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Pues sí. Tras unos primeros años cosechando éxitos y haciendo las delicias de los diseñadores gráficos en la web Adobe Muse nos dice Adiós.

Recientemente Adobe ha anunciado que a finales de Marzo aparecerá la última release de Muse y que a partir de ese momento cesa el desarrollo de la aplicación. Se seguirá dando soporte sobre el software hasta 2019. Más allá de esa fecha se acabó, Muse correrá la suerte de otras aplicaciones como Edge Animate o Fireworks.

Ya estamos más que acostumbrados a este tipo de noticias en el mundo del software. La tecnología avanza cada vez más rápido y nichos de mercado que daban sentido a una herramienta desaparecen de la noche a la mañana o se transforma tan radicalmente que se vuelven irreconocibles. Pero ¿cuáles han sido las causas que han motivado a Adobe tomar esta decisión?

La respuesta la encontramos en la propia evolución en el entorno tecnológico. Adobe Muse se hizo pensando en los diseñadores gráficos, para que pudieran crear  webs de gran impacto visual y aprovechándose de los avances de las últimas prestaciones HTML sin tener que escribir ni una sola línea de programación y con la misma sensación de control y dominio que tenían diseñando publicaciones para papel. En su día -año 2010- esta aproximación tenía sentido pero hoy ha quedado totalmente desfasada. ¿Por qué?, porque por un lado existen webs que representan a marcas o empresas que necesitan altas prestaciones de gestión de contenido, un buen diseño UX y un nivel de desarrollo importante para poder ofrecer un rendimiento óptimo, una actualización constante e integración con múltiples tecnologías, sistemas de analítica, sistemas de personalización y servicios web. Estos complejos diseños requieren de la colaboración de equipos de diseño creando la capa de experiencia de usuario, -wireframes, mockups etc-, trabajando estrechamente con equipos de desarrollo para implementar todo el sistema tanto la parte front-end, la de presentación, como back-end, la de funcionalidad. Muse jamás fue concebido para la confección este tipo de portales que requieren, por un lado, de herramientas de UI-UX como Adobe XD y por otro de herramientas de desarrollo como Brackets y  de gestores de contenido como Adobe Experience Manager.

En el otro extremo están los particulares o las pequeñas empresas u organizaciones que simplemente necesitan una web atractiva para darse a conocer y promocionar su trabajo. En este caso lo que se busca es la posibilidad de crear algo impactante visualmente pero que no requiera de grandes equipos de creación ni de grandes inversiones de tiempo y dinero. En este sentido, de un tiempo a esta parte han aparecido en el mercado multitud de herramientas tipo “halo tú mismo” que, en apenas minutos y a través de la utilización de plantillas y asistentes permiten crear webs de aspecto profesional incluso a usuarios nóveles y sin conocimientos de diseño o programación. En Adobe existen varias herramientas que entrarían en esta categoría como Adobe Portfolio que permite crear webs de portafolio profesional para artistas y creadores o Adobe Spark que permite crear webs de storytelling de gran impacto.

Muse pues se quedaba en un territorio intermedio, clientes que no necesitaban grandes prestaciones de analítica o servicios web pero que no querían limitarse a las opciones restringidas de diseño que ofrecen las plantillas y querían tener más libertad de diseño. El problema es que este territorio se ha ido estrechando cada vez más hasta casi desaparecer. Por un lado las necesidades de las empresas que necesitan tener presencia en la web han ido aumentando a la vez que evolucionaban tecnologías de analítica y gestión de contenido accesibles económicamente a las más pequeñas como los niveles de entrada de Google Analytics o gestores como WordPress. Por otro lado tanto los asistentes de creación web de Adobe como los de otros fabricantes han ido aumentando considerablemente las opciones de personalización y los han vuelto más flexibles. Además hay que tener en cuenta como el auge de las redes sociales ha relativizado la importancia de la web corporativa de muchas organizaciones que se limitan a tener una web informativa en su mínima expresión e invierten mucho más tiempo en actualizar su presencia en dichas redes sociales.  La conclusión es que la plataforma de usuarios activos de Muse se ha reducido drásticamente en los últimos tiempos, hasta un punto en el que a Adobe no le merece la pena mantener los altos costes que supone tener en activo un equipo de desarrollo de producto con los estándares de calidad habituales de las aplicaciones de Creative Cloud.

No os ocultaré el sentimiento de tristeza que ello me produce pues pertenezco a los pocos fieles de esta aplicación -de hecho mi web personal a la hora de realizar este post www.tonilirio.com, está creada con Muse-. Pero incluso yo reconozco que en los últimos meses ni siquiera recuerdo haber abierto la aplicación más que de forma esporádica para hacer algún cambio sin trascendencia en la web y tampoco recuerdo cuando fue la última vez que la utilicé para realizar un proyecto completo aunque fuera pequeño.

Todo lo dicho no es óbice para seguir reconociendo todas las bondades de Muse como una herramienta de diseño fantástica incluso en el terreno de webs responsivas con las prestaciones añadidas en las últimas versiones. Nos queda el consuelo que todavía podremos utilizarla durante algún tiempo, pero no nos engañemos, es poco probable que la mayoría de nosotros lo haga de forma intensiva vistas las tendencias del mundo tecnológico, salvo, quizá, unos pocos incondicionales.

Enfín, el mundo del software es así. Todo se transforma de forma acelerada y estoy seguro que no será la última vez que veamos desaparecer viejas herramientas para ver el nacimiento de otras nuevas. De hecho siempre ha sido así, la diferencia quizá es que ahora los ciclos de vida de las aplicaciones que surgen es más corto en consonancia con los cambios tecnológicos. Tiene toda su lógica pero los que ya llevamos algunos años en este mundillo no podemos evitar sentir ese extraño tipo de melancolía cada vez que pasa a mejor vida una aplicación a la que habíamos llegado a cogerle cariño porque, de alguna manera, forma parte de nuestra historia personal.

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