta” con nuestros comentarios, con nuestros gestos de zoom en las fotos y hasta con el lugar donde (y el tiempo que) nos deteníamos a ver tal o cual contenido y nos enseña las fotos, los mensajes o los posts en ese orden fabricado exclusivamente para nosotros. En Amazon hasta nuestro último gesto (tanto en la propia web de Amazon como en las llamadas “third parties”) es analizado para ofrecernos aquello que nos va a gustar.

Seguro que a muchos de vosotros ya os es familiar  esa sensación de entrar a Internet y encontrarnos con una noticia o una comunicación comercial ofreciéndonos ese producto, servicio o lugar  del que hemos estado conversando con nuestras amistades o incluso sobre el que estábamos pensando minutos u horas antes. ¿Cómo? ¿Los algoritmos puede leer la mente o escuchar las conversaciones con nuestros amigos? No, los algoritmos no pueden (todavía) leer la mente de forma directa y -en principio- tampoco pueden escuchar las conversaciones que tenemos con amigos (aunque de esto último no estaría totalmente seguro) pero lo que sí pueden hacer mucho mejor que nosotros es no pasar por alto pequeños gestos inconscientes que pasan totalmente inadvertidos a nuestra mente consciente. Esa visita, casual que haces en internet, ese foco mantenido sobre un impacto comercial en una web o red social, ese clic perdido, ese “me gusta” peregrino, esa búsqueda que has hecho de la que ya ni te acuerdas… todo eso va dejando huellas que los algoritmos siguen con una pericia brutal y acaban sabiendo lo que quieres antes que tú mismo.

Hay que tener en cuenta que estamos, como he dicho, aún en una fase pre-histórica. No obstante, no está lejos el día en que necesitemos la ayuda de un “asistente” para desarrollar muchas de las actividades de nuestra vida diaria. Son muchos los conocidos que me confiesan las dificultades crecientes que tienen últimamente para poder atender los correos electrónicos o los mensajes sin leer de los muchos grupos de Whatsapp en los que están involucrados. La mayoría de nosotros hemos pasado de recibir una docena de mensajes al día y de pertenecer a un puñado de grupos a recibir cientos de mensajes diarios y pertenecer a un número incontable de grupos.   La táctica actual es dejar cada vez más mensajes desatendidos, pero esto genera la ansiedad de estar perdiendo mensajes que quizás sean importantes. Pues bien, este problema un algoritmo que nos conozca lo podrá solucionar muy bien. Ese algoritmo, al que iremos enseñando sin esfuerzo con nuestros patrones de comportamiento, será como un segundo “yo” que sabrá tan bien (o mejor) que nosotros que es lo que nos gusta y nos interesa. La diferencia es que ese algoritmo será muchísimo más rápido que nosotros y analizará en segundos los millones de correos y mensajes de whatsapp diarios que para esos entonces estaremos recibiendo y nos seleccionará los 25, 50 o 100 que considere que merecen de nuestra atención y que por otra parte serán los máximos que podremos abarcar con nuestras limitaciones biológicas.

Claro que llegará el momento que incluso los mensajes que precisen de una respuesta por nuestra parte también se contarán por miles. No hay problema, por aquellos entonces nuestro asistente personal nos conocerá tan bien que podrá responder mensajes por nosotros de una forma tan realista que ni siquiera nuestros más allegados podrán adivinar quien está respondiendo realmente al mensaje. Probablemente llegará un punto en que se establezcan miles de conversaciones entre algoritmos y sólo una parte muy reducida será entre algoritmo y humano o entre humano y humano.

Nuestro asistente se comunicará con nosotros para decirnos algo así como. “Ya te he comprado las entradas para ver una película que se que te encantará. Tenías una cita con el dentista a la misma hora pero no te preocupes, ya la he cambiado para el martes siguiente que sólo tenías la cita con Paula pero te he liberado de acudir poniendo una buena excusa, de todos modos se que no te apetecía mucho ir”. Y tú estarás encantado/a de ver como te han planeado la agenda de toda la semana de una forma genial sin tener que dedicar ningún esfuerzo ni tan siquiera a pensar en ello.

Hasta que punto llegará la delegación de estas tareas a nuestra parte no orgánica y con que complacencia lo aceptaremos es algo que sólo estamos empezando a ver. Podríamos pensar que dicho fenómeno es fantástico si nos libra de realizar todas las tareas tediosas y nos libera de tomar decisiones incomodas. Sobre el papel así podría parecer si damos por hecho que los algoritmos serán perfectos, pero ¿estamos seguros de ello? ¿el diseño de tales algoritmos responde realmente a nuestros propios intereses, tal y cómo nos aseguran, o a los intereses de quien diseña el algoritmo? ¿Servirán apara ayudarnos o para que nosotros ayudemos a los dueños de los algoritmos tal y como ocurre hoy día donde a precio de saldo les cedemos nuestros valiosa información personal a cambio de -en comparación- baratijas tecnológicas?

Mi hipótesis personal es que bajo esa tendencia creciente de personas y empresas a delegar responsabilidades a los algoritmos llegará un momento en que simplemente los algoritmos trabajen para los intereses de otros algoritmos y los humanos biológicos nos iremos quedando relegados a un rebaño de ovejas dirigidos por la nueva humanidad algorítmica. Un montón de zánganos improductivos en un mundo donde la gran mayoría de tareas mecánicas serán realizadas por máquinas y donde incluso las decisiones importantes serán tomadas por “humanos” artificiales. Especular a partir de ese punto es simplemente eso, especular pero parece que ya estará abierta la puerta para el “post-humanismo” donde la humanidad biológica será definitivamente trascendida de una forma tan implacable como suave y silenciosa. No se extinguirá la humanidad, solamente su soporte biológico. Probablemente el legado de la cultura y la historia humana pervivan pero bajo soportes que ahora ni siquiera somos capaces de imaginar.

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Tutorial: Creación de personajes andarines en Adobe Character Animator.

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Character Animator es una aplicación estupenda para la animación de personajes que ha ido evolucionando a través de sus diferentes entregas de una forma vertiginosa. A mi es una de las aplicaciones de CC que más me gusta y sólo lamento no poder dedicarle más tiempo. Hasta ahora en el canal solamente había incluido un vídeo de introducción básica de esta herramienta. Espero que este segundo vídeo sea solamente el primero de mucho más que le seguirán. En este tutorial explico como crear un personaje que camine en Adobe Character Animator partiendo de un documento de Photoshop. Espero que sea de vuestro interés …y que se entienda. Podéis descargar el puppet del ejemplo aquí https://adobe.ly/2FapDXy por si queréis echadle un vistazo a como está hecho.

Mi experiencia en el mundo del Stock

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Aunque me di de alta como contribuidor en webs como Fotolia hace años, lo cierto es que mi participación activa en el mundo del microstock comenzó en el año 2016.

Cuando digo participación activa en realidad me refiero a subir algo cada mes. Mi ocupación en Adobe no me permite dedicarle mucho tiempo a la creación de imágenes así que no puedo decir ni mucho menos que sea un stocker profesional pero si me gustaría compartir con vosotros mi experiencia en estos meses en los que voy colgando imágenes y vídeos con cierta regularidad.

Me decidí a dedicarme a la imagen de microstock después de acudir a una interesantísima charla de Víctor Torres en Madrid dentro de un evento de Foto España patrocinado por Adobe. Es casi imposible no contagiarse de la pasión de Víctor cuando habla del mundo del microstock y su dedicación a él.

Lo cierto es que en ninguna de las agencias de Microstock en las que participio tengo colecciones muy extensas. En Adobe Stock y Shutterstock que es donde más material cuelgo, tengo poco más de 400 imágenes en el momento de escribir estas líneas (en el resto aún tengo menos). Así que no esperéis consejos de un experto sino más bien las impresiones de un aficionado.

Aunque he colgado de todo, fotografías, ilustraciones, vídeos y vectores lo que más tengo a la venta son vectores que compondrán un 80% de mi portafolio de stock y que es también, por razones obvias, lo que más vendo. De hecho vídeos aún no he vendido ninguno (aunque también es de lo que menos tengo). Por eso los comentarios que siguen a continuación están centrado en este tipo de ficheros de microstock.

No voy a hablar ahora de los requerimientos técnicos y las características que deben tener los vectores de microstock porqué ya tenéis blogs como los de Jesús Sanz o  Beatriz Gascón que lo explican muy bien. Simplemente quiero compartir mi experiencia y me gustaría subrayar el hecho de que no es más que eso, mi experiencia en el mundo del microstock; ni pretendo sentar cátedra, ni pretendo que lo que aquí afirmo se pueda considerar como una consejo universal si quieres dedicarte a ganar dinero creando este tipo de dibujos. Si algo he aprendido durante este tiempo dedicándome al microstock es que no hay reglas universales y lo que a un autor le funciona a otro puede no hacerlo. El microstock no es una ciencia exacta y las agencias que aceptan o rechazan tus dibujos no parecen seguir unos criterios previsibles -fuera de las exigencias técnicas de los vectores- al menos esa ha sido mi experiencia. Así que, por favor, considerad este artículo como lo que es, la narración de una experiencia personal que en ningún momento intenta ser una guía a seguir.

Si me pongo tan pesado en este punto es que al principio intenté seguir los consejos de varios blogs y foros de microstock en lo referente a los temas y los estilos de las imágenes y lo cierto es que no me funcionó casi ninguno de ellos (y los que lo hicieron intuyo que fue más por casualidad que por una razón fundada). Simplemente me da la impresión que la mayoría de “stockers” tiende a universalizar su caso particular. Por ejemplo, venden  tres imágenes de iconos de flechas en en la misma semana y piensan “jo**r, que bien se venden las imágenes de flechas” cuando a lo mejor simplemente lo que ha ocurrido es que esa semana ha dado la casualidad que alguien necesitaba imágenes de flechas y ha comprado las tres después de probar con varias (el precio de las imágenes de vectores no es muy elevado) o mejor aún han sido puro y duro azar (más abajo cuento un caso relacionado con esto)

El caso de los pájaros y el jabón

Un sesgo cognitivo muy habitual cuando te dedicas a crear vectores para stock es pensar que esa ilustración elaborada en la que has invertido mucho tiempo e ilusión -para conseguir un resultado de calidad- se va a vender como churros mientras que hay imágenes que cuelgas simplemente por probar y sin mucha confianza que luego te sorprenden.

Eso fue lo que me pasó con la siguiente ilustración.

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A esta ilustración le dediqué tiempo para que luciera lustrosa. Me parecía una imagen simpática que podía utilizarse para multitud de aplicaciones relacionadas con la música o la radio. Pensaba que la apariencia de volumen de los personajes y del aparato estaba bien conseguida y que el estilo divertido triunfaría. Pues bien, a nadie parece importarle lo más mínimo esta imagen. Sólo la he vendido una vez.

Con la siguiente ilustración sin embargo pasó lo contrario.

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Esta pastilla de jabón la realicé en apenas unos minutos. La hice principalmente para comprobar si eran ciertas varias advertencias que escribían muchos stockers acerca del uso de transparencias en stock que era algo que las agencias de microstock rechazaban sin miramientos etc. Así que puse transparencias en las burbujas y probé suerte. Resultó que lo que decían esos stockers era falso (quizá fuera verdad en el momento que ellos lo intentaron) La imagen fue aceptada sin problemas igual que muchas otras imágenes que he colgado luego llenitas de transparencias. El caso es que una vez cumplido su cometido de “sonda” no esperaba mucho más de este vector y ahí lo dejé sin muchas esperanzas puestas en él. Cual fue mi sorpresa al comprobar que se vendía estupendamente. A pesar de ser un dibujo super sencillo se ha vendido docenas de veces y está dentro de mi colección de superventas. ¿Por qué? pues aún no tengo ni idea, pero es así. La sorpresa es mayor cuando compruebas que se ha vendido en lugares del mundo totalmente dispares y sin relación aparente entre ellos.

Contar una historia

En mi experiencia personal si he podido comprobar una de las pocas reglas en las que coinciden tanto muchos artistas del microstock como las propias agencias. Una imagen es mucho más interesante cuando cuenta una historia. No obstante no basta con contar una historia, hace falta que la historia que cuenta sea interesante para el público potencial, que éste se pueda identificar con la realidad del entorno del cliente. Este fue el caso de este conjunto de imágenes que también forman parte de mis ilustraciones más vendidas.

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Simplemente ilustré de forma gráfica una idea que fue muy popular entre algunos economistas durante la gran recesión; la idea de lanzar billetes desde un helicóptero sobre la población como forma de parar la deflacción de la economía y estimular el consumo.

Hice la versión con las principales divisas. Esta colección de ilustraciones fue un éxito desde el primer día y aún hoy se siguen vendiendo con cierta frecuencia. La versión del yen fue la más popular pero seguida muy de cerca por las otras tres. El cerdito hucha también está a la venta como pieza suelta, pero se pierde en el océano de miles de dibujos de cerditos hucha que hay en stock y creo recordar que tan sólo lo he vendido una vez o ni siquiera eso. El cerdito es el mismo pero lógicamente la historia que hay detrás es lo que cuenta a la hora de convertirla en una imagen más comercial.

La poca fortuna de las predicciones.

Cuando envié las imágenes anteriores intuí que iban a tener éxito y lo cierto es que tuvieron incluso mucho más éxito del que me imaginaba, pero esto es la excepción. Por lo general soy horrible haciendo predicciones acerca de la acogida de una imagen.  Dibujos que pienso que van a arrasar apenas tienen impacto y otros en los que no deposito ninguna esperanza acaban convirtiéndose en superventas, como en el caso de los pájaros y el jabón. En mi caso he comprobado que la complejidad de una ilustración no tiene una relación directa con sus ventas. Hay ilustraciones complejas que se venden mucho y otras nada del mismo modo hay imágenes simples y minimalistas que tienen mucho éxito y otras a las que nadie presta su atención . De hecho no sabría deciros un patrón típico de un superventas. Las agencias de stock suelen publicar cada cierto tiempo sus tendencias basándose en sus cifras de venta y recomendando el tipo de imágenes que pueden tener más éxito, pero la experiencia me dice que ocurre como en el mundo financiero donde “rentabilidades pasadas no aseguran rentabilidades futuras” en mi caso particular siempre que he intentado seguir una moda de stock particular, las imágenes resultantes siempre se han quedado entre las menos vendidas de mi portafolio. Otros “stockers” sin embargo aseguran que este procedimiento les funciona.

Respecto a lo de la predictibilidad os pongo el siguiente ejemplo.

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Colgué una imagen de Don Quijote, –la que veis a la izquierda–, y tuvo un éxito discreto así que (listo de mí) pensé “si hago una versión un poco más elaborada del ingenioso Hidalgo, lo petará” y fue así como cree la imagen de la derecha. Pues bien, de esta segunda versión no se ha vendido ni una sola copia mientras que la popularidad de la original de la izquierda ha ido aumentando con el tiempo. Un vez más no tengo explicaciones para ello.

El azar, siempre el azar.

En otras ocasiones simplemente no sabes que rayos ocurre para que, de repente, una imagen se vuelva popular y empiece a venderse después de tiempo en el olvido sin saber muy bien porqué. Es el caso de la siguiente imagen.

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Un día dibujé sobre una hoja de papel perdida un cerdo volador. Cuando acabé el boceto me pareció que podía ser divertido pasarlo a vector, así que me copié la imagen en Adobe Draw y de ahí la pasé a Adobe Illustrator.

Ya que la tenía hecha pues aproveché para ofrecerla en las diferentes agencias de stock en las que contribuyo pero sin ninguna expectativa de ventas ya que no es la típica imagen de stock. Me refiero, un director creativo no se despierta por la mañana pensando “tengo que buscar la imagen de un cerdo volador” así que no contaba demasiado con el éxito de esta imagen. Y efectivamente así fue, la imagen permaneció  días, semanas y meses sin generar ni una sola venta tal y como preveía pero de repente una semana se vendió 4 veces durante 2 días seguidos desde diferentes agencias de Stock donde la tengo a la venta. Lo primero que pensé es que había algún cliente que la había comprado más de una vez por error o quizá alguien la compró y algún estudio vecino de la competencia lo hizo también al “espiar” algún proyecto. Lo más sorprendente fue comprobar que había sido vendida en países distantes de continentes y culturas muy diferentes y sin relación aparente entre ellos ¿? También pensé que podía haber sido porque la imagen apareciera en alguna sección de “best sellers” del día, pero este argumento no me cuadraba con el hecho de que las cuatro ventas se habían realizado en distintas agencias de Stock. Durante las siguientes semanas se volvió a repetir alguna venta esporádica y luego volvió a caer en el olvido del que surgió y en el que permanece hasta el día de hoy. Esto que os he contado me ha pasado ya con varias imágenes. Imágenes que pasan mucho tiempo sin venderse y de golpe se venden varias veces en el espacio de muy poco días. Sinceramente es un tema que me intriga pues aún no le encuentro ninguna explicación aparte del puro azar.

La conclusión es que, por mi parte, no me atrevo a daros más consejos que el del trabajo duro ya que aquí si que no hay discusión. Para vender vectores tienes que crear vectores y para vender muchos vectores hay que crear muchos vectores. Este paso quizá no sea suficiente pero sí imprescindible, a partir de ahí puede ser (o no) una cuestión de tener un estilo que enganche, de tener un portafolio extenso, de saber adivinar que tipo de imágenes necesita la gente o de pura suerte. Lo cierto es que no lo se, simplemente tengo que deciros que a mi me encanta crear dibujos de Stock porque me encanta dibujar. Si fuera sólo por el dinero no lo haría pues en mi caso los ingresos son muy pequeños pero si que es muy agradable el chute de adrenalina que recibes cuanto te llega un mensaje o una notificación diciéndote “una imagen tuya ha sido vendida” 😉

Adobe adquiere Sayspring

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Adobe anunció ayer la adquisición de la empresa Sayspring basada en Nueva York.

Esta empresa ha desarrollado una tecnología de reconocimiento de voz que permite utilizar este medio para realizar todo tipo de interacciones con aplicaciones utilizando nuestras cuerda vocales en lugar de nuestros dedos sobre un teclado o una superficie touch.

“La forma como interactuamos con nuestros dispositivos es un significante punto de inflexión”, dijo Abhay Parasnis, vice presidente ejecutivo y CTO. “Nos estamos moviendo más allá del teclado y el ratón e incluso más allá de la pantalla táctil para usar algo que todavía es más natural –nuestra voz– para interactuar con la tecnología. La voz está creciendo rápidamente y creemos firmemente que debe formar parte integrar del portafolio de soluciones de Adobe para seguir hacia adelante. Estamos muy ilusionados de ser bienvenidos en Adobe, y esperamos poner nuestra tecnología a trabajar para empoderar a más gente en la siguiente generación de creación de experiencias de voz”.

La empresa es muy joven, se fundó en 2017. La tecnología que han desarrollado permite diseñar aplicaciones de voz sin necesidad de código. Sin duda todo hacer prever que será una tecnología que aportará gran valor cuando se aplique de forma transversal al portafolio de Adobe.

Adobe Stock ahora también con plantillas y objetos 3D

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Ya hace algún tiempo que Adobe adquirió Fotolia, uno de los fondos de imágenes de stock más populares, y lo convirtió en Adobe Stock. Desde entonces hasta ahora este servicio no ha dejado de evolucionar. El último paso al respecto es la posibilidad de poder adquirir plantillas de Illustrator y Photoshop y Objetos 3d para utilizar en Adobe Dimensions.

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Las plantillas son archivos en formato .AIT o .PSDT que se abren en Illustrator o Photoshop respectivamente como documentos nuevos con todas sus capas intactas y listas para modificar y adaptarlas a las necesidades de nuestro proyecto. Las hay de todo tipo, las que permiten utilizar como base para flyers, catálogos, tarjetas etc, las que permiten elaborar mockups y prototipos para todo tipo de webs y aplicaciones interactivas o las que sirven como inicio para crear una ilustración o creatividad venciendo el desconcierto de la página en blanco. Muchas de estas plantillas incluyen elementos personalizables que permiten generar multitud de propuestas a partir de una diseño original. Realmente poder contar con este tipo de documentos va a facilitar mucho el trabajo a los profesionales creativos.

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Por otra parte se incluyen una buena colección de objetos y materiales listos para arrastrar de las bibliotecas creativas al lienzo de Adobe Dimensions. Esto facilita y simplifica al máximo la creación de escenas 3d de calidad aunque el modelado 3D no sea una de tus especialidades.

Sin duda estos añadidos hacen de Adobe Stock una oferta todavía más atractiva y  la convierte en un poderoso aliado de la gran mayoría de creadores gráficos. Teniendo en cuenta que los precios de subscripción además son bastante razonables pienso que vale la pena contemplar la posibilidad de ampliar la subscripción de CC con Adobe Stock si sois de los que necesita la ayuda de poder contar con material de archivo de forma instantánea en vuestros trabajos.

…Y por supuesto todo hace suponer que esto no es más que el principio y que en un futuro bastante cercano vamos a ver como se amplía el portafolio de ficheros disponibles en Adobe Stock.

El libro que nos lee a nosotros

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jppi

Hace unos años escribí un post donde comparaba las ventajas/inconvenientes del libro electrónico frente al libro de papel. Claro que entonces el libro electrónico era algo sensiblemente a lo que es hoy día.

La lectura de un artículo de prensa que hablaba de las reflexiones del pensador Byung Chul-Han (que recomiendo encarecidamente) me acabó de hacer evidente lo que ya hace tiempo que rumiaba. Las actuales tecnologías de analítica y personalización ha conseguido que actualmente más que leer un eBook lo que ocurre es que el eBook nos lee a nosotros tal y como expresa el pensador coreano en sus conclusiones.

Y es que, como muchos lectores de ebooks habrán experimentado, el lector de libros electrónicos (sea un lector como tal o sea un dispositivo móvil como tablet o smartphone) mientras estamos conectados a Internet va enviando constantemente a la red información acerca de nuestros hábitos de lectura que posteriormente serán procesados por un algoritmo que podrá utilizar esa información como considere.

Una de los ejemplos más evidentes son los subrayados compartidos; cuando leo un libro veo un fragmento subrayado pero no por mí, sino por uno o varios lectores que han leído el libro antes que yo. Hasta ahí ningún problema, al fin y al cabo a veces también agradecíamos encontrarnos con el subrayado previo de un libro en la biblioteca, otras veces nos molestaba pero sabíamos que eran riesgos asociados a los libros usados. El problema es que con el libro de papel si quería gozar de un libro sin subrayar y entregarme al descubrimiento bastaba con comprarme ese libro nuevo. Por otro lado puede no interesarme que otros vean o sepan lo que yo he subrayado. En eBook estas decisiones ya están tomadas de antemano, aunque lo compres nuevo, quizá exista la opción de desactivar estas opciones (sinceramente no me he parado a averiguarlo) pero por defecto está activado el subrayado compartido que además te informa de cuantas personas lo subrayaron antes contribuyendo así a la uniformidad de pensamiento.

Claro que este es el menor de los males, una queja quizá algo tiquismiquis pero por supuesto la cosa no acaba ahí.

En base a toda la información recogida el propio lector me sugerirá otras lecturas al finalizar el libro, se supone que relacionadas con mis gustos A priori esto no parece un inconveniente sino más bien una ventaja, pero ¿cuánto tiempo creéis que pasará antes de que el cachivache me interrumpa no al final de la lectura sino en cualquier punto (en el que el determine que estoy especialmente “tierno” para comprar) y me ofrezca no otra lectura sino cualquier otro producto que el algoritmo piense que encaja en mis hábitos de consumo ( y en el tamaño de mi billetera)? ¿Cuándo el hábito de la lectura solitaria, por definición algo intimo, se convertirá en una puerta abierta a la caja registradora de vendedores cibernéticos de todo pelaje?

Quizá sea un paranoico y todo esto no sean más que falsos temores influido, como estoy, por un ambiente rodeado de datos, métricas y algoritmos de marketing digital, pero la idea de tener entre mis manos un robot que analiza todo lo que hago (vaticino que llegará un día que incluso el movimiento ocular será rastreado para adivinar en que palabra nos posamos) mientras leo hace que vuelva a re-plantearme mi cariño por el viejo libro de papel.

Imagen: jppi – Morgue files

Bye, bye Muse

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Pues sí. Tras unos primeros años cosechando éxitos y haciendo las delicias de los diseñadores gráficos en la web Adobe Muse nos dice Adiós.

Recientemente Adobe ha anunciado que a finales de Marzo aparecerá la última release de Muse y que a partir de ese momento cesa el desarrollo de la aplicación. Se seguirá dando soporte sobre el software hasta 2019. Más allá de esa fecha se acabó, Muse correrá la suerte de otras aplicaciones como Edge Animate o Fireworks.

Ya estamos más que acostumbrados a este tipo de noticias en el mundo del software. La tecnología avanza cada vez más rápido y nichos de mercado que daban sentido a una herramienta desaparecen de la noche a la mañana o se transforma tan radicalmente que se vuelven irreconocibles. Pero ¿cuáles han sido las causas que han motivado a Adobe tomar esta decisión?

La respuesta la encontramos en la propia evolución en el entorno tecnológico. Adobe Muse se hizo pensando en los diseñadores gráficos, para que pudieran crear  webs de gran impacto visual y aprovechándose de los avances de las últimas prestaciones HTML sin tener que escribir ni una sola línea de programación y con la misma sensación de control y dominio que tenían diseñando publicaciones para papel. En su día -año 2010- esta aproximación tenía sentido pero hoy ha quedado totalmente desfasada. ¿Por qué?, porque por un lado existen webs que representan a marcas o empresas que necesitan altas prestaciones de gestión de contenido, un buen diseño UX y un nivel de desarrollo importante para poder ofrecer un rendimiento óptimo, una actualización constante e integración con múltiples tecnologías, sistemas de analítica, sistemas de personalización y servicios web. Estos complejos diseños requieren de la colaboración de equipos de diseño creando la capa de experiencia de usuario, -wireframes, mockups etc-, trabajando estrechamente con equipos de desarrollo para implementar todo el sistema tanto la parte front-end, la de presentación, como back-end, la de funcionalidad. Muse jamás fue concebido para la confección este tipo de portales que requieren, por un lado, de herramientas de UI-UX como Adobe XD y por otro de herramientas de desarrollo como Brackets y  de gestores de contenido como Adobe Experience Manager.

En el otro extremo están los particulares o las pequeñas empresas u organizaciones que simplemente necesitan una web atractiva para darse a conocer y promocionar su trabajo. En este caso lo que se busca es la posibilidad de crear algo impactante visualmente pero que no requiera de grandes equipos de creación ni de grandes inversiones de tiempo y dinero. En este sentido, de un tiempo a esta parte han aparecido en el mercado multitud de herramientas tipo “halo tú mismo” que, en apenas minutos y a través de la utilización de plantillas y asistentes permiten crear webs de aspecto profesional incluso a usuarios nóveles y sin conocimientos de diseño o programación. En Adobe existen varias herramientas que entrarían en esta categoría como Adobe Portfolio que permite crear webs de portafolio profesional para artistas y creadores o Adobe Spark que permite crear webs de storytelling de gran impacto.

Muse pues se quedaba en un territorio intermedio, clientes que no necesitaban grandes prestaciones de analítica o servicios web pero que no querían limitarse a las opciones restringidas de diseño que ofrecen las plantillas y querían tener más libertad de diseño. El problema es que este territorio se ha ido estrechando cada vez más hasta casi desaparecer. Por un lado las necesidades de las empresas que necesitan tener presencia en la web han ido aumentando a la vez que evolucionaban tecnologías de analítica y gestión de contenido accesibles económicamente a las más pequeñas como los niveles de entrada de Google Analytics o gestores como WordPress. Por otro lado tanto los asistentes de creación web de Adobe como los de otros fabricantes han ido aumentando considerablemente las opciones de personalización y los han vuelto más flexibles. Además hay que tener en cuenta como el auge de las redes sociales ha relativizado la importancia de la web corporativa de muchas organizaciones que se limitan a tener una web informativa en su mínima expresión e invierten mucho más tiempo en actualizar su presencia en dichas redes sociales.  La conclusión es que la plataforma de usuarios activos de Muse se ha reducido drásticamente en los últimos tiempos, hasta un punto en el que a Adobe no le merece la pena mantener los altos costes que supone tener en activo un equipo de desarrollo de producto con los estándares de calidad habituales de las aplicaciones de Creative Cloud.

No os ocultaré el sentimiento de tristeza que ello me produce pues pertenezco a los pocos fieles de esta aplicación -de hecho mi web personal a la hora de realizar este post www.tonilirio.com, está creada con Muse-. Pero incluso yo reconozco que en los últimos meses ni siquiera recuerdo haber abierto la aplicación más que de forma esporádica para hacer algún cambio sin trascendencia en la web y tampoco recuerdo cuando fue la última vez que la utilicé para realizar un proyecto completo aunque fuera pequeño.

Todo lo dicho no es óbice para seguir reconociendo todas las bondades de Muse como una herramienta de diseño fantástica incluso en el terreno de webs responsivas con las prestaciones añadidas en las últimas versiones. Nos queda el consuelo que todavía podremos utilizarla durante algún tiempo, pero no nos engañemos, es poco probable que la mayoría de nosotros lo haga de forma intensiva vistas las tendencias del mundo tecnológico, salvo, quizá, unos pocos incondicionales.

Enfín, el mundo del software es así. Todo se transforma de forma acelerada y estoy seguro que no será la última vez que veamos desaparecer viejas herramientas para ver el nacimiento de otras nuevas. De hecho siempre ha sido así, la diferencia quizá es que ahora los ciclos de vida de las aplicaciones que surgen es más corto en consonancia con los cambios tecnológicos. Tiene toda su lógica pero los que ya llevamos algunos años en este mundillo no podemos evitar sentir ese extraño tipo de melancolía cada vez que pasa a mejor vida una aplicación a la que habíamos llegado a cogerle cariño porque, de alguna manera, forma parte de nuestra historia personal.

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